jueves, 13 de octubre de 2011

Cosquilleo (o de otras formas de pensar)

Llevaba un tiempo pensando en escribir algo sobre esto; pero lo que me pasó el otro día me animó aun más. Veréis: estaba con Guille cenando en un bar del centro de Zaragoza – del que somos asiduos clientes, todo hay que decirlo – y justo cuando pedimos nosotros llegó una familia compuesta de tres adultos y una niña adorable vestida de baturra. Como nosotros teníamos bastante espacio, les cedimos una mesa. Luego me arrepentí, porque para lo que hicieron… Nada más sentarse, los tres adultos sacaron sus iPhones o sus BlackBerrys o sus smartphones o lo que fueran y se sumergieron en su mundo de whatsapp, facebook o a saber qué, mientras la niña trataba de llamar su atención o, ya resignada, jugaba con una botella de agua. Me impresionó muchísimo, aunque a decir verdad, no es algo nuevo en nuestro día. Quería escribir algo, como he dicho, contándoos mi opinión al respecto cuando he encontrado esta genial carta que enviaba un lector a la revista del XLSemanal (nº1250). El autor es Héctor Más Cazorla y escribe desde Puzol (Valencia). Sus palabras son las siguientes:

Me quedé de pronto sin batería en mi smartphone y sentí un vagamente recordado pero extraño cosquilleo en mi cabeza. Sí. ¡Estaba pensando! Y recordé que ya no hablamos, ahora whatsappeamos. Ya no vemos fotos con los amigos, ahora las subimos a Facebook. Ya no estudiamos inglés, lo aprendemos en mil palabras. Ya no hacemos el amor, procreamos. Ya no vemos la televisión en familia, devoramos series on-line en nuestro cuarto. Ya no comemos, nos alimentamos. Ya no investigamos para nuestros proyectos, copiamos y pegamos. La fugacidad inmediata de todo cuando hacemos nos mantiene ocupados permanentemente y no nos permite reflexionar. Entonces, ¿cómo se nos ocurre pedirles a los que mandan que no miren por el (su) bien inmediato, por las próximas elecciones, por el siguiente sondeo, en lugar de pedirles que piensen en el largo plazo? La sociedad se está quedando sin batería. A fin de cuentas, quizá no sea tan mala noticia (porque empezará a pensar).

No puedo estar más de acuerdo con él. Es como los niños de 13 años que son lo suficientemente mayores para salir hasta las tantas pero también lo suficientemente pequeños para no estudiar cuando les toca. Exigimos mucho y a nosotros mismos nos controla una mísera pantallita. Odio ese momento en que una persona no te escucha porque está con su Blackberry hablando con alguien mucho más interesante; ver a esos tres tíos absorbidos por sus respectivos aparatos me produjo escalofríos. Es como el hablescribe de Orwell, dice Guille. No, cielo, es peor, es la pantallita que no se puede cerrar y que todos los habitantes de Oceanía han de tener en sus casas; el Ojo del Gran Hermano que todo lo ve, que todo lo controla, que todo lo sabe.

Pobre Orwell: Él nos avisó pero nosotros hemos sido tan listos que nos hemos puesto el mono del partido siendo conscientes de ello. Supongo que para todos los smartphonesadictos en la habitación 101 se esconderá eso, un gran espacio vacío en el que no haya señal. Pobrecitos. Ésas son las ratas del siglo XXI. Pero como digo, no nos las han impuesto como castigo en el Ministerio de la Verdad. Nos hemos encerrado nosotros con ellas y hemos tirado la llave.

A ver si empezamos a pensar un poquito, por favor.

3 comentarios:

Ladynere dijo...

¿Has leído este artículo de Elvira Lindo sobre el mismo tema? http://www.elpais.com/articulo/opinion/quieras/elpepusocdgm/20111002elpdmgpan_1/Tes Igual te gusta ;)

Pepe Boza dijo...

Es un tema recurrente en mi blog. Las tecnologías son magníficas, pero hay que conocer sus limitaciones, sus efectos y dominarlas para que no nos dominen.
Magnífico Blog.
Un abrazo

Medioambientesimbolico dijo...

Me he dado cuenta de que en el perfil Pepe Boza no aparece mi Blog. Si quieres visitarlo es :
http.//medioambientesimbolico.blogspot.com