miércoles, 3 de noviembre de 2010

La Caverna

- Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y , al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿ Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente?

PLATÓN

Teclear sus nombres, con aquel eco metálico y brusco, les producía un placer teñido de complicidad, como si cometieran un crimen, y además lo fecharan en teclas tristes que resonaban en la buhardilla invernal cuyo aliento lamía su piel desnuda, sus cuerpos encendidos por las palabras, aquella lumbre amarillenta que erizaba el vello de ambos, palabras monosílabas, bisílabas, trisílabas silbando en sus oídos, acentuando aquella soledad compartida, aquel dulce vacío, aquella tara en el tiempo, una trinchera enredada en una tarde de domingo sin fin. Calidez desprendida, perfume escamado, cabellos que se deslizan hasta la almohada: habían abandonado aquel dulce refugio para contemplar algo que no fuese el otro y, al descubrirlo, sonreían y tecleaban, tinta roja, tinta negra. Personajes abandonados de Orwell, admiraban un mundo que, pese a intuir como real, rechazaban, tarareando melodías olvidadas, promesas voraces de futuro, perdiéndose más y más en el océano de luces apagadas y encendidas, de vibraciones y oscilaciones, de lo que no comprendían y que les mordía por dentro, mares de risas, ríos de miradas, lagos de lunares, arañazos, pestañas, pecas, detalles que flotaban en la superficie de su existencia, telaraña donde reposan los temores dormidos que, lentamente, huyen, dejando a su rastro breves estelas de vacilaciones, descansos, lágrimas. En aquel pequeño rincón, allí se encontraban ellos, desprendiéndose de las horas compartidas y ahogándose en aquella atmósfera viciada de realidad. Se encontraban allí, pero se habían perdido ya: se les quedaba grande aquello que no fuera el tacto, el aliento, las formas suaves del otro, se les caían de las manos las ganas de amarse. Así, ambos abandonaron la habitación, dejando atrás aquellos papeles garabateados con retazos de conversaciones, con manchas de lo vivido, dando la espalada a lo que tiempo ha creían verdadero y, sin embargo, en la desnudez de su alma, habían descubierto como falso. Y descendieron, una a una, las escaleras, huyendo de la caverna.

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Breve relato, pensado una vez en que alguien dijo esto me recuerda a 1984. Estudiar filosofía así, sí, que ahora que llegan exámenes son necesarios respiros como estos.

¡Saludos!

3 comentarios:

Rocío dijo...

Muy bonita la entrada Natalia!
Y suerte con esos exámenes!

Conra dijo...

Natalia, en algunas entradas, te veo muy enamorada. Eso es bueniiiiisimo!. Para los exámenes no lo se.

Muy buena entrada. congratulations!.

Surrealisto dijo...

Ay Platón, Platón, aunque no tuvieras razón en casi ninguna de las cosas, qué adelantado para tu época.
Eso sí, Sócrates y su mayeútica lo fueron todo!