domingo, 10 de junio de 2012

Donde hay dos.

La vida es lo que tú tocas.
PEDRO SALINAS

Donde hay dos hay dolor y sin embargo
la vida sólo empieza donde hay dos.
LUIS ROSALES

La inexactitud de los rasgos tras la puerta, tras la cortinilla de abalorios que difumina su silueta, la ingenuidad que te invade al abrir la puerta y no esperar a quien de verdad estás esperando constantemente y, que al verla, no seas capaz de creerlo y por un momento hagas su silueta inexacta, su rostro desconocido, su mera existencia lejana. Y esos segundos en que esa persona no es esa persona, no todavía, porque el bus llegaba una hora más tarde, porque lo que ahora es real y concreto iba a ser de otra manera, entonces, en esos segundos en que esa persona no se ha definido aun, aunque esté esperando tus labios en el umbral de la puerta, en esos segundos es como si la volvieras a conocer, como si volvieras a encontrarla en el vacío verde de un domingo de junio y el reconocimiento repentino ya no es inexacto sino dulce, como dulce es la sorpresa en tu voz, dulce el recibimiento en tus brazos y en tu tarde amarilla de la que empiezan a huir las nubes. Pasar de lo abstracto a lo concreto en cuestión de latidos, lo abstracto de aquello que se esconde y puede ser cualquier cosa, un gato, una vida, una muerte, lo abstracto que no se espera y, repentinamente, sin ningún aviso, con el atrevimiento intrépido de lo temerario, se perfila escandalosa, ruidosa, inevitablemente, rompiendo con todo, con el devenir tranquilo y rutinario de las cosas, del bus que llega puntualmente, como hacen las cartas de caligrafía apresurada que se leen antes de ser depositadas en el buzón. De esta forma se perfilan los pies supuestos desesperadamente bajo unas bailarinas de irreal color carne, así aparece, perfecta, decidida, la piel tersa bajo los dedos que la buscan, el resquicio que separa el zapato del empeine jamás antes buscado, el avance de todo lo que puede ser después, cuando el piano calle y lleves a esos pies descalzos más allá de la carretera y de los vasos de leche con galletas. Lo abstracto que se desdibuja en el perfil indiscutible del despertar donde hay dos y no hay uno, el tacto irrecuperable, único, que lucha contra la negación y vence siempre, especificando el deseo en el cauce curvo de lo afirmativo, en la irremediable capitulación. Huir de lo posible, de lo irrealizable, y desembocar en lo preciso, lo delimitado, lo real, lo que, por otra parte, no podía ser de otra manera, como si el mundo fuese aquello que tú ideas, que tú realizas constantemente con la punta de tus dedos.

1 comentario:

Guillermo Blanco dijo...

Pero, Nata, recuerda que los sueños son proyectos de realidad que en realidad no funcionan! ;) Y para concreta tu!