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domingo, 6 de noviembre de 2011

Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde…

Renace el mundo al saberse nombrado

Se apagan las luces, empieza la música. Entramos en las dimensiones del teatro: dimensiones que no se someten a ley alguna, dimensiones mágicas y de mecanismos ajenos. Pero que deslumbran. Como es el caso de Retrato, que ha estado con nosotros este fin de semana en el Teatro del Mercado. Retrato es una obra de Mariano Anós, único intérprete además, tan solo acompañado por la música de José Luis Romeo. En el programa la describían como un recorrido a través de la poesía española desde el siglo XVII al siglo XX. Pero no es solo eso. Porque la selección de poesía – de Quevedo a Cernuda, pasando por Espronceda – son pedazos de cada uno de nosotros y por tanto, Retrato no puede ser una obra cerrada, sino un espejo que nos llama a asomarnos a nosotros mismos.

Así, entramos en una nueva dimensión en la que la voz profunda de Anós nos llama a una introspección dirigida por las palabras de los grandes maestros de la Literatura: Lope, Salinas, Machado, Cernuda, Lorca, Gil de Biedma, Bécquer, Neruda… Menos de una hora para tratar los dos grandes macro temas de la humanidad: el amor y la muerte. El amor nos lo describen Lope – creer que el cielo en un infierno cabe -, Goytisolo - entre todos los ruidos de la noche yo distingo sus pasos - o Neruda – me gusta cuando callas porque estás como ausente -. Yo me quedo con Salinas y su alegría por vivir en los pronombres.La muerte y el miedo a morir nos lo transmiten con fuerza e intensidad Lorca en su ciudad sin sueño, León Felipe – no, no, no me contéis cuentos que vengo de muy lejos y sé todos los cuentos -, Espronceda y su pirata que no teme a la vida pues por perdida ya la di.

Y creo que merece la pena citar tres poemas excepcionales: por un lado el No volveré a ser joven de Jaime Gil de Biedma, en el que el autor creía que la muerte solo estaba en el teatro y expresa su sorpresa al descubrir que el único argumento de la obra es envejecer y morir; el famosísimo Retrato de Antonio Machado, para mí obra maestra y difícilmente superable, que da título al espectáculo – como ya he dicho, se nos anima a pintar nuestro propio retrato a través de la poesía -; y por último, el poema que se recita al final del propio Mariano Anós que reflexiona sobre la tarea del arte y dice que renace el mundo al saberse nombrado. ¿Por qué? Porque para eso está el arte, para crear el mundo y destruirlo al mismo tiempo – pues el arte está en borrarse -. Y si muchos versos – si mucha música, muchos espectáculos, muchos poemas, muchas obras, muchos personajes – son efímeros y van a perderse en el devenir del mundo, ¿por qué desperdiciar estas magníficas oportunidades que tenemos de conocernos a nosotros mismos a través de ellos?

Así que, no dejéis jamás de ver teatro. Éste es el mensaje de Retrato: no desaprovechéis el arte. Y esta obra no era sino arte en una tarde de cierzo en Zaragoza.

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Natalia
:D

domingo, 5 de junio de 2011

Yo no voy a ser viejo nunca

Lorca es el primero de todos nosotros:
hay que inclinarse.

JORGE GUILLÉN

Hace 113 años, tal día como hoy, un 5 de junio radiante y que ya anticipa el verano, nacía en Fuente Vaqueros el que sería el más grande poeta – al menos en mi opinión – de la Literatura española: Federico García Lorca. He hablado y hablaré de él hasta la saciedad, porque no se puede dejar de alabar a este genio que innovó de tal forma el panorama cultural español y que tan profunda huella ha dejado en nuestros días. Tristemente se truncó su vida en 1936 por el odio, el rencor y la vida de pocos, pero hoy no es 18 de agosto, hoy es 5 de junio y Lorca acaba de nacer; con él, nacen sus afilados versos, sus imagenes perfectas, su lenguaje que rebasa todo lo hecho hasta el momento, sus metáforas, su voz crítica, su espíritu defensor, su rebeldía, su duende. Con él, renace la Poesía.

Hay que inclinarse, sí, dice Guillén, pero… ¿qué se le regala a un genio como Lorca? No se le puede regalar un cuadro, porque Dalí ya lo retrató varias veces – la imagen de la entrada es un retrato cubista del granadino por parte del catalán –; no se le puede regalar un poema porque Luis Cernuda y Antonio Machado, entre otros, ya lo hicieron – y pocas cosas podrían superar las Odas del propio Federico –; no se le puede regalar música porque él ya la había descubierto toda entera, hasta su más pura esencia -y, además, tenía a Falla a su lado para completar esta búsqueda-; no se le puede regalar juguetes porque él era y siempre fue el eterno niño. Así que, Federico, lo único que te puedo regalar es mi más sincera y profunda admiración que sabes que profesaré siempre y en todo lugar. Porque nadie se va a olvidar jamás de lo que tú hiciste, de lo que tú nos regalaste – y nos regalas aun a día de hoy – a todos y cada uno de nosotros. Gracias.

Y felicidades.
N

jueves, 13 de enero de 2011

Lo que me dice Cernuda para ti

¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?

LUIS CERNUDA

domingo, 28 de noviembre de 2010

Tú

Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

LUIS CERNUDA


Me preguntaréis qué me hace sentir así. Es demasiado fácil. Ya lo sabéis.
Tú lo sabes.

jueves, 18 de febrero de 2010

Fígaro en el cementerio

Dirigíanse las gentes por las calles en gran número y larga procesión, serpenteando de unas en otras como largas culebras de infinitos colores: ¡al cementerio, al cementerio! ¡Y para eso salían de las puertas de Madrid!
Vamos claros, dije yo para mí, ¿dónde está el cementerio? ¿Fuera o dentro? Un vértigo espantoso se apoderó de mí, y comencé a ver claro. El cementerio está dentro de Madrid. Madrid es el cementerio. Pero vasto cementerio donde cada casa es el nicho de una familia, cada calle el sepulcro de un acontecimiento, cada corazón la urna cineraria de una esperanza o de un deseo (...)
—¡Necios!— decía a los transeuntes—. ¿Os movéis para ver muertos? ¿No tenéis espejos por ventura. (...) ¡Miraos, insensatos, a vosotros mismos, y en vuestra frente veréis vuestro propio epitafio!
(...)
Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos.¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Qué dice? Leamos.
¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza!
¡Silencio, silencio!
Mañana me examino de nuestro Pobrecito Hablador y, tras repasarme varios artículos, he llegado a la conclusión de que el Día de Difuntos de 1836 es, definitivamente, mi favorito porque en él se intuye perfectamente esa melancolía que convertiría a Larra en el romántico por excelencia. Ese romántico que, en una Nochebuena del mismo año, tenía todavía abiertos los ojos y los clavaba con delirio y con delicia en una caja amarilla donde se leía mañana. ¿Y cómo no abrir esa caja si acierta Larra cuando dice: aquí el pensamiento reposa, en su vida hizo otra cosa? Sí, amigos, porque el sueño de la razón produce monstruos. En el Madrid de Larra y la Zaragoza de ahora. Y en cualquier lugar...

Hoy me he sentido muy identificada con Larra por eso de Escribir en España es llorar, tan perfectamente retomado después por Cernuda: es llorar, es morir. Y qué pena que esté tan profundamente relacionado con esos monstruos de Goya... Y ya que estamos hoy con genios, me permito parafrasear a Zorrilla para que Larra, esté donde esté, sepa que algunos pocos aun lo quieren sus artículos son más modernos de los que muchos piensan.

Poeta, si en el no ser
hay un recuerdo de ayer,
una vida como aquí
detrás de ese firmamento...
conságrame un pensamiento
como el que tengo de ti.

Y si sois buenos, yo os consagraré un pensamiento a vosotros también.
Natalia