viernes, 21 de mayo de 2010

Al nivel del mar

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla a nivel del mar
y dejadla en la rivera,
llevadla a nivel del mar,
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
Rafael ALBERTI


El tiempo se le escapaba de las manos: goteaba entre sus dedos finos, derramándose en un charco azul plomizo a sus pies. Desgranaba los segundos como cuentas de un rosario, los minutos caían de las manecillas del anciano reloj, las horas se hundían hasta el fondo pedregoso, los días buceaban en las ondas plateadas, los meses se tornaban motas de polvo y los años caminaban arrastrando sus cadenas, una suerte de fantasmas que se resistían a marchar pero que al final siempre lo hacían. El tiempo envejecía, el tic-tac del reloj era cada vez más quejumbroso. El palpitar de sus engranajes era cada vez más leve.

Pero ella no crecía. Tampoco crecía él. Detenidos en algún lugar, perdidos en algún arañazo del mundo, alguna tara en el océano, algún callejón de una arteria, alguna hendidura en la piel. Podían seguir perdidos, podían encontrarse. Podían darse la mano, podían besarse. Podían hacer todo, podían no hacer nada, que el charco seguiría creciendo. Pronto sería laguna, pronto sería mar. Imparable, el tiempo seguiría fragmentándose. Podían seguirlo, o no hacerlo. Emprender un viaje por su cuenta. Aunque el tiempo pronto fuese mar. ¿Para qué herir más horas al reloj, si éstas se irían con los peces de los recuerdos y las algas del ayer? Era mejor superar esa rémora de lo relativo, de lo indeterminado. Era mejor encontrar un equilibrio. Era mejor nadar en el charco azul plomizo que hundirse en él.

Construyeron una pequeña balsa, con madera resistente y con velas blancas. Se balanceaba suavemente, jugando con las olas. El reloj seguía llorando segundos, minutos, horas, que alimentaban al mar. Los tiburones del tiempo amenazaban con alcanzarlos. Al final se rindieron, pues ellos se encontraban a salvo en su balsa, allí donde nada ni nadie llegaba. Una pequeña burbuja, un dulce limbo, en algún lunar del mundo. Desde allí contemplaron las canas del tiempo, su pulso bailante, sus arrugas profundas.

Su balsa, pequeño reducto, se balanceaba, solemne y grave. Sobre sus tablas de madera, sus existencias continuaban, pausadas, límpidas, claras, continuaban fluyendo, poco a poco, sin lastres, sin más hendiduras que las de sus labios, sin más callejones que los de sus cuerpos, sin más taras que las de su piel y sin más arañazos que los de sus uñas. Pero la madera se pudría y la vela blanca era mordida por el frío viento. El mar los atraparía y ahogaría. Una mirada bastó, preferían seguir juntos. Nadar. Aunque pronto todo fuese mar.

Una mañana de un día perdido, el tiempo murió. Y ellos le sobrevivieron. Y pudieron seguir perdidos, allí, en algún lugar, perdidos en algún arañazo del mundo, alguna tara en el océano, algún callejón de una arteria, alguna hendidura en la piel, donde nada ni nadie podía llegar.


_____

Dulce inspiración, pareces haber regresado a mí. ¿Puedo retenerte unos tic-tacs más?
Lorca nos pide que dejemos el balcón abierto, y Alberti que lo llevemos al mar. Yo os pido alguna opinión, que nunca está de más. ¡Gracias!

Y muchos besos
N

7 comentarios:

Ene Fluorescente dijo...

Que blog tan bonito el tuyo, me quedo en este rinconcito (:

Un beso

Gabrielle Dupré dijo...

No había leído a Alberti, ahora mismo lo leeré, es maravilloso, gracias por compartirnos algo nuevo para muchos de nosotros. Saludos desde México, ya pasé a tu segundo espacio, muy interesante, que talento!

Nubes de azúcar dijo...

Nosotras también estamos encantadas de que te hallas topado con nosotras y caer en picado contigo ;)
Un beso, ¡te seguimos!

light my fire dijo...

el tiempo siempre se nos va inconscientemente!

David dijo...

Creía que eras otra persona, hasta que vi el blog, y supe que no. He decidido quedarme, porque con este post ya me has cautivado. Gracias por darte a descubrir.

Espérame en Siberia dijo...

A veces me cuesta trabajo pensar que de verdad existe un mar como el de esa foto. Pero sé que debe estar en algún lado y eso me llena de mucha fe.

Miles de besos y enhorabuena por este texto. Qué gusto saber que también lees a Alberti :)

Gabrielle Dupré dijo...

Me han pegado el gusto por Alberti! Gracias, me han dado algo nuevo que aprender! Eso es muy valioso para mi, tan lejos y no las conozco, pero gracias a dios que esta semana pude aprender a la distanca, de gente culta e inteligente, algo nuevo y hermoso. Adelante, me quedo en este espacio!.