lunes, 28 de marzo de 2011

Collige, virgo, rosas

Éste es mi mundo dionisíaco, que se-crea-eternamente-a-sí-mismo y que se-destruye-eternamente a sí mismo.
NIETZSCHE

Mi profesora nos advierte de que la aurora de Nietzsche es complicada, que hemos de comprender muy bien sus puntos clave para poder entender su filosofía. Que los conceptos resaltados en negrita son imprescindibles, que estemos atentos. Unamuno decía que las cursivas no sirven de nada, que todo el texto es importante, que es estúpido resaltar palabras que griten al lector “eh, aquí estoy, ¡soy importante!”. Así que con la negrita pasa, probablemente, lo mismo. Pero Nietzsche, en mi libro, tiene negrita. Negrita en voluntad de poder, en el eterno retorno y en el superhombre. Por lo que no queda más remedio que desperjarme de ese dolor de cabeza y bochorno, ya que no me quiero perder una palabra de Nietzsche. He hecho bien en despejarme – aunque creo que he sido la única –: porque leyendo en voz alta, voluntariamente, me he planteado bastantes cosas.

Dice Nietzsche que, puesto que el tiempo no es lineal sino cíclico, no hay pasado ni presente tal y como lo entendemos: nos dice Friedrich que lo que importa es el instante, el ahora, el presente en un mundo de devenir y cambio. Aunque esto tampoco es nuevo. Ya lo decían los latinos: Ausonio – no reírse de él  escribía collige, virgo, rosas dum flos novus et nova pubes et memor esto aevum sic properare tuum. Que traducido sería algo como recoge, doncella, las rosas mientras la flor está lozana y la juventud fresca, y acuérdate de que así se apresura también tu edad. Carpe Diem. Aprovecha el momento, el presente, el instante, pero con la conciencia plena de que, según Nietzsche, se repetirá eternamente. Así que hazlo bien: hazlo de forma que, si pudieras vivir otra vez, no cambiaras ni el más mínimo detalle.

Y dice Walt Whitman – el tío Walt –:

No dejes que termine el día
sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite
el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer
de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y
las poesías sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes. Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra
de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes
nos precedieron de nuestros
"poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros.
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida
te pase a ti sin que la vivas …

Tened esta entrada a mano para los días eternos, vacíos, grises. Tened a mano a Walt Whitman, a Nietzsche, a la aurora – y una buena canción de Paul McCartney como esta –. Tened a mano, en definitiva, las rosas, para recogerlas, para cortarlas. Tened a mano el instante.

2 comentarios:

Guille dijo...

El eterno retorno de Nietzsche y la voluntad de poder. Dos grandes contradicciones.
Por un lado nos dice que para que llegue el superhombre, el hombre debe desatarse de sus cadenas y luchar contra el deber, hasta tal punto que el hombre ha de decaer para la llegada de éste. Es decir, debe destruirse a si mismo para dar paso al superhombre, porque la voluntad es poder y es la que pone al yo. La voluntad es cada vez más. Pero si esta es cada vez más, llegaría un punto en el que todo no volvería a ser igual. Entonces, ¿Dionisios prevalece sobre el perpetuo retorno? Entonces estamos en un proceso lineal en el que el culmen es el estado cíclico del superhombre, o estamos en un estado cíclico en el que el superhombre representa tanto el fin como el principio? Y si es así, ¿qué pinta el hombre entre medio?

Sea lo que sea yo, mi yo, prefiero dejarme caer en las manos del paraíso terrenal ¿Vamos?

lalunayelcohete dijo...

Si, pero ojito con Nietzsche, que el pobre muy feliz no fue...