sábado, 8 de agosto de 2009

Síndrome post-London (I)

Sufro del síndrome post-London. ¿Síntomas? Simplemente uno. Una gran necesidad de regresar.

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Día I. De Henry a Winston

Sábado. Comenzamos nuestra aventura, tras un viernes de vuelo bastante insoportable.. Cogemos el metro, nuestro inseparable compañero londinense, y aparecemos delante del Big Ben (click-foto1) y de las Casas del Parlamento (2). Yo casi no puedo creérmelo. La visita a la abadía de Westminster (3) no es para menos. . Nos dejamos caer por la capilla de Henry VIII, más conocida como Lady Chapel, en la que están enterradas Isabel I y María de Escocia. Y luego llegamos al maravilloso Rincón de los Poetas, donde se esconden memoriales de muchísimos artistas británicos: Lewis Carrol, cuya placa reza en espiral "Is our life, then, but a dream?", Shakespeare, Jane Austen, las hermanas Brontë, Dickens... Salimos y el gríseo Londres nos dirige a los lindes de St. James's Park con la House Guards Parade (4) donde me fotografío con un guardia guapísimo -ñaña-. Nos dirigimos a las War Cabinets de Winston Churchill. Aquí descubrimos muchas curiosidades como que a Churchill le gustaba hacerse el sordo en algunas reuniones, que los teléfonos eran llamanos el coro de las bellezas o que su plato favorito era la ternera Wellington (5). Llegamos a Trafalgar Square y visitamos St.Martin-in-the-fields. Tras un ratito en Convent Garden, el agotamiento ya nos puede y no tardamos mucho en volver al hotel.

Día II: Go to it!

Iniciamos el día con un buen madrugón para llegar a tiempo al cambio de guardia en el Buckingham Palace, pero al llegar nos enteramos de que no hay. Sin embargo, no hay problema, porque el día es radiante y tanto el Buckingham Palace como el Victoria Monument (1) están muy favorecidos para las fotos. Paseamos por St. James's Park y cogemos el metro hasta el Imperial War Museum (2). El museo, al otro lado del Támesis, está repleto de tanques y aviones, e incluso algún submarino, aunque no amarillo. Hay, además, muchas exposiciones como la de la Guerra Secreta de los espías o la de Children's War, poco recomendable para gente sensible, queda comprobado. Con las trincherras interactivas - las Terrible Trenches (3) - incluso te diviertes, aunque una frase tatuada en la pared final te recuerda las horribles consecuencias de todo aquello: "So, did you survive to the terrible trenches? Over half a million British and German soldiers didn't". Dejamos el museo y, tras comer un perrito caliente, toca paseo por el margen izquierdo del Támesis (4). Por allí llegamos al Shakespeare Globe (5), teatro de inspiración tudor en el que se representan obras del dramaturgo. Cruzamos al otro lado del río por el Millenium Bridge cuando nuestras piernas no dan para más.


Día III: Do you like Ringo?

La semana comienza fuerte. El Madamme Tussauds, museo de cera mundialmente famoso, nos espera. O por lo menos eso dan a entendrer nuestros tickets de las 10h30. En metro viajamos hasta Baker Street y una estatua enorme de Sherlock Holmes nos dice que hemos llegado. Unos minutos de cola y ¡ya estamos dentro! Bueno, bueno, los famosos están realmente bien retratados. La memoria de nuestras cámaras se llenó aquel día, guardando fotos nuestras acompañados desde Oscar Wilde hasta Spiderman, pasando por supuesto por Johnny Depp -lalala- y los Beatles (1). Tras muchos flashes y también muchos gritos en la cámara de los horrores, nos ponemos en marcha para encontrar el mágico número 221 de Baker Street (2), más conocido por ser el piso del ficticio - pero casi tan palpable que eclipsó a su pobre creador - detective privado Sherlock Holmes. Hoy día, es un museo -quizá no tan famoso como otros pero realmente recomendable- en el que puedes encontrar el mínimo detalle de la vida del detective. Hicimos buenas migas con el guardia victoriano que guardaba la entrada del piso, pisamos el suelo de la habitación de Sherlock (3) así como el de Watson y los casos más famosos del detective desfilaron ante nuestros ojos. Y, ¡sorpresa! - o quizá no tanta; ya lo tenía planeado. Al ladito del museo está la Beatles London Store (4), donde no puedo resistirme a comprarme no una sino dos camisetas y un bonito poster. Junto a esta tienda está la de Elvis, donde encuentro un curioso cartel que reza Ringo Starr Road, cuya compra suscitó la frase del día. Comemos en Oxford Street y pasamos la tarde en Hyde Park (5). Cuando descubrimos que el London Eye está cerrado por razones no muy claras, cogemos un barquito que, a través del Támesis, nos lleva de vuelta al hotel.

¡Qué maravillosísima ciudad es Londres! Mañana continúo con la crónica.
Besos!
Nat

P.S. La sección de Lecturas se sigue actualizando ;)

1 comentario:

Carlaiel dijo...

Wowo, parece que hemos estado en los mismos sitios y casi no nos encontramos por casualidad :/

Madamme Taussaud's Rocks! =)