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domingo, 30 de mayo de 2010

Gracias por haber madrugado para oír poesía

Zaragoza huele a Literatura. La feria del libro ha llegado, ¡yay! Y así, hay actividades culturales por todas todas las esquinas. Hoy he madrugado, como dice el título, para escuchar un recital en honor a Miguel Hernández que tenía lugar en la carpa de la feria. Madrugar es un concepto relativo - ¿es las 10 temprano? -, pero para mí tener que despertarme con el sonido de un despertador conlleva madrugar, aunque el despertador cante bien entrada la mañana.

Miguel Hernández es muy grande. Y no se puede decir más. Elena Julián, Justo Erdociain y Miguel Ángel Ortiz nos han recitado partes del Romancero y cancionero de ausencias y El rayo que no cesa del poeta de Orihuela, aquel que se llevaba una pequeña libreta cuando cuidaba de las cabras, aquel que se llama barro aunque Miguel se llame, aquel al que se ha de aplaudir. Sí, como ha dicho Pablo Lumbreras - presidente de la Tertulia Teatral de Zaragoza - "aplaudan, pero no nos aplaudan a nosotros: aplaudan a Miguel Hernández".
Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.

Paciencia necesita mi tormento
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.

¡Ay, querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.

Quiero que vengas, flor, desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.
Y sigue desgranándose irremediablemente el tiempo. Pero de momento, te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.

martes, 19 de enero de 2010

Haría un tintero de mi corazón

Me llamo barro aunque Miguel me llame.

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.

Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos de mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.

No puedo con mi estrella.
Y busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.

Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.

Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?

Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?

Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.

Me sobra corazón.

Hoy, descorazonarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.

No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.

Yo también hago de mi corazón un tintero si sangra la mitad de palabras de las de allá arriba. Centenario de Miguel Hernández, sí señores. Tenemos para largo. Porque he descubierto que me he enamorado de él, así que habréis de soportarlo.

Besos
Natalia

P.S. ¡Y he de dar tantas gracias a quien me lo recomendó hace ya parece tanto!