domingo, 8 de mayo de 2011

Pedro y las cartas (o de la actualidad literaria)

Me encanta ir a la biblioteca y salir con tres libros entre mis brazos. Este viernes robé Pedro Páramo de Juan Rulfo, algo de Vargas Llosa para meter caña a la novela hispanoamericana y El Defensor de Pedro Salinas. Devoré a Rulfo y ayer ya empezaba a Salinas. ¡Y qué delicia! En el ensayo de El Defensor, Salinas defiende –valga la redundancia-, diferentes temas y el primero es la correspondencia epistolar. Y me está maravillando. Así os rescato un fragmento para que lo disfrutéis vosotros también:

Pero a mí me ilumina más para el caso que este arsenal de hechos coleccionado por psicólogos, la evocación de una doncella en amores, cuando se hace cargo del paquete de cartas que le trae el correo , y entre las cuales viene una de su novio. Ojeará las demás sin muestra exterior de emoción algunas, con equitativa indiferencia. Pero al llegar a un cierto sobre, el color se le sube al rostro, y con él la expresión de contento. Aún no ha leído nada más que su propio nombre, la carta sigue sin abrir. Pero ha visto; ha visto una letra, un estilo de escribir, que se distingue de los demás por una serie de peculiaridades, para ella perceptibles en el acto. Puede ser la costumbre de no cerrar la o del todo, de rematar o no un trazo final, de olvidarse la tide de la t, de dejar caer los puntos no sobre las íes, sino un poco más a la derecha. Cien posibles detalles, que a su vez son perceptibles de infinitas variaciones. En eso la escritura se parece a la vida, que opera con un número limitados de elementos y con ellos logra un fabuloso número de sorprendentes resultados.

Pero es que no es sólo en cuanto a epistolografía se refiere; es que Pedro Salinas me está dando ejemplos a mansalva de la actualidad que tiene mucha de la Literatura, sobre todo – desde mi punto de vista  –Nueva York: oficina y denuncia la del siglo XX. Si no me creéis, echad un ojo a este trocito perteneciente a la sección Vejamen de la chapuza:

Si algún mote se ha ganado este siglo en lo que lleva consumido de años, es el de siglo chapucero, porque todas las cosas que había que hacer bien las ha hecho de mala manera, chapuceramente; y en cambio ha realizado a la perfección las cosas que no había que hacer, ni bien ni mal. Y ahí está la chapuza mayor de todas, de la que salen las demás: el empezar por no distinguir lo que había que habcer de lo que no.

Así que aquí estoy, con unos exámenes globales a cinco días, pero aprendiendo filosofía con uno de los grandes del siglo XX; ya no con su faceta de poeta, sino de Defensor. Y me gusta. Y mucho.

¡Feliz semana!
N

P.S. Frase del momento actualizada con una cita que utiliza Salinas. No tiene desperdicio, de verdad.
P.S.2. A mí me encaaaaaaaaaaaanta recibir cartas :D

1 comentario:

Guille dijo...

Cartas, cartas y más cartas...
- Pues yo creo que es muy romántico escribir cartas.
- Ah sí? Déjame...
- ¿Qué haces?
- Ahora me podrás escribir cartas.
^^