miércoles, 24 de octubre de 2012

El amor, la amistad o la esgrima

 

Después del los silencios tensos y de las palabras hirientes, después de las noches sin dormir o las mañanas sin querer contestar al teléfono, después de los simulacros, las lágrimas, los abrigos, los telegramas, el cierzo, el fuego, las cabañas, después de todo solo quedas tú, el reconocer tu respiración detrás de la puerta, tus pasos en las escaleras o tu letra en los cuadernos viejos. Al final de todo solo quedas tú, que añades párrafos a los relatos que te mando y que me hueles en tu ropa cuando ya me he ido, que me pides perdón como en las canciones de John Lennon. Que me re-escribes y te re-escribo y nos buscamos, aunque a veces nos huyamos o no quieras darme los buenos días ni prepararme el desayuno. 

Al final solo queda eso: un común pensamiento, un niño y una niña, un futuro: la colección de vinilos y yo esperando dormida en el sofá a que vuelvas de trabajar. Me despertará, seguro, tu respiración, tu reafirmación egoísta de “este soy yo”, mi vida que se pierde en tus pulmones.

2 comentarios:

Guillermo Blanco dijo...

Sin ti no soy más que un molde de escayola de tu silueta. ¡Ña!

Pitt Tristán dijo...

Con el tiempo, no te importe esperarle, de vez en cuando, en vez de dormida en el sofá, con un plato de lentejas sobre la mesa. Ël también puede hacerlo. Bueno, el que llegue primero a casa.
Saludos a los dos.