sábado, 18 de septiembre de 2010

Mordiscos y letras

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Marchita máquina: taladra frases silbantes, que, traviesas, se escapan entre sus dientes de teclas. Sonríen los mecanismos, arañando el papel apergaminado, amarillento. En él, la tinta negra se clava. Mordiscos de palabras agrias, que componen nubes tristes, melancólicas de otras historias. Orificios imperceptibles en el papel ya arrugado, heridas que nadie ya podrá sanar, porque las afiladas palabras escupidas por la máquina permanecerán, pese a que ésta se oxidase, chirriase y, con un último estertor, solo fuera capaz de respirar comas y vocales sin sentido alguno. La estética ardiente de un nuevo escrito, el pensamiento latente de su autor, seguirá quemando, seguirá impregnando con su aroma de pétalo ajado la piel de muchos y el alma de otros tantos. Y la máquina, como viejo instrumento que ayudó a la creación del arte y de la belleza, que proporcionó al artista una evasión eterna para su atormentada alma, la máquina, marchita máquina, herramienta de ausencia, puente hacia el éxodo, resolla polvo robado a las manecillas del tiempo, y ya no puede cantar, pues sus pulmones se han agrietado, sus mecanismos se quejan al bailar. Mas, al saberse dueña de todo lo creado y de lo que aún está por crear, no puede borrar de su rostro gríseo, su sonrisa de literaturas.

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De cómo un (increíble) dibujo inspira este breve relato, que no puedo dejar de relacionar con la tinta ya vertida.
¡Aun así, espero opiniones!

Besos!
N

P.S. Con b <3

2 comentarios:

guillermo_wali dijo...

Un relato genial! Como todos los que he podido leer en "En Picado". Escribes de maravilla!

Y sí, es definitivamente con b. ^^

Lola Baena dijo...

Hola, me felicitaste por mi blog, y me pico la curiosidad, asi que aqui estoy, y yo despues de leer un poco de tu alma tambien te felicito por tu rincon de la blogsfera. Sigue asi ;)