domingo, 18 de septiembre de 2011

Cuatro columnas de cieno (o de las tiendas de frutas)

Los patos y las palomas
y los cerdos y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones

Éste es el Nueva York de los años 30; éste es el Nueva York que ahogó a Lorca: lo ahogó, sí, pero hizo que despertara la faceta más crítica, más angustiosa, más furiosa, rabiosa, poética, surrealista, bella, dura, sangrienta, violenta, dolorosa, la faceta más desgarradora del poeta granadino –¿granadino? Yo ya diría universal. Éste el Nueva York que nos presenta la compañía Teatro Imaginario en la actuación que he ido a ver esta tarde al Teatro del Mercado de Zaragoza acompañada de muy buenos amigos.

¿Cómo representar al Lorca de la etapa neoyorquina? Es tan complicado y, al mismo tiempo, tan simple. Por un lado, esas imagenes deshumanizadas y esos versos macabros de niños muertos y perros y carbón y aristas y cieno. Pero por el otro, ese instinto tan puro, tan claro, tan directo, tan humano de criticar, de destruir para construir algo mejor, de hacernos llegar un mensaje a través de esa dureza de la que antes os hablaba porque la poesía de Lorca no es el infierno, es la tienda de frutas.

Teatro Imaginario hace un muy buen trabajo con tamaña obra: como ellos mismos explican, no pretenden hacer una obra de teatro cualquiera pero tampoco un recital ni un concierto. Quieren que Lorca llegue al público, y cómo no conseguirlo – al menos conmigo, porque es leer Lorca y estremecerme hasta la médula. Así que he de admitir que iba con gran disposición desde el principio – me han dicho que estaba tan nerviosa que daba botes, ya sabéis o deberíais saber que Federico es mi punto literario más débil – pero la adaptación de la compañía no ha dejado de sorprenderme: la música en directo hipnotizante, las columnas de humo bajo los focos de colores cambiantes, la increíble voz rasgada de Alfonso Desentre, los papeles rotos, las maletas ensangrentadas, los cigarrillos consumidos, las muñecas de porcelana. Y Lorca, Lorca, Lorca: su verso, su universo, su crítica afilada.

Diez poemas nos han representado; diez poemas llenos de magia: el Rey de Harlem, Nueva York: oficina y denuncia, Ciudad sin sueño, Asesinato, Fábula y Rueda de los tres amigos… Pero desde aquí os ruego encarecidamente que leáis todo Poeta en Nueva York porque no exagero cuando digo que encierra un mundo (o lo destruye). Además, aquí no estamos para ver el cielo ni para ordenar paisajes. Aquí estamos para denunciar. ¿Y si sois perezosos para leer? Las claves del cambio en siete sencillos pasos:

Así que desde aquí dar la enhorabuena al Teatro Imaginario por su producción y mi sincero agradecimento por ahondar en las críticas del poeta. Quiero decir, de El Poeta.

¡Saludos de una chica que mañana empieza Filología Hispánica y no puede esperar!

2 comentarios:

Guille dijo...

Me encanta la imagen de Nueva York de Lorca. Es impresionante. Duele. Enamora y duele. Poeta en Nueva York realmente es un grito contagioso. Y escucharlo en tonos de música western ligeramente ácida, manando de esa garganta rasgada lo hace aun más sobrecogedor. Pero, como tú dices, poder disfrutarlo en tan genial compañía lo hace, si cabe todavía, aun más mágico e increíble.

desentre dijo...

Gracias amiga