domingo, 28 de octubre de 2012

Ya estás bien.


If not for you, my sky would fall
Rain would gather, too
Without your love I’d be nowhere at all
I’d be lost, if not for you
GEORGE HARRISON.

Oh, darling! If you leave me
I'll never make it alone
Believe me when I beg you
Don't ever leave me alone
THE BEATLES.

Buenos días, mi vida, ¿cómo estás? Espero que hayas descansado mucho y que esta hora que nos regalan te haya servido para recuperarte del todo y no te duela el chichón ni los rasguños  y que puedas afeitarte y venir a verme cuanto antes para que te invite a café, que ahora ya hace frío y es casi casi como volver a empezar, como ser pequeños otra vez y no tener más planes que ver una peli e ir a escuchar música al Rock&Blues.

Yo también estoy mucho mejor. Me duele un poquito la tripa porque ayer cené demasiado bien y esa tarta de queso con fresas estaba demasiado rica, pero no hay nada que se cure escuchando un poquito a los Beatles e intentando leer a Saussure. ¿Cómo estás tú, mi vida? Sabes que de eso depende cómo esté yo. Te diré que cuando escucho Oh Darling siempre pienso en ti, como si te escondieras detrás de los desgarros y los llantos que yo siempre intuyo en la melodía. Cuando escucho Oh Darling me acuerdo de ese diciembre en que te pegaron un puñetazo y después, cuando te besaba, te notaba el labio hinchado. Cuando esucho Oh Darling me invade ese instinto protector que tan bien conoces, que me hace madrugar e irme andando hasta la otra punta de la ciudad a comprarte una docena de churros para cuando te despiertes o ayudar a tus padres a pedir tu cita para el neurólogo o besarte las heridas y los dedos cuando debería estar llorando o viendo el documental de George Harrison porque me relaja verlo vestido de cuero en Hamburgo, con diecisiete añitos, tan pequeño y tan mayor al mismo tiempo, protegiendo a John en la buhardilla donde murió Stu.

Yo tenía diecisiete añitos cuando me pediste por primera vez que me casara contigo y aquí estamos, echándonos de menos por las noches y jugando a veces a que vivimos juntos y que somos mayores, porque aunque pensemos que ya no somos tan pequeños, lo somos y yo me asusto muchísimo si pienso que te vas a ir. Ya sabes que no he aprendido a bailar hasta hace dos semanas, cuando me enseñaste a bailar el vals, ¿te acuerdas? Aunque a mí me gusta más subirme a tus pies y que me muevas tú y me abraces muy fuerte de la cintura. Y entonces tú eres lo único a lo que me agarro y lo único que necesito para seguir moviéndome, como las dos piernas del compás de John Donne. Cómo haría yo tantas horas de trabajo, tantas horas de estudio, tantos esfuerzos y sacrificios si no supiera que a la vuelta vas a estar tú preparado con la cámara web para preguntarme cómo me ha ido el día y para decirme cuántas ganas tienes de verme.

¿Cómo estás, mi vida? Sé que estás bien pero no vuelvas a darme un susto así nunca más. Te lo prohibo. Aun siento escalofríos cuando pienso en que justo antes me traíste Otelo y me dijiste, después de aparcar, que si no te iba a dar un beso de los de verdad o que me fui al baño sin ti y tú estabas por ahí, solo, haciendo tus cosas, pasándotelo bien, pensando en lo divertido que era eso y que cuánto tardaba yo en volver. Y luego te veo cayéndote y sangrando y con los ojos en blanco y recuerdo la parálisis momentánea del tiempo, de estos tres años, del mundo entero, de toda mi vida y te veo después incorporándote y todo acaba siendo borroso y hay una ambulancia, pero antes estoy sentada a tu lado diciéndote cosas al oído y limpiándote la sangre y colgándome tus gafas de la camiseta y acariciándote el pelo.

Bueno, precioso, estás a punto de echarme la bronca porque ya casi son las once y todavía no he desayunado. Así que, querido, no te atrevas nunca, nunca a irte y dejarme sola, porque si no fuera por ti yo no sé que haría con mi vida. Y, además, tenemos toda una carretera por delante, ¿lo sabes, verdad?, y tú aun tienes muchas promesas por cumplir y muchos vinilos que comprar, por no hablar de rosas que regalarme o de cartas que escribirme o de viajes que hacer o de scotch con cola que beber. Así que no sueltes mi mano y vamos a seguir caminando juntos y muy pronto llegaremos a casa, ¿a que sí, a que ya nos queda muy poquito?

Te quiero, Guillermo
(:

(Ahora escucha esa canción, tú sabes cuál).

2 comentarios:

Guillermo Blanco dijo...

Llevas las llaves, ¿verdad? porque la puerta está ahí (sí), y si no nos damos prisa nos vamos a mojar con esta típica lluvia británica. Además tenemos que ver esa peli, cielo, la de Chaplin.
Venga, cosa, vamos dentro que no has desayunado y te voy a hacer un zumo con tanta azúcar como quieras. Para que te pongas mi ropa de andar por casa y te tapes con la mantita hasta los ojos en el sofá mientras yo me ocupo de llevarte todo y volverte a besar como si fuera la primera vez que te escondes ahí. Como siempre.

Guillermo Blanco dijo...

PS: Yo a ti también, Nata