martes, 16 de noviembre de 2010

Espejos cóncavos

-Latino, entona el gori-gori.
-Si continúas con esa broma macabra, te abandono.
-Yo soy el que se va para siempre.
-Incorpórate, Max. Vamos a caminar.
-Estoy muerto.
-¡Que me estás asustando! Max, vamos a caminar. Incorpórate, ¡no tuerzas la boca, condenado! ¡Max! ¡Max! ¡Condenado, responde!
-Los muertos no hablan.

Relectura obligatoria de una de mis obras favoritas del teatro español para mi examen de Literatura de mañana: Luces de Bohemia, de Ramón del Valle-Inclán. Descubrí la magia de esta obra con una rápida lectura el año pasado (viernes de exámenes con prisas en un autobus repleto de gente terminé en el velatorio de Alejandro, digo, Max) y con una magnífica representación a manos del Teatro del Temple. Aprender así Literatura es una maravilla, en tan buena compañía y con un genio como Valle.

De su obra me maravillan, sobre todo, las acotaciones –¡incluso más que Dorio, y eso en mí es mucho decir!-. Cómo puede expresar tanto, con tan pocas palabras, con esos adjetivos cargados de significado, con esa sonoridad que raya en la musicalidad, cómo puede crear un universo en unas simples líneas:

MAX y DON LATINO, borrachos lunáticos, filósfos peripáteticos, bajo la linea luminosa de los faroles, caminan y tambalean. ¿No oléis el alcohol? ¿No los véis brillar en la oscuridad, siguiendo ese camino de faroles, elucubrando pensamientos sin sentido, nubladas sus mentes? Hay un viejo chabacano –bisoñé y manguitos de percalina-, que escribe, y un pollo chulapón de peinado reluciente, con brisas de perfumería, que se pasea y dicta humeando un veguero. Ahora sí que tenéis que haber olido el perfume barato, haber visto el peinado hacia atrás, incrustado en el cráneo, tenéis que haber movido la mano para retirar el denso humo gris.

Un café que prolongan empañados espejos. Mesas de mármol Divanes rojos. El mostrador en el fondo, y detrás un vejete rubiales, destacado el busto sobre la diversa botillería. El Café tiene piano y violín. Las sombras y la música flotan en el vaho de humo, y en el lívido temblor de los arcos voltaicos. Los espejos multiplicadores están llenos de un interés folletinesco. En su fondo, con una geometria absurda, extravaga el Café. El compás canalla de la música, las luces en el fondo de los espejos, el vaho de humo penetrado del temblor de los arcos voltaicos cifran su diversidad en una sola expresión. Entran extraños, y son de repente transfigurados en aquel triple ritmo, MALA ESTRELLA y DON LATINO.

Y ante esta obra de arte, solo podéis haberos quitado el sobrero.  Como mi peripatético favorito me dijo una vez: “Cuando tengamos nuestra editorial, publicaremos una edición solo con las acotaciones de Luces”.

3 comentarios:

Guille dijo...

-¿A dónde vamos?
-¿Qué más da? Si marcamos un lugar, tendremos que volver a pensar en otro para ir en cuanto lleguemos. Vamos paseando sin más, y filosofamos, como los peripatéticos?
-¿Los peripatéticos?
-Sí, los discípulos de Aristóteles cuando hablaban con su maestro, iban paseando. De ahi viene lo de peripatéticos. Tenía también algo que ver con que caminaban por unos pórticos o algo así...


Y pensar que tras casi un año de esas palabras no se nos hayan olvidado, como tantas otras cosas ^^

Conra dijo...

No te voy a negar que me encantaria entrar en un teatro sentarme y disfrutar de "luces de bohemia", y eso deseo me lo has abierto tu con tu entrada.

Si no me olvido, ya veremos!, tengo la intención de hacerlo.

Un saludo Natalia. :)

Personaje de una historia... dijo...

Tratare de encomendarme a el...
Se ve interesante. Un saludo!