jueves, 4 de julio de 2013

De Trevi y los deseos.


Nos vamos poniendo morenos poquito a poco, igual que el curso se fue acabando poquito a poco, llevándose los exámenes, el trabajo, el frío, los vaqueros largos. Ahora ya empieza a oler a maletas y a los helados italianos. Yo ya dije eso de para mí no todos los caminos llevan a Roma, sino a un chico de para entonces 19 años que me presta camisas cuando me voy al extranjero. Ahora yo ya he cumplido 20 y descubro que es cierto, que las monedas que tiré a la Fontana di Trevi para volver junto a él a la Ciudad Eterna parecen haber funcionado, porque el lunes partimos para Italia, a reencontrarnos con esos yo viajeros que tan, tan bien saben. 14 días, 4 destinos: Roma, Florencia, Venecia y Milán. Y muchas, muchas aventuras por vivir. Y, por primera vez, en una ciudad yo llevo ventaja: quizá pueda guiarle por las calles que espero recordar, revisitar ese restaurante con vistas al Panteón, empaparle de arte. Eso sí, no reencontraremos y nos perderemos – eso es lo más dulce – en los verdes de la Toscana, en los canales de Venecia, en las calles de Milán. Una cosa está clara: todos, todos los caminos llegan a casa. Y ya estamos un poquito más cerca.

¡Nos leemos a la vuelta!