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domingo, 5 de diciembre de 2010

Tres son multitud

Llegaba Antonio Machado los martes a las 17h a casa de Juan Ramón Jiménez. Éste lo recibía, pulcro, como siempre; sin taras en su vestir, sin grietas en su traje, tan sólo un brillo de reprobación en su mirada, mientras luchaba con sí mismo para no recriminar a Machado por su aspecto, un pulso con el que perdonaba, dulce, cuando odiaba; aquél sonreía, vivaz, como siempre; pero con el cuello de la camisa mal doblado, amarillento, se intuía un lamparón – o dos –, el pelo demasiado largo o la sonrisa demasiado abierta o la mente demasiado descuidada, olvidadiza; tejía su expresión, modelaba la forma de sus dientes y la curvatura de sus labios mientras se preguntaba si era clásico o romántico. No lo sabía. Dejar quisiera su verso, como deja el capitán su espada. Pero no podía abandonar las letras, su pasión; al igual que Juan Ramón Jiménez nunca abandonaría las jotas, su sonido, y esa obsesión por la limpieza. Tan distintos y compañeros, amigos, vividores conjuntos de un mismo sueño.

Y Federico –¡oh, Federico!- que habría de llegar siempre acto seguido, no podía sino encontrarse un ambiente tenso en el que, él mismo, de aspecto tan cuidado, pelo enjaulado hacia atrás, zapatos pulidos, brillantes, calcetines cuidadosamente escogidos, corbata perfectamente anudada, perfume a sur, perfume a fuerza, a poesía, él se convertía en una suerte de dandi tan contrario a Machado y con tanta pulcritud como deseaba Juan Ramón Jiménez, zapatos color corinto, medallones de marfil,y este cutis amasado con aceituna y jazmín.

Un día los tres protagonizarían una escena que me hace reír a carcajadas, como a los tertulianos del Pombo que por primera vez la escucharon. Al llegar Lorca una tarde, cuando Machado ya había marchado, fue a sentarse en una silla del salón de Juan Ramón. Éste, alarmado, le prohibió hacerlo. Lorca se quedó de pie – yo lo imagino balanceándose levemente, con una nube en el ceño – y apareció Zenobia, mujer del padre de Platero, con palangana en mano. Y sí, roció de agua la silla, y la limpió a fondo. La única explicación que Lorca recibió, que transmitiría después a sus amigos del Pombo, fue: “Se acaba de sentar Machado en ella”

¡Quién viviera en esa época, para reírse con Lorca!

miércoles, 9 de junio de 2010

Del 27 (vol.2)

La Generación del 27 parece llevar a cabo una “deshumanización” del arte. Antes, el arte compartía la existencia del ser humano, era una suerte de compañero, sin embargo, y gracias a la influencia de las vanguardias, el arte se convierte en algo más intelectual que requiere cierta formación artística. Esta “despersonalización” del arte está muy influenciada por la ya nombrada poesía pura, inaugurada por Juan Ramón Jimenez y que León Felipe describe de la siguiente manera:
Deshaced este verso.
Quitadle los caireles de la rima
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía
eso
será la poesía.
Así, podemos decir que hasta el siglo XIX el arte era figurativo, porque el autor trataba de imitar y plasmar en su obra la realidad que lo circundaba. Sin embargo, en el siglo XX el arte se convierte en algo reservado a “minorías”. Las vanguardias propician esta ruptura, y así el arte deja de ser imitativo sino que presenta otras realidades y por esto deja de ser entendido por gran parte del público. El arte será entonces algo elitista: comprender el arte se convierte en un honor.



Sin embargo, los del 27 no tardarán en buscar la re-humanización del arte, con un consiguiente y maravilloso equilibro entre lo popular –esa poesía “sin pureza”- y lo culto –esa poesía elitista-. Para mí, uno de los más claros ejemplos es el Romancero Gitano del siempre grande Federico García Lorca pues - sin descuidar en ningún momento la forma y la musicalidad del poema - se acerca a la cotidianeidad y a lo bello de la simplicidad.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre el mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera flota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
Pero ¿quién vendrá? ¿Y por donde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
(EXTRACTO DEL ROMANCE SONÁMBULO)

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¿No andáis descolocados esta semana? Tengo la sensación de que es cualquier día menos miércoles. Serán las ganas del fin de semana. Y, a todos los zaragozanos que han empezado hoy selectividad, mucha suerte y mucho ánimo (:

Besos
N

P.S. Me da que Literatura me lo voy a saber guay, pero que estoy descuidando mis "queridísimas" Ciencias para el Mundo Contemporáneo o la Economía. Eso significa... ¡Tarde de estudio! Más o menos ;)

martes, 8 de junio de 2010

Del 27 (vol.1)

Los del 27, o cómo preparar un examen de Literatura. Sí, damas y caballeros, vuelvo a estar de exámenes, para variar un poco. Objetivo: estudiarme a la Generación del 27 para el martes que viene, sin estudiarla, tan solo admirándola. Así que, os toca una semana vanguardista y lorquiana. ¿No os quejaréis, eh?

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Los poetas del 27 admiran a la figura de Luis de Góngora y Agorte, máximo exponente de la corriente del culteranismo. Némesis de Quevedo, Góngora sería un autor incomprendido en su época, pues su lenguaje elevado lo alejaba del público popular y parecía restarle mérito. La Generación del 27 admira la figura de Góngora por considerarlo avanzado para su tiempo y el poeta y dramaturgo cordobés se convierte, más de 200 años después, en el hilo conductor de este grupo de poetas que tanto enriquecerán nuestra Literatura: todos ellos se dan cita, encabezados por Ignacio Sánchez Mejías – futuro protagonista de Lorca -, en el Ateneo de Sevilla para rendirle homenaje al que consideraban su maestro.

Ninfa, de Doris hija, la más bella,
Adora, que vio el reino de la espuma.
Galatea es su nombre, y dulce en ella
El terno Venus de sus Gracias suma.
Son una y otra luminosa estrella
Lucientes ojos de su blanca pluma:
Si roca de cristal no es de Neptuno,
Pavón de Venus es, cisne de Juno.
LUIS DE GÓNGORA Y AGORTE
(FÁBULA DE POLIFEMO Y GALATEA)

Sin embargo, la generación anterior, esto es, la del 14 o el Novecentismo, también habrán de brindar ayuda a los del 27. La figura de Juan Ramón Jimenez cobrará gran importancia por su poesía pura.

Así, con este conocimiento previo y profundo de toda la Literatura anterior – que llevará, por ejemplo, a Dámaso Alonso a re-estructurar la obra de Góngora, tarea que sin instrucción habría sido imposible de realizar-, esta Generación va a romper de lleno con toda corriente literaria predecesora, aunque sin dejar de admirarla y contemplarla, pues creen que la Literatura está en una renovación permanente.
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¿Interesante, verdad, esto de estudiar en el blog?
Natalia