jueves, 24 de febrero de 2011

Que sepan que no he muerto (o de Lorca y su dolor)

Quiero dormir un rato
un segundo
un siglo
pero que sepan que no he muerto

Cartel de "Dolorca"

Ayer me fui al Principal, con el hombre que siempre va conmigo, como diría Machado – esto es, mi sombra –, a admirar una vez más a García Lorca. Esta vez fue posible gracias a los alumnos de la Escuela Municipal de Teatro, que habían organizado, bajo la dirección de Blanca Resano, el homenaje de Dolorca, un trabajo impecable que me hizo estremecer, reír, llorar y, sobre todo, maravillarme con el legado que el señorito Federico dejó a sus espaldas.

Utilizando las posibilidades y las innovaciones que el teatro contemporáneo ofrece, los organizadores de Dolorca han conseguido una obra increíble en la que se han de destacar las grandísimas inerpretaciones de los estudiantes, el montaje, las luces, el sonido, el corte de escenas, los complementos, el vestuario… Sí, hasta el más mínimo detalle estaba cuidado y esto hizo que las dos horas de la representación se me pasaran volando.

Dolorca sintetiza la vida de Federico García Lorca de una manera espléndida: desde su infancia y sus relaciones familiares hasta su viaje a Nueva York en el 29 pasando por el verano en Cadaqués con Salvador Dalí y su correspondencia con éste. Sin embargo, también nos presenta sus obras tanto poeta como dramaturgo, de manera que piezas teatrales como La Casa de Bernarda Alba o Bodas de Sangre quedaron representadas casi íntegramente – o, al menos, los momentos cúlmines de las mismas –. De aquí se deduce la cantidad de roles que los actores debían de adoptar y así se ha de aplaudir su capacidad y su habilidad para mimetizarse, para ser Lorca y luego Martirio y después un falangisa y más tarde Dióscolo y luego doña Vicenta y luego un neoyorquino y una secretaria y un asesino y Dalí y Buñuel y todos y nadie y luego García Lorca otra vez.

Aplaudir además la sutileza con la que es tratado el tema del asesinato de Federico García Lorca y de la Guerra Civil con unas imágenes que dan mucho para pensar y bajo las que se entrevé una dura crítica que te remueve por dentro.

¡Enhorabuena, de verdad, fue un trabajo impresionante!
Y para Lorca… Bueno, para Federico no hay palabras suficientes. Así que robo unas suyas – de mis favoritas- para cerrar, una vez más, una entrada dedicada a él.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

2 comentarios:

Guille dijo...

Envidia envidia y envidia! Por habérmelo perdido. Y pena pena y pena, por no haber estado contigo

Irene Adler dijo...

Justo acabo de encontrar por ahí un poema de Lorca que me ha encantado! Qué suerte, me encantaría ir a verlo, pero como no vivas en Madrid... En fin, me volveré a pasar por aquí :)