domingo, 26 de mayo de 2013

Volar.


A veces quiero que seas lo que no eres y que me digas lo que tú nunca dirías. A veces se me olvida que no eres palabras ni cartas por escribir. A veces se quiero escuchar un “te quiero” aunque ya lo sepa o que abras los ojos cuando en realidad estás dormido. Muchas veces quiero buscarte donde sé que no vas a estar porque en el fondo sé qué estás en un lugar mucho más especial que las palabras, las cenas o los ramos de rosas. Estás en las zapatillas de estar por casa y en los juegos del ahorcado, en los papelitos que acumulamos en una hucha de vaca y en el monstruo de los smint que dice “te comeré a besos”. Y sí, estás en los besos en el cuello o en los ojos, o mis favoritos, los besos en el pelo, cuando estamos viendo Doctor Who y de repente, sin esperarlo, me besas en la raíz del pelo, o en la frente, sin yo haberlo deseado o pedido, solo porque te apetece, un acto automático, sin premeditación, como si fuera un bostezo, o un estornudo o mejor, un escalofrío, un beso en el pelo que llega de repente y se va en silencio. Estás en esos silencios que no necesitan de palabras, en la comodidad de un sofá estrecho o en las dos tazas de Nesquick que se calientan juntas en el microondas. Estás en los masajes en la espalda o en las sienes, en los abrazos, en el arroz a la cubana o en el zumo de naranja que me haces para simular que estamos desayunando juntos. Estás en esos números maravillosos: los casi cuarenta meses que llevamos juntos, los cuarenta y dos días que quedan para que nos vayamos a Italia o, mejor aun, los dos cursos que nos quedan para fugarnos definitivamente de aquí. Pero también estás en los segundos que quedan para que leas esto o en los días que corren para que llegue el jueves y me invites a unos churros, o las semanas que vuelan para que nos hagamos una foto con el Coliseo iluminado o demos un paseo en góndola. Estás en ese salto a la piscina del que te hablaba en la primera carta de nuestro primer aniversario, cuando te tiras de cabeza y quieres llegar hasta lo más hondo, sentir todo lo que nos queda por sentir, pero estás también en cada instante, microinstante, microuniverso que supone el salto en sí, todas y cada una las casillas del calendario que nos deparan sin duda algo maravilloso y algo eterno. Así que perdona si alguna vez me olvido que no estás en las palabras porque no eres en verdad palabra, eres carne y movimiento y ojos y labios – aunque seguiré fallando a veces y pretendiendo que escribas un comentario que me ilumine las horas que faltan para llegar a ti –; perdona si alguna vez olvido que tú eres la mayor sorpresa y el mejor regalo que he tenido, y que sigo teniendo y el que nunca dejará de soprenderme, porque cada día te desenvuelvo un poquito más y más y así irremediablemente me enamoro cada día un poquito más de ti. A veces me olvido de que no eres palabras sino vida y quizá algo mucho mejor: esos signos de puntuación que dan sentido al discurso estúpido y sin rumbo que sería mi vida sin ti, eres las comas que me dan aire, los paréntesis que me abrazan, los puntos y seguidos que me pierden en ti más y más. Eres las alas que obsesionaban a Leonardo – ese Leonardo que hoy te leía en voz alta mientras me hacías un café (o quizá, fantaseo, me observabas en silencio)–, las alas que liberan al hombre y lo hacen volar: eso eres tú, las alas de un pájaro que vuela muy alto y me arrastra hasta el azul más profundo del cielo, el azul más perfecto del mar. (quizá el de ese irish sea de una pequeña ciudad galesa que aun no conocemos porque, al fin y al cabo, eres todas las posibilidades recónditas, las invisibles, las irrealizables, eres la posibilidad eterna, porque te querré en todas las formas, en todas las potencias, en todos los idiomas, en todos los lugares y en todos los océanos del mundo)

3 comentarios:

Guillermo Blanco dijo...

Ave, Mosto! (Es un pájaro que se llama Mosto)

y, cie, tu eres las palabras que llenan mi cuaderno de garabatos.

Pero que sepas que de este tonto dormido que te besa el pelo, te come los pies y hace arroz sólo para una; a veces se escapan palabras, rosas y "te quieros para toda la vida"

Anónimo dijo...

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David dijo...

Todo lo relacionado con los vuelos me fascina y por eso disfruto de ir a distintos lugares, siempre en aviones. Hace poco fui a las mejores pistas de ski en chile y disfrute todo, desde que tome el primer avión hasta la vuelta