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viernes, 28 de septiembre de 2012

Ser Helena o de otras formas de dormir con sudadera.

I love thee not, therefore pursue me not.

I am your spaniel; and, Demetrius,
The more you beat me, I will fawn on you:
Use me but as your spaniel, spurn me, strike me,
Neglect me, lose me; only give me leave,
Unworthy as I am, to follow you.
What worser place can I beg in your love,—
And yet a place of high respect with me,—
Than to be used as you use your dog?

(…)

It is not night when I do see your face,
Therefore I think I am not in the night;
Nor doth this wood lack worlds of company,
For you in my respect are all the world:
Then how can it be said I am alone,
When all the world is here to look on me?

martes, 17 de enero de 2012

Yo no soy un hombre malo

El viernes pasado no solo regaló ese frío intenso decorado con vahos sino también muy, muy buen teatro. Pasé la tarde viendo la adaptación a las tablas de la novela de Camilo José Cela: La familia de Pascual Duarte. Este año se cumplían diez años de la muerte del autor, Premio Nobel de la Literatura en 1989, y el actor Tomás Gayo – a través de Tomás Gayo Producciones y la distribuidora Metrópolis Teatro – quiso rendir homenaje a una de las obras más emblemáticas de nuestra Literatura contemporánea.

Cuando me enteré de que traían esta obra a Zaragoza, mi primera impresión fue de rechazo. La familia de Pascual Duarte no fue demasiado de mi agrado y, por otra parte, adaptarla al teatro me parecía sumamente complicado. ¿Alguien sería capaz de superar este reto? Decidida a descubrirlo, volví a leerme la novela y, conforme avanzaba, no salía de mi asombro: las cosas se ponían cada vez mejor – en cuanto a calidad, claro, el pobre Pascual no podría decir lo mismo de su vida…-. Así que reconocí mi error y me maravilló la existencia de este personaje: su dolor, su rabia, su arrepentimiento, su complejidad… y sobretodo la bien llevada técnica de Cela que te mantiene en vilo y te hace estremecer con expresiones breves pero sinceras. Cuando la terminé, mi temor en cuanto a la adaptación teatral se acrecentó, pues no me parecía fácil transmitir la fuerza de la prosa de Cela y la poderosa voz narrativa de Pascual Duarte.

Sin embargo, la obra me sorprendió muy positivamente: supieron superar estas dificultades mezclando monólogos en las que Pascual se dirigía al público para contar su historia y sus circunstancias con escenas de acción en las que tomaban parte el resto de personajes, dando vida a los hechos que harán de Pascual un condenado a muerte. Los personajes están muy bien construidos; el escenario es sobrio y perfectamente adecuado para la acción que, muchas veces, se supedita al texto estático que nos transporta a esa provincia rural de la Extremadura anterior a la Guerra Civil donde Pascual Duarte vivirá y, sobre todo, sufrirá. Una puesta en escena muy lograda, una iluminación grisácea que concuerda con el espíritu atormentando de los protagonistas, unos muy buenos actores que sabían captar el dolor que destila cada una de las palabras de esta obra de Cela: una lección magistral sobre las circunstancias que mueven al hombre, los motivos que lo llevan al odio, el debate entre determinismo y libre albedrío, la culpabilidad y la inocencia, la justificación de los crímenes… Y, en cuanto a la obra teatral, una lección –también magistral- sobre cómo respetar un texto, cómo jugar con él sin modificar su esencia y, sobre todo, cómo hacer temblar al espectador en su asiento.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Yo ya no puedo vivir ni conmigo mismo

Tus versos quedarán acusándolos.

Cuatro paneles de cristal, dos mesillas, un banco, un ramo de flores y un teléfono es todo lo que necesita la compañía del Teatro del Norte para hacer magia. Porque transmitir con tanta sensibilidad lo que había no sólo de genio y poeta sino de humano en Federico no puede ser sino magia. Qué afortunada fui de poder disfrutar de su obra, Lorca: Muerte de un poeta– a las 19h30 en el Teatro de la Estación; mientras el mundo estaba pendiente de unos tristes porcentajes, yo me deleitaba en los trajes claros de Federico, los moños de Marianita y la respiración de Dióscoro. Fui una de los diez afortunados; qué gran desolación que los aplausos sonasen tan flojos, no porque no hubiera gustado, sino porque el espacio, como dije ayer en una entrada anterior, se hizo de repente tan grande… Qué afortunada fui.

Lorca: Muerte de un poeta trata de reconstruir la última noche del poeta más grande de todos los tiempos. Tarea esta de gran dificultad, la mires por donde la mires. Pues ellos lo consiguen: intercalando retazos de vida de Federico – su vida en Madrid, su miedo, su arrestro – con la acción principal – su asesinato en agosto de 1936 –. Y aun van más allá, pues combinan su relación con personajes reales – Luis Rosales, Angelinas, Dióscoro Galindo – y con personajes imaginarios de sus obras. Y en esto último reside la orginalidad de esta obra: como en una hora son capaces de extrapolar los motivos literarios de Lorca a su propia realidad, haciendo que el espectador bien enterado de su biografía y de su pluma – so pena de parecer arrogante, diré que esto lo tengo yo bastante bajo control; una de las pocas cosas que tengo bajo control en la actualidad – se estremezca hasta la médula.

Ante mis ojos desfilaron Bernarda Alba que encierra a sus hijas y a un poeta inocente, la Madre de Bodas de Sangre que llora a su hijo que de repente es un Federico bajo una sábana blanca, una Mariana Pineda que representa la libertad absoluta… Y lo que más me sorprendió: los retazos de El Público, con sus figuras de cascabeles y de pámpanos, sus cuchillos, su Cristo y su cáliz, su Julieta y su amor y, sobre todo, el gran dolor de Lorca. Y todo esto requiere una gran labor en escena pues con tan solo tres actores –tres actorazos: Cristina Lorenzo, David González y Etelvino Vázquez, director, además, de la obra-  el Teatro del Norte consigue crear una cohorte de personajes y de matices increíble.

Y qué tristeza, una vez más, todos aquellos que se perdieron, que os perdistéis esa reflexión final, ese llamamiento al cambio. Qué tristeza produce un teatro vacío, pero qué alegría inmensa me produce reencontrarme con Federico de una forma tan deliciosa.

Desde aquí, mil gracias por traer esta pequeña joya a Zaragoza.
Natalia

Extinción = Mente · Criminal²

De niño imaginaba cómo sería cabalgar sobre un rayo. Y un día, lo conseguí: cabalgué sobre un rayo de luz.

Sentada en primera fila del mágico Teatro del Mercado viví el viernes una experiencia única e irrepetible: una metáfora sobre la existencia, el dolor, la muerte, la vida, la felicidad, que nos llega a través del Teatro del Temple y de la voz de Ricardo Joven, con bigotes de Einstein, acento alemán y una gran obsesión por el pájaro Dodo.

La obra, que como ya os comenté por aquí, está escrita también por Ricardo Joven, nos sitúa en un apartamento de Manhattan donde se refugia Albert Einstein tras enterarse de uno de los mayores crímenes de la historia: la caída de la bomba nuclear sobre Hiroshima y Nagasaki. Einstein, abrasado por los remordimientos y la culpa, decide contar la historia de los pájaros Dodos y de su extinción, haciendo de esta historia una maravillosa fábula sobre la humanidad. Graba todo esto pues espera que en algún momento, la hija a la que nunca conoció Leisserl - y con ella, todos los hombres – pueda escucharla y aprender de ella.

Einstein nos narra su infancia, sus primeras crisis, sus amores y sus desventuras. La acción, que se sitúa en una magnífica escena de pizarras repletas de fórmulas, se ve interrumpida repetidas varias veces por una radio que transmite las últimas noticias sobre los hechos que han conmocionado al mundo y llamadas telefónicas que trasladan a Einstein a otra época, en una suerte de delirios que reflejan el dolor profundo y agudo que hubo de sentir de verdad este magnífico hombre. Quedan recogidas, además, las geniales frases del físico, como: “Mi laboratorio está bajo mi sombrero” o “Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana”.

En mi opinión, enfrentarse al público durante hora y media es ya un logro. Tú sólo, sobre las tablas, sin nada más que todos esos objetos esparcidos por el suelo - papeles, disfraces, paraguas, marionetas -, tú sólo representando un papel, metamorfoseándote en otra persona. Y Ricardo Joven supera este reto a la perfección: no sólo transmite un Einstein humano y verdadero, sino que sabe llevar el ritmo de la obra con un pulso excelente: bromas, lágrimas, dibujos, cuentos, fantasías, dolor y una crítica tenaz hacia una sociedad que permite la extinción no solo de los dodos sino de las ideas y del pensamiento.

Un trabajo genial que nos regala la potente imagen de un Dodo gigante sobre el Empire State Building. O, en definitiva, una obra de teatro con una espectacular interpretación y una muy buena escenografía que llama a una seria reflexión sobre la existencia del ser humano, su poder y sus fines.

Natalia

domingo, 20 de noviembre de 2011

Llueve sobre Federico

Aquí. Aquí quiero estar. Y tranquila. Ya todos están muertos. A medianoche dormiré, dormiré sin que ya me aterren la escopeta o el cuchillo. Otras madres se asomarán a las ventanas, azotadas por la lluvia, para ver el rostro de sus hijos. Yo, no. Yo haré con mi sueño una fría paloma de marfil que lleve camelias de escarcha sobre el camposanto. Pero no; camposanto, no, camposanto, no; lecho de tierra, cama que los cobija y que los mece por el cielo. Quítate las manos de la cara. Hemos de pasar días terribles. No quiero ver a nadie. La tierra y yo. Mi llanto y yo. Y estas cuatro paredes. (…)Benditos sean los trigos, porque mis hijos están debajo de ellos; bendita sea la lluvia, porque moja la cara de los muertos.

Hoy he ido al teatro a ver Lorca: Muerte de un Poeta del Teatro del Norte. Estábamos diez personas en la sala. Tan sólo diez personas, en ese espacio que se quedaba de repente tan grande, hemos podido escuchar durante casi un cuarto de hora la voz de la Argentinita y el piano de Lorca. Tan sólo diez personas nos hemos estremecido con esas duras palabras de madre que sobrevive a sus hijos. Que se llenen estadios de fútbol, sí, para que haya gente que no pueda ubicar esas preciosas palabras de dolor y llanto. Ni esas, ni el desgarrado “dos bandos. Aquí ya hay dos bandos”. Sí, que se llenen los estadios y se pudran las bibliotecas.

Pero ese piano seguirá sonando en mí siempre.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Entrevista a Ricardo Joven

“Humanizar el mito de Einstein ha sido el gran  reto”
 

El jueves 17 se estrena en el Teatro del Mercado la obra “EINSTEIN Y EL DODO” de RICARDO JOVEN:

El momento en el que Einstein supo del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki es el punto de partida de la obra, a partir de la cual Ricardo ha sabido tejer una fascinante historia donde se cruzan elementos biográficos poco conocidos con la desgarradora metáfora sobre el ser humano oculta en la extinción de los pájaros dodos.

El ya consagrado actor zaragozano que trabaja habitualmente con la genial compañía del Teatro del Temple es además el autor de la obra y el único actor. Ricardo nos ha concedido una entrevista en El Mecanógrafo para hablarnos de su obra que se estrenó en París el invierno pasado y que seguro que va a dar mucho de qué hablar.

¿Qué supone para usted estrenar una obra de su autoría? Y es más, ¿cómo se compagina la tarea de autor con la de actor? ¿Aumentan las responsabilidades?
Para mí supone una enorme satisfacción. Ser actor, al mismo tiempo, es una ventaja porque se facilita muchísimo el desarrollo emocional del personaje durante la escritura del texto, y esto, a su vez, agiliza el proceso de la puesta en escena.

En la obra de Einstein y el Dodo, usted es el único actor. ¿Cómo es estar solo en el escenario durante una hora, una hora y media?
Trabajar solo sobre el escenario supone una gran exigencia actoral, pero tiene la ventaja de permitir al intérprete controlar el ritmo narrativo.

La obra, tal y como el título indica, se centra en Albert Einstein.¿Qué enseñanzas le ha aportado y qué parte ha sido la más complicada en la caracterización de este personaje?
Einstein es un personaje universalmente conocido por su aspecto físico, pero totalmente desconocido como persona. Humanizar el mito, con todas sus contradicciones, ha sido el gran reto.

Su carrera teatral es extensa. Supongo que de todos los personajes se puede aprender. ¿Recuerda algún personaje que le haya marcado?
Una de las cosas más hermosas del teatro es que te da la oportunidad de aprender constantemente. Y sí, hay un personaje que me marcó muy especialmente: Max Estrella, el protagonista de “Luces de Bohemia”.

¿Qué significa para usted estar sobre el escenario? ¿Qué se siente durante los minutos previos al comienzo de la obra?
Estar sobre las tablas te da la oportunidad de poder compartir una historia emocionante con otras personas y eso es maravilloso. Antes de comenzar, siempre se tiene la inquietud de saber que estás a punto de vivir un momento irrepetible.

¿Cómo ha afectado la crisis al mundo del teatro?
Los recortes económicos han sido tan brutales, que han enviado al paro a más de la mitad de la profesión.

¿Cuál cree que es la situación del panorama artístico y teatral en la actualidad? ¿Y en Aragón? ¿Cree que ha crecido o ha disminuido el interés por el teatro?
El potencial creativo en Aragón es extraordinario, sin embargo las inversiones para su desarrollo siempre han sido muy pobres. El interés por el teatro aumenta en aquellos lugares en los que se le da la verdadera importancia social que tiene.

¿Qué opina del público joven? ¿Cree que ha habido mayor afluencia de público joven a las obras teatrales?
La afluencia de jóvenes al teatro es proporcional al estímulo que reciben en su educación.

Por último, y en relación con la pregunta anterior, ¿podría dar algún consejo para aquellos jóvenes que quieran dedicarse al teatro en un futuro?
El teatro es una profesión difícil, exigente e insegura. Informarse y formarse es algo imprescindible si quieres dedicarte a ello.

__

¡Muchísimas gracias a Ricardo Joven por su tiempo! (:

Y los demás, ya sabéis, tenéis una cita este fin de semana en el Teatro del Mercado con “Einstein y el Dodo”. ¡No os lo perdáis!

domingo, 6 de noviembre de 2011

Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde…

Renace el mundo al saberse nombrado

Se apagan las luces, empieza la música. Entramos en las dimensiones del teatro: dimensiones que no se someten a ley alguna, dimensiones mágicas y de mecanismos ajenos. Pero que deslumbran. Como es el caso de Retrato, que ha estado con nosotros este fin de semana en el Teatro del Mercado. Retrato es una obra de Mariano Anós, único intérprete además, tan solo acompañado por la música de José Luis Romeo. En el programa la describían como un recorrido a través de la poesía española desde el siglo XVII al siglo XX. Pero no es solo eso. Porque la selección de poesía – de Quevedo a Cernuda, pasando por Espronceda – son pedazos de cada uno de nosotros y por tanto, Retrato no puede ser una obra cerrada, sino un espejo que nos llama a asomarnos a nosotros mismos.

Así, entramos en una nueva dimensión en la que la voz profunda de Anós nos llama a una introspección dirigida por las palabras de los grandes maestros de la Literatura: Lope, Salinas, Machado, Cernuda, Lorca, Gil de Biedma, Bécquer, Neruda… Menos de una hora para tratar los dos grandes macro temas de la humanidad: el amor y la muerte. El amor nos lo describen Lope – creer que el cielo en un infierno cabe -, Goytisolo - entre todos los ruidos de la noche yo distingo sus pasos - o Neruda – me gusta cuando callas porque estás como ausente -. Yo me quedo con Salinas y su alegría por vivir en los pronombres.La muerte y el miedo a morir nos lo transmiten con fuerza e intensidad Lorca en su ciudad sin sueño, León Felipe – no, no, no me contéis cuentos que vengo de muy lejos y sé todos los cuentos -, Espronceda y su pirata que no teme a la vida pues por perdida ya la di.

Y creo que merece la pena citar tres poemas excepcionales: por un lado el No volveré a ser joven de Jaime Gil de Biedma, en el que el autor creía que la muerte solo estaba en el teatro y expresa su sorpresa al descubrir que el único argumento de la obra es envejecer y morir; el famosísimo Retrato de Antonio Machado, para mí obra maestra y difícilmente superable, que da título al espectáculo – como ya he dicho, se nos anima a pintar nuestro propio retrato a través de la poesía -; y por último, el poema que se recita al final del propio Mariano Anós que reflexiona sobre la tarea del arte y dice que renace el mundo al saberse nombrado. ¿Por qué? Porque para eso está el arte, para crear el mundo y destruirlo al mismo tiempo – pues el arte está en borrarse -. Y si muchos versos – si mucha música, muchos espectáculos, muchos poemas, muchas obras, muchos personajes – son efímeros y van a perderse en el devenir del mundo, ¿por qué desperdiciar estas magníficas oportunidades que tenemos de conocernos a nosotros mismos a través de ellos?

Así que, no dejéis jamás de ver teatro. Éste es el mensaje de Retrato: no desaprovechéis el arte. Y esta obra no era sino arte en una tarde de cierzo en Zaragoza.

___

Natalia
:D

lunes, 31 de octubre de 2011

Esto (no) es Halloween

Que sí, que sí, que yo hoy me disfrazo de bruja y tú de Drácula y él de zombie y otros de momia, pero hoy no es Halloween, hoy es la noche de don Juan. Así que, ¡a tu salud, don Juan! A tu salud, diablo a las puertas del cielo.

sábado, 22 de octubre de 2011

Vendedores ambulantes, Máximos Estrellas y conciertos callejeros de viernes

Hoy ha sido un viernes interesante y digno del blog. Sé que la imagen no pega mucho porque la tomé desde la ventanilla del coche en Holanda y, obviamente, hoy no he estado en Holanda; hoy he estado en Zaragoza, esa casa con corriente con nombre propio: el cierzo ha vuelto y bien podría ser el que moviese el verde y lo azul de la fotografía y no un coche alquilado con GPS en francés. Pues sí, que el cierzo ha vuelto al hogar, cual turrón por Navidad, y ya me/nos ha obligado a sacar botas y a llevar capas y más capas. Incluso un gorro gris de lana se ha insinuado en algún momento…

Por eso ha sentado cierzamente, digo, ciertamente bien el café con leche y con porras del valor – aunque sé de alguien que prefiere el chocolate caliente –; en la chocolatería han empezado nuestras aventuras. Primero se ha presentado un señor mayor que vendía libros antiguos y que ha ido de mesa en mesa enseñándolos. Como era de esperar nadie le ha prestado atención – con su lento caminar, la pesada bolsa y los ojos cansados –, así que le he pedido que me enseñase los libros. No tenía dinero, en realidad, pero se ha alegrado de tener al menos una casi-cliente. La cosa ha seguido animándose cuando ha entrado en la tienda el Victor Hugo de España, digo, Ricardo Joven. “Es don Max”, dice Guille. “¿Seguro?”, respondo. “Segurísimo”. “¿Le decimos algo?”. Le decimos algo. Nos acercamos a él. “Disculpe, ¿trabaja con el Teatro del Temple?” Levanta la vista de su periódico – quizá hablaba de Maura y del Ateneo o quizá sólo estuviese recordando a cierto preso catalán –. “Sí”. “¿Es Máximo Estrella?” “Sí”. ¡Encontrarse a un personaje de Valle Inclán en plena Zaragoza! Estábamos en la Buñolería y ni lo sabíamos. ¿Alguien ha visto a Dorio de Gádex? A mí no me importaría conocerlo. Para mí, una apasionada de Valle Inclán, de Luces, de los palcos que no corresponden, de los abrazos que no se dan y sobre todo de la compañía del Teatro del Temple y su trabajo y sus actores *entrevista a Francisco Fraguas aquí, ejem*, ha sido una experiencia para recordar. Además, nos ha recomendado la obra Einstein y el Dodo de Oro que se estrenará en noviembre en el Teatro del Mercado. Asistencia obligada.

Y por la tarde, tras una comida de queso, un café con fotos de los Beatles, un paseo con prejuicios lingüísticos, la música ha salido a nuestro encuentro. No sé qué pasaba hoy – probablemente que era viernes, ya sabéis, I’ve got Friday on My Mind – pero Zaragoza vibraba. Primero, un trío de dos violonchelos y un violín, de esos que merece la pena escuchar, a mitad de Independencia. Y, al inicio de Gran Vía, había vida, basicamente vida, en la música de los Skarallaos, que venían de Galicia para tocar esta noche en Zaragoza:

Y poco más os cuento: sólo que he acabado Murakami y ahora estoy con Emma y León y Carlos en un Flaubert que no conocía y me está maravillando. 

Pasad buen fin de semana.
Pero no paséis frío (:

Natalia

jueves, 13 de octubre de 2011

Con tus monos azules se podría hacer un mundo mejor (o de la Barraca)

Yo arrancaría de los teatros las plateas y los palcos y traería abajo el gallinero. En el teatro hay que dar entrada al público de alpargatas. '¿Trae usted, señora, un bonito traje de seda? Pues, ¡afuera!'. El público con camisa de esparto frente a Hamlet, frente a las obras de Esquilo, frente a todo lo grande.

FEDERICO GARCÍA LORCA

 
Exposición en el Paraninfo para la que sobran las palabras. Visita más que obligada. ¡No os la perdáis!

domingo, 18 de septiembre de 2011

Cuatro columnas de cieno (o de las tiendas de frutas)

Los patos y las palomas
y los cerdos y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones

Éste es el Nueva York de los años 30; éste es el Nueva York que ahogó a Lorca: lo ahogó, sí, pero hizo que despertara la faceta más crítica, más angustiosa, más furiosa, rabiosa, poética, surrealista, bella, dura, sangrienta, violenta, dolorosa, la faceta más desgarradora del poeta granadino –¿granadino? Yo ya diría universal. Éste el Nueva York que nos presenta la compañía Teatro Imaginario en la actuación que he ido a ver esta tarde al Teatro del Mercado de Zaragoza acompañada de muy buenos amigos.

¿Cómo representar al Lorca de la etapa neoyorquina? Es tan complicado y, al mismo tiempo, tan simple. Por un lado, esas imagenes deshumanizadas y esos versos macabros de niños muertos y perros y carbón y aristas y cieno. Pero por el otro, ese instinto tan puro, tan claro, tan directo, tan humano de criticar, de destruir para construir algo mejor, de hacernos llegar un mensaje a través de esa dureza de la que antes os hablaba porque la poesía de Lorca no es el infierno, es la tienda de frutas.

Teatro Imaginario hace un muy buen trabajo con tamaña obra: como ellos mismos explican, no pretenden hacer una obra de teatro cualquiera pero tampoco un recital ni un concierto. Quieren que Lorca llegue al público, y cómo no conseguirlo – al menos conmigo, porque es leer Lorca y estremecerme hasta la médula. Así que he de admitir que iba con gran disposición desde el principio – me han dicho que estaba tan nerviosa que daba botes, ya sabéis o deberíais saber que Federico es mi punto literario más débil – pero la adaptación de la compañía no ha dejado de sorprenderme: la música en directo hipnotizante, las columnas de humo bajo los focos de colores cambiantes, la increíble voz rasgada de Alfonso Desentre, los papeles rotos, las maletas ensangrentadas, los cigarrillos consumidos, las muñecas de porcelana. Y Lorca, Lorca, Lorca: su verso, su universo, su crítica afilada.

Diez poemas nos han representado; diez poemas llenos de magia: el Rey de Harlem, Nueva York: oficina y denuncia, Ciudad sin sueño, Asesinato, Fábula y Rueda de los tres amigos… Pero desde aquí os ruego encarecidamente que leáis todo Poeta en Nueva York porque no exagero cuando digo que encierra un mundo (o lo destruye). Además, aquí no estamos para ver el cielo ni para ordenar paisajes. Aquí estamos para denunciar. ¿Y si sois perezosos para leer? Las claves del cambio en siete sencillos pasos:

Así que desde aquí dar la enhorabuena al Teatro Imaginario por su producción y mi sincero agradecimento por ahondar en las críticas del poeta. Quiero decir, de El Poeta.

¡Saludos de una chica que mañana empieza Filología Hispánica y no puede esperar!

Hueco y Nueva York

Canta el gallo y su canto dura más que sus alas.

Esta tarde voy a ver Poeta en Nueva York de Lorca. Porque el canto de Lorca lo ha sobrevido y perdura, ya que a él le cortaron sus alas.

Ya os contaré (:
(y mañana empiezo la uni!)

domingo, 13 de marzo de 2011

Están respirando amor

¡Don Juan!, ¡don Juan!, yo lo
imploro
de tu hidalga compasión
o arráncame el corazón,
o ámame, porque te adoro.

 

 

 

 

 

 

Este viernes, como ya os había anunciado, me dejé caer por el teatro Principal en muy buena compañía: el Teatro del Temple, una obra maestra, un gran clásico, una muy buena tarde a mis espaldas, mi chico y una camisa azul. Así que la cosa prometía y, como ya sospechaba, la noche acabó muy bien, con una gran adaptación a manos del Teato del Temple.

Don Juan Tenorio es una obra de la literatura española que no deja a nadie indiferente y que, además, todo el mundo conoce. Así que vas al teatro esperando algo determinado: los versos de Zorrilla, el mónologo de don Juan a la luz de la luna, Sevilla, Romanticismo, estatuas, cementerios. Y por eso, cuando te sorprenden con una adaptación completamente distinta, te es muy gratificante. He de dejar claro una cosa: la adaptación que hace el Teatro del Temple de don Juan Tenorio no es una de estas versiones tristes y pálidas que se están llevando a cabo hoy día, éstas que intentan transformar súbitamente un clásico en contemporáneo y decepcionan hasta la médula. No, el Teatro del Temple consigue, como ya hicieron con Luces de Bohemia, a través de unos elementos sutiles, llevar la obra a los años 70-80 y, aun así, transmitirte la esencia del drama de Zorrilla. ¿Cuáles son esos elementos? El vestuario, los colores, la música, que la taberna de Buttarelli no sea una taberna sino un pub. Y, pese a esto, don Juan sigue siendo el galán de siempre; doña Inés, la novicia desorientada; don Gonzalo, el padre burlado. Y así el Teatro del Temple nos enseña una cosa muy importante: la atemporalidad de la obra literaria.

Si algo me maravilla del Teatro del Temple son sus decorados y sus iluminaciones: su puesta en escena. ¡Es increíble! Con cuatro cosas – y hablo literalmente – crea muchísimas escenas diferentes; proyectando en el telón una luna o un rosetón, te hace visualizar el resto del paisaje. Sus obras tienen una sencillez abrumadora y, a la vez, un lenguaje profundísimo. Además, el reparto borda a los personajes. Y sí, los visten diferente, pero calcan su esencia. Y bueno, quiero destacar desde aquí la interpretación de Francisco Fraguas como don Juan, aunque sin dejar de aplaudir al resto del elenco y a su gran trabajo.

En definitiva, una de las obras que no se olvidan.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Entrevista a Francisco Fraguas: el don Juan del Teatro del Temple

Cartel Don Juan Tenorio

Hoy se estrena la mítica obra Don Juan Tenorio en el Teatro Principal de Zaragoza y, además, de mano de una de las mejores compañías de teatro que están trabajando en la actualidad: el Teatro del Temple.

Don Juan Tenorio es un caballero pendenciero y amante de las mujeres, a las que con su encanto personal y también físico, seduce luego abandona. En unos de sus alardeos amatorios va a enfrentarse a don Luis Mejía, al que confiesa su intención de seducir a una joven novicia, doña Inés, hija del comendador don Gonzalo de Ulloa; lo que no se esperará don Luis es que, en un alarde de máxima provocación, también se proponga seducir a su prometida doña Ana de Pantoja. A ambas las seduce.

Cómo para no seducirlas, si Don Juan es genio y figura que la razón atropella, la virtud escarnece, a la justicia burla y a las mujeres vende. Así que sí, podremos disfrutar de una adaptación que promete mucho hasta este domingo. Yo ya tengo mis entradas para este viernes; definitivamente es una cita a la que una admiradora de este burlador y de su creador, José Zorilla, no puede faltar.

Francisco Fraguas, actor de esta compañía y protagonista de la obra, me ha respondido a unas cuantas preguntas y, tanto desde este blog como el periódico Zaragózame en el que trabajo, quiero volver a darle las gracias por acceder a esta entrevista de una chica inexperta como soy yo que sólo puede admirar el trabajo que, día a día, personas como él llevan a cabo. Así que os dejo con Francisco, que seguro que tiene cosas mucho más interesantes que contaros.

“Don Juan,además de muy teatral,es muy teatrero”


Créditos por la imagen aquí

En primer lugar, muchísimas gracias por concederme esta entrevista. Dentro de nada estrenas con la compañía del Teatro del Temple la obra Don Juan Tenorio. ¿Cómo se siente uno en la piel de don Juan?
Pues tan a gusto. El personaje además de muy teatral es muy teatrero; le pasa lo mismo a la obra. Hay mucha acción y muchísimos estados de ánimo que mostrar al espectador… Ahora, si Don Juan fuera una persona real sería “pa matarlo”.

Don Juan Tenorio llevaba muchos años sin representarse, al menos en Zaragoza. Siempre hemos disfrutado de las lecturas que se organizan en nuestra ciudad, pero que una compañía como el Teatro del Temple haya dado el paso de representarla es un lujo. Sin embargo, ¿es sencillo trabajar un clásico como el de Zorrilla o, precisamente, por ser un clásico presenta más dificultades?
Tiene de todo. Por un lado cuentas con la complicidad de la gente porque todo el mundo tiene la obra más o menos en la cabeza, como un cuento que te hayan contado de pequeño los abuelos. Por otro lado hacer algo tan conocido es un riesgo. Nosotros hemos buceado mucho en la obra para intentar hacer una versión muy personal del clásico.

¿En qué situación se encuentra el teatro en la actualidad? Desde tu punto de vista, ¿por qué el teatro parece haber pasado a un segundo plano en nuestros días? ¿Qué papel juega Aragón en todo esto?
Siempre se dice que el teatro está en crisis pero en esta época que vivimos es los de artes los que mejor están aguantando. El número de espectadores llevaba cinco años subiendo, el año pasado bajó un poco pero el teatro está soportando la crisis como un campeón. No creo que esté en un segundo plano y, la verdad no sé qué papel juega Aragón en todo esto. Se hacen cosas más o menos bienintencionadas pero siempre ha faltado una dirección clara en las políticas culturales.

Personalmente, ¿qué te movió a ser actor? ¿En qué papel has disfrutado más? ¿Qué ventajas y desventajas tiene esta profesión frente a otras?
Como casi todos mis compañeros empecé en el grupo de teatro del instituto, luego te pilla el gusanillo y te metes en la Escuela Municipal de Teatro. Son tres años, seis horas al día. He disfrutado mucho haciendo de Lorca en “Buñuel, Lorca y Dalí”, en “Ventajas de viajar en Tren” y en esta de ahora en los ensayos me lo he pasado chipén. Aún nos quedan varios bolos de “Luces de Bohemia” que llevamos representando desde septiembre de 2007. Allí hago 8 papeles distintos y de verdad, también disfruto una barbaridad.

Por último, ¿podrías dar algún consejo a todos aquellos jóvenes que quieren dedicarse al teatro?
Que se apunten a un grupo de teatro aficionado para pasárselo bien y tener un primer acercamiento al teatro y si luego tienen una vocación profesional que intenten tener la mejor formación a la que se puedan acceder.

¡Gracias, Francisco!
Y a los que leéis esto: si tenéis oportunidad, ya sabéis, el Teatro del Temple y su don Juan Tenorio, desde hoy, en el Teatro Principal de Zaragoza.

:D

P.S. ENLACE A LA ENTREVISTA EN EL ZARAGÓZAME

domingo, 27 de febrero de 2011

Con gato y sin piso

¡Todo sea por el status quo de Teíto!

Pues sí, porque Teíto, un gato que sólo maulla tras las paredes, es uno de los principales eje que mueven la acción en El Pisito, novela de Rafel Azcona; ahora llevada a las tablas con la versión teatral de Juanjo Seoane y Bernardo Sánchez, bajo la dirección de Pedro Olea y con actuaciones tan memorables como la de Teté Delgado, Asunción Balaguer y, sobre todo, Pepe Viyuela.

El Pisito, famosa por su versión cinematográfica protagonizada por José Luis López Vazquez, narra la historia de una pareja de los años cincuenta, Rodolfo y Petrita, que no se pueden casar porque no tienen un piso para vivir. Tras muchos años de noviazgo y a través de una curiosa serie de circunstancias, deciden que la única solución es que Rodolfo se case con la casera de su pensión, Martina, una anciana de 87 años, para heredar su dinero y su pisito y así, una vez viudo, poder casarse con Petrita. Los problemas empezarán cuando doña Martina, una vez recibidas las bendiciones, parezca decidida a convertirse en centenaria, resisitiéndose a morir.

Obra que despierta carcajadas en todo momento, El Pisito recrea una época que no dista de la actual: no nos casamos con caseras, como decía ya por aquí, sino con bancos. Azcona refleja en su novela un humor amargo que convierte la realidad en una burla pero que cubre bajo esa sátira aguda una crítica hacia los lazos profundos que todos trabamos con el poderoso caballero don dinero.

He de destacar sobre todo, como ya he señalado antes, la actuación de Pepe Viyuela: la sencillez que viste rayando en lo anodino que tan bien casa con el caracter de Rodolfo Gómez; y la originalidad del escenario y de la iluminación, haciendo especial hincapié en esa puerta de cristales sucios y reflejos deformes. Así, a pesar de que llamen a Rodolfo Fito y no Fofó como yo esperaba, El Pisito es una agradable adaptación que te hace disfrutar de la magia del teatro.

¡Teatro para todos! Es, definitivamente, de lo mejor que tenemos en la actualidad. Así que a maravillarse un poquito, que nunca está de más.

Feliz inicio de semana a todos :D

jueves, 24 de febrero de 2011

Que sepan que no he muerto (o de Lorca y su dolor)

Quiero dormir un rato
un segundo
un siglo
pero que sepan que no he muerto

Cartel de "Dolorca"

Ayer me fui al Principal, con el hombre que siempre va conmigo, como diría Machado – esto es, mi sombra –, a admirar una vez más a García Lorca. Esta vez fue posible gracias a los alumnos de la Escuela Municipal de Teatro, que habían organizado, bajo la dirección de Blanca Resano, el homenaje de Dolorca, un trabajo impecable que me hizo estremecer, reír, llorar y, sobre todo, maravillarme con el legado que el señorito Federico dejó a sus espaldas.

Utilizando las posibilidades y las innovaciones que el teatro contemporáneo ofrece, los organizadores de Dolorca han conseguido una obra increíble en la que se han de destacar las grandísimas inerpretaciones de los estudiantes, el montaje, las luces, el sonido, el corte de escenas, los complementos, el vestuario… Sí, hasta el más mínimo detalle estaba cuidado y esto hizo que las dos horas de la representación se me pasaran volando.

Dolorca sintetiza la vida de Federico García Lorca de una manera espléndida: desde su infancia y sus relaciones familiares hasta su viaje a Nueva York en el 29 pasando por el verano en Cadaqués con Salvador Dalí y su correspondencia con éste. Sin embargo, también nos presenta sus obras tanto poeta como dramaturgo, de manera que piezas teatrales como La Casa de Bernarda Alba o Bodas de Sangre quedaron representadas casi íntegramente – o, al menos, los momentos cúlmines de las mismas –. De aquí se deduce la cantidad de roles que los actores debían de adoptar y así se ha de aplaudir su capacidad y su habilidad para mimetizarse, para ser Lorca y luego Martirio y después un falangisa y más tarde Dióscolo y luego doña Vicenta y luego un neoyorquino y una secretaria y un asesino y Dalí y Buñuel y todos y nadie y luego García Lorca otra vez.

Aplaudir además la sutileza con la que es tratado el tema del asesinato de Federico García Lorca y de la Guerra Civil con unas imágenes que dan mucho para pensar y bajo las que se entrevé una dura crítica que te remueve por dentro.

¡Enhorabuena, de verdad, fue un trabajo impresionante!
Y para Lorca… Bueno, para Federico no hay palabras suficientes. Así que robo unas suyas – de mis favoritas- para cerrar, una vez más, una entrada dedicada a él.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

domingo, 21 de noviembre de 2010

De todos los seres humanos, el menos humano

-¡El cofrecito, su querida cajita! ¿No la has sacado de mi casa?
-No ha salido.
-Y dime, ¿no la has tocado?
-¿Tocarla yo? La ofende a ella y a mí. Yo me abraso en un amor
puro y respetuoso por ella.
-¡Por mi cajita!

Ya añoraba el teatro. Y qué mejor forma de recuperarlo que con la función del Avaro de Molière, que ha estado con nosotros este fin de semana sobre las tablas del Principal. Y me ha gustado, me ha gustado mucho, sí señor. Quizá porque la idea de ir surgió de repente, quizá porque no tenía muy claro el argumento y éste me sorprendió muy favorablemente desde el principio. Bueno, no desde el principio. Desde que entró en escena Harpagón, el Avaro, encarnado en un brillante Juan Luis Galiardo. ¡Qué grandísima interpretación!

La obra trata de los enredos que se producen en la familia de Harpagón a raíz de la avaricia de éste: los deseos de sus hijos parecen condenados a no cumplirse. Pero ambos lucharán por lo que aman, lucharán contra su padre. Pero cuando toquen el talón de Aquiles de éste – el dinero – las cosas no harán sino complicarse.

Entramos así en un teatro sencillo, capaz de lograr la más pura hilaridad con unas frases, unos juegos y unos giros simples, ingeniosos y limpios que convierten a Molière en una de las más importantes figuras del teatro universal. Las actuaciones que nos ofrecen todos los participantes de la obra, la sobriedad del escenario, los rostros empolvados en un guiño a tiempos pasados, la lección que nos enseña la obra sólo pueden ser tachados de impecables.

Y, además, destacar las palabras de Galiardo al finalizar la obra y las ovaciones, en ese momento en que “se abandonan a los personajes y se vuelve a ser personas”, en ese momento en que Hapargón desaparece y vuelve el ser humano. Palabras en las que Galiardo resaltaba la necesidad de colaborar entre todos para volver a recuperar ese gusto por el teatro para retomar, así, “unos valores que actualmente se encuentran pisoteados”. Yo tomo nota, ¿y vosotros?

Si tenéis oportunidad, no os la perdáis.
¡Feliz inicio de semana!

martes, 16 de noviembre de 2010

Espejos cóncavos

-Latino, entona el gori-gori.
-Si continúas con esa broma macabra, te abandono.
-Yo soy el que se va para siempre.
-Incorpórate, Max. Vamos a caminar.
-Estoy muerto.
-¡Que me estás asustando! Max, vamos a caminar. Incorpórate, ¡no tuerzas la boca, condenado! ¡Max! ¡Max! ¡Condenado, responde!
-Los muertos no hablan.

Relectura obligatoria de una de mis obras favoritas del teatro español para mi examen de Literatura de mañana: Luces de Bohemia, de Ramón del Valle-Inclán. Descubrí la magia de esta obra con una rápida lectura el año pasado (viernes de exámenes con prisas en un autobus repleto de gente terminé en el velatorio de Alejandro, digo, Max) y con una magnífica representación a manos del Teatro del Temple. Aprender así Literatura es una maravilla, en tan buena compañía y con un genio como Valle.

De su obra me maravillan, sobre todo, las acotaciones –¡incluso más que Dorio, y eso en mí es mucho decir!-. Cómo puede expresar tanto, con tan pocas palabras, con esos adjetivos cargados de significado, con esa sonoridad que raya en la musicalidad, cómo puede crear un universo en unas simples líneas:

MAX y DON LATINO, borrachos lunáticos, filósfos peripáteticos, bajo la linea luminosa de los faroles, caminan y tambalean. ¿No oléis el alcohol? ¿No los véis brillar en la oscuridad, siguiendo ese camino de faroles, elucubrando pensamientos sin sentido, nubladas sus mentes? Hay un viejo chabacano –bisoñé y manguitos de percalina-, que escribe, y un pollo chulapón de peinado reluciente, con brisas de perfumería, que se pasea y dicta humeando un veguero. Ahora sí que tenéis que haber olido el perfume barato, haber visto el peinado hacia atrás, incrustado en el cráneo, tenéis que haber movido la mano para retirar el denso humo gris.

Un café que prolongan empañados espejos. Mesas de mármol Divanes rojos. El mostrador en el fondo, y detrás un vejete rubiales, destacado el busto sobre la diversa botillería. El Café tiene piano y violín. Las sombras y la música flotan en el vaho de humo, y en el lívido temblor de los arcos voltaicos. Los espejos multiplicadores están llenos de un interés folletinesco. En su fondo, con una geometria absurda, extravaga el Café. El compás canalla de la música, las luces en el fondo de los espejos, el vaho de humo penetrado del temblor de los arcos voltaicos cifran su diversidad en una sola expresión. Entran extraños, y son de repente transfigurados en aquel triple ritmo, MALA ESTRELLA y DON LATINO.

Y ante esta obra de arte, solo podéis haberos quitado el sobrero.  Como mi peripatético favorito me dijo una vez: “Cuando tengamos nuestra editorial, publicaremos una edición solo con las acotaciones de Luces”.

sábado, 23 de enero de 2010

Cráneo privilegiado

-Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.
-¡Estás completamente curda!
-Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos del Esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
"No estamos viendo teatro. Estamos viendo esperpento.", dijo alguien por ahí y no andaba nada equivocado. Ramón María del Valle-Inclán es el padre de esta forma de mirar el mundo tras el espejo cóncavo del fondo del vaso, que encuentra su máximo exponente en la obra Luces de Bohemia y, sobretodo, en su dos emblemáticos protagonistas: Máximo Estrella y Latino de Hispalis. La obra narra, pues, la vida de ambos, pero de una forma más que curiosa: una única noche, en la que no hay más luces que las de los bohemios pernoctantes, nos sirve de maravilla para conocerlos a ambos, y rascar de ese fondo del vaso su carácter y personalidad. Y no solo la de ellos: mientras pasean por un Madrid absurdo, brillante y hambriento, te familiarizas con la familia de bohemios que han hecho de la oscuridad su hogar: los borrachos, taberneros, ministros, los modernistas de la Buñolería Modernista... -¡yo me quedo con estos últimos!-.

La compañía del Teatro del Temple ha realizado una magnífica adaptación de esta complicada obra que aun estáis a tiempo de ver en el Teatro Principal de Zaragoza. Aunque leerla es una maravilla - las acotaciones de Valle-Inclán podrían ser la obra entera-, ver Luces de Bohemia sobre las tablas tiene algo de mágico: tiene esta adaptación un aire tan bohemio - solo se puede describir así, ya me empieza a sonar rara la palabra -, eléctrico y abandonado que te atrae mucho. Los cambios de escenario son geniales y casan muy bien con el ambiente de la obra.

Los actores son una maravilla - nunca me cansaré de repetir que los actores de verdad son los de teatro - y se ha de aplaudir la maravillosa capacidad de mutación que tienen: casi todos ellos representan más de dos personajes y con un leve cambio de voz bordan el personaje. Yo me quedo con el acento nicaragüense de Rubén Darío. Aunque el insuperable es Dorio de Gádex. ¡Y eso tampoco me cansaré de repetirlo!

-¡Pérez, no metas la pata! Don Filiberto, un servidor es neo-maltusiano.
-¿Lo pone usted en las tarjetas?
-Y tengo un anuncio luminoso en casa.

Qué paradoja que cuando amanece y la noche acaba, la obra el esperpento termina. Pero termina como ha de hacerlo un esperpento: con controversia, deformidad, muerte y espejos.

¡Saludos!
Natalia

P.S. Yo me apunto al plan de Don Max y Don Latino de comprar un Palacio en el callejón del Gato. ¿Quién se apunta?