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martes, 12 de noviembre de 2013

Caballos y quimeras.

Varias veces había notado don Gabriel la irresistible tendencia de su imaginación viva, ardorosa y plástica, a construir, con la vista de un objeto, sobre la base de una palabra, un poema entero, un sistema, una teoría vasta y universal, llegando siempre a las últimas y extremas consecuencias: propensión que le explicaba facilmente los muchos desengaños sufridos y aquello que llamaba él caérsele muertos los caballos. Le sucedia también que la experiencia no le enseñaba a cautelar, y cada nueva construcción la emprendía con igual lujo y derroche de ilusiones y esperanzas.

EMILIA PARDO BAZÁN.
La madre Naturaleza.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Los grandes y la crisis (vol.1): (Somos) Bípedos ignorantes.

—Veamos, Cecilia Jupe: ¿qué es tu padre?
—Se dedica a eso que llaman equitación, señor; a eso es a lo que se dedica.
El señor Gradgrind frunció el ceño e hizo ademán con la mano de rechazar aquella censurable profesión.
—No queremos saber aquí nada de eso; no nos hables aquí de semejante cosa. Supongo que lo que tu padre hace es domar caballos, ¿no es eso?
—Eso es, señor; siempre que tienen caballos que domar, los doman en la pista, señor.
—No debes hablarnos aquí de la pista. Bien; veamos, pues. Di que tu padre es domador de caballos. Supongo que también los curará cuando están enfermos, ¿no es así?
—¡Claro que sí, señor!
—Perfectamente. Entonces tu padre es albéitar y domador. Dame la definición de lo que es un caballo.
Cecí Jupe se queda asustadísima ante semejante pregunta.
—La niña número veinte no es capaz de dar la definición de lo que es un caballo— exclama el señor Gradgrind para que se enteren todos los pequeños jarritos—. ¡La niña número veinte está ayuna de hechos con referencia a uno de los animales más conocidos! Veamos la definición que nos da un muchacho de lo que es el caballo. Tú mismo, Bitzer. (…) Veamos tu definición del caballo.
—Cuadrúpedo, herbívoro, cuarenta dientes; a saber: veinticuatro molares, cuatro colmillos, doce incisivos. Muda el pelo durante la primavera; en las regiones pantano sas, muda también los cascos. Tiene los cascos duros, pero es preciso calzarlos con herraduras. Se
conoce su edad por ciertas señales en la boca.
Esto y mucho más dijo Bitzer.
—Niña número veinte —voceó el señor Gradgrind-, ya sabes ahora lo que es un caballo.

CHARLES DICKENS
Tiempos difíciles.

Hace un tiempo nombraba siete poemas de Federico que nos ayudarían a cambiar el mundo. Pero como esto es lo de “¿crisis?, ¿qué crisis?” nos olvidamos todos de muchas cosas. Qué bien nos vendría a todos leer a Lorca. O, sencillamente, leer.  Así que inauguro sección/etiqueta/nube. Enseñanzas de los grandes.

Disfrutadlas.
Y aprended.

domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Paraíso perdido o ganado?


O fairest of Creation, last and best
Of all Gods works, Creature in whom excell'd
Whatever can to sight or thought be formd,
Holy, divine, good, amiable, or sweet!
How art thou lost, how on a sudden lost,
Defac't, deflourd, and now to Death devote?
Rather how hast thou yeelded to transgress
The strict forbiddance, how to violate
The sacred Fruit forbidd'n! som cursed fraud
Of Enemie hath beguil'd thee, yet unknown,
And mee with thee hath ruind, for with thee
Certain my resolution is to Die;
How can I live without thee, how forgoe
Thy sweet Converse and Love so dearly joyn'd,
To live again in these wilde Woods forlorn?
Should God create another Eve, and I
Another Rib afford, yet loss of thee
Would never from my heart; no no, I feel
The Link of Nature draw me: Flesh of Flesh,
Bone of my Bone thou art, and from thy State
Mine never shall be parted, bliss or woe.

JOHN MILTON.
Paradise Lost (Book IX)


domingo, 23 de septiembre de 2012

C'est le ciel

—¿Sabéis lo que es la amistad? —preguntó él.
—Sí —respondió la gitana—: es ser hermano y hermana, dos almas que se tocan sin confundirse los dedos de la mano.
—¿Y el amor? —prosiguió Gringoire.
—¡Oh! ¡El amor! —dijo ella, y su voz tembló y sus ojos brillaron—. ¡Eso es ser dos y no ser más que uno solo! ¡Un hombre y una mujer que se funden en un ángel! ¡Es el cielo!


VICTOR HUGO.
Nuestra Señora de París.

Mais mon amour
Mon doux, mon tendre, mon merveilleux amour,
De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
Je t’aime encore
Tu sais: je t’aime


JACQUES BREL.
La chanson des vieux amants.


La noche no quiere venir
para que tú no vengas,
ni yo pueda ir.
Pero yo iré,
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tu vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.
El día no quiere venir
para que tú no vengas,
ni yo pueda ir.
Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.
Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera y
tú mueras por mí.

FEDERICO GARCÍA LORCA.
Gacela del amor desesperado.

Gracias.
N.

P.S. Pasear bajo la noche sin techo, de teclas de piano. Ser dos y no ser más que uno solo.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Estudio de un carrusel: la novedad de la rutina (o de girar picaportes)

I'm just sitting here
Watching the wheels go round and round
I really love to watch them roll
No longer riding on the merry-go-round
I just had to let it go

JOHN LENNON.

Dice Cortazar, ruega Cortazar:

Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano.  Hasta luego, querida.  Que te vaya bien.

Hasta luego, querida, que te vaya bien, un día más. Mañana, lunes, empezamos de nuevo. Hasta luego, hasta ahora. Ya estamos aquí. En Septiembre siempre pasa lo mismo: el estallido breve de la novedad. Y después, la rutina. Ya sabéis que la rutina es mi obsesión, como el color gris, Los Beatles y el café bombón. Hablo de la no-rutina, por supuesto. Encontrar lo mágico, lo único, dentro de lo cotidiano. Eso es mi filosofía de vida, además de las canciones de George Harrison. Y los picaportes: los picaportes también se van a convertir en una obsesión, en una metáfora perfecta para esta no-rutina que inauguré hace ya tres años, cuando iba a cambiarme de cole, cuando todo iba a comenzar. Los picaportes, dice Cortazar, son lo más cotidiano del mundo; también lo dice Muñoz Molina, y esto sí que es palabra de Dios: en su relato La gentileza de los desconocidos se descubre a un asesino por la forma en que abre las puertas:

—Fue la manera en que usted abrió la puerta. Usted nunca había entrado en la cocina hasta hoy ni había manejado los pomos de esta casa. Quiero decir, en mi presencia. Los pomos se giran hacia la izquierda, y en vez de empujar las puertas hay que tirar de ellas. Abrir puertas es uno de los actos que más repetimos en nuestra vida, amigo Quintana, uno de los más instintivos.

Un picaporte, un pomo: en tu casa los giras día a día, igual que podrías esquivar esa pequeña curva de tu pasillo con los ojos cerrados. Pero un picaporte que gira te puede llevar a cualquier sitio: sí, al día a día, pero también a todas y cada uno de los pequeños cambios que están escondidos tras esa aparente normalidad (o (no)normalidad, si lo preferís). Qué bonitas son las puertas, las ventanas, pero qué bonitos son los picaportes. Un acto delicado que puede cambiar nuestra vida.

Esta es la esencia de la no-rutina: sorprenderse en lo cotidiano, sacar provecho de los pequeños actos repetitivos, saber que, en algún momento, en algún instante, algo puede cambiar, puedes coger un bus hacia cualquier sitio, sin saber que estás yendo a casa. I was alone, I took a ride, I didn’t know what I would fine there; another road where maybe I can see antoher kind of mind there, dice Paul McCartney: a dónde voy, quién sabe, nunca sabes lo que te depara el calendario, o la silla en la que te sientas una tarde, o el camino que tomas todos los días para llegar a la universidad. A John Lennon le reprocharon que llevaba tiempo sin componer; él respondió con Watching the Wheels: tan solo estoy viendo las ruedas girar y girar, el carrousel cambiar de color, de velocidad, de participantes, estoy viendo el tiempo pasar; soy feliz así. Encontrar en lo cotidiano el motivo para continuar; John dice: no tengo prisa, estoy solo haciendo tiempo. Sí, porque en cualquier momento puede ocurrir, ¡chas!, un estallido, el estadillo breve de la novedad, la novedad en la rutina, la novedad de la rutina.

El devenir de lo cotidiano es maravilloso, porque sin ese devenir constante, repetitivo, automático no habría lugar para cambios. La rutina como base para lo nuevo, para lo mágico. Algo así decía Nietzsche, ¿no? Aunque también decía otras muchas cosas, creo que tú ya lo sabes. La rutina como potencia, como potencialidad, como lo que está por venir, lo que se acerca poco a poco hacia a ti, con paso seguro, desde el otro lado de la esquina, desde el otro extremo del mundo.

Feliz inicio de curso a todos.
Dejaos sorprender.

(Firma, muy feliz)
Natalia.

jueves, 7 de junio de 2012

Simulacro.

Leer Beatus Ille es como volver a casa. Es uno de esos libros que no debería acabar nunca. Ya son tres las veces en las que me he perdido en su entretejido de satélites y de sierras azules. Leer Beatus Ille es como volver a empezar. Es como si jamás me hubiese hecho tan pequeña como ahora, como si pudiese habitar constantemente ese primer capítulo-archivador en el que todo es caos, pero en el que hay sorpresas porque son todo puertas por abrir. El capítulo de la potencialidad, de lo que podría ser, caminante, no hay camino, se hace camino al andar, echar a andar hacia la estación de Mágina y esperar eternamente a que sucedan las cosas, a que se mueva de una puñetera vez el mundo a tu alrededor. Leer Beatus Ille es como reencontrarme a mí misma, como leer mi pasado. Volver a esa plaza íntima donde todo era empezar, todo era cuestión de segundos, de primeras veces. La primera vez que lo leí fue en la playa. La segunda, yo ya era totalmente liviana, ligera, ingrávida (como una pompa de jabón). Leer Beatus Ille es como viajar y estrellarte, como las balas no tan perdidas en el suelo de madera del palomar. Cuando aun no estaba enferma y mi cabeza no funcionaba tan rápido. Leer Beatus Ille es como reorientar mis pasos, como renacer y olvidar. Sin cansancio, sin ser tan pequeña como ahora. Como volver a entonces que tenía alas y había equilibrio y la dependencia era dulce, inconsciente, indolora. Cuando parecía que el tiempo no avanzaba, como los tres días de Jacinto y Mariana en Mágina antes de la boda. Leer Beatus Ille es como dejar de escribir en mi cabeza irremediablemente para que escriban otros, para que fumen otros, para que sufran otros. Como sentarme en un banco al que jamás volvi y dejarme enamorar. Leer Beatus Ille es escuchar constantemente feliz aquel, la letanía de los días que pasan y es como si no pasasen, la flor del pelo de Mariana, la novela que imagino otra persona está escribiendo para mí. Leer Beatus Ille es como reinventar la calma, cuando el silencio era suave y acariciaba y cuando el pijama no me iba grande, o cuando podía dormirme sin tener dolor de cabeza o sin pensar cuántas horas más tengo que trabajar para poder montarme en el autobús amarillo. Cuando todo era equilibrio y no echaba en falta nada, ni siquiera crear personajes o leer por la mañana. Leer Beatus Ille es como fingir que los límites difusos vuelven a ser exactos, que en algún lugar del mundo siguen existiendo las promesas, las saetas de nuestro reloj, que lo que parece eterno es temporal. Leer Beatus Ille es como volver al cielo, sin mitades.

martes, 1 de mayo de 2012

Dos lunas, Gente Pequeña y Premios literarios

Soy fan del top comment de este vídeo en YouTube. Esto puede sonar extraño pero… ¿alguien más ve dos lunas?

Os explico. Es que soy fan de Murakami. Y mucho. Una de las razones por las que no he podido actualizar mucho el blog es él. ¿Por qué? Murakami es mi trabajo de Literatura Comparada para este cuatrimestre. ¡Y es tan interesante! Claro que tengo que entregar la semana que viene y aun tengo muchas cosas que contar. Tantas que ya he tenido que cambiar tres o cuatro veces el título del trabajo. Divago tanto como en el blog, así que ya os podéis imaginar: he hablado, por supuesto, de Los Beatles pero también de Kafka, del Kentucky Fried Chicken, de Platón y de Orwell. Porque es que 1Q84 es tan Orwell, solo que no tenemos un Big Brother, sino a The Little People – no sé cuál de los dos me da más miedo –.

Y Murakami no solo crea este universo dictatorial y fantástico donde hay cadáveres de cabra y dos lunas, madres e hijas, sino que también le pone banda sonora. Y la Sinfonietta de Janaceck es esencial y ahora que estoy haciendo el trabajo me gusta perderme en ella. Aunque a veces me da miedo: yo no quiero internarme en el 1Q84, porque aquí en el 2012 estoy bastante bien: aunque no tengo voz en estos momentos, tengo a la vista varias cosas: un concierto homenaje a Los Beatles en una semanita –¡qué ganas!- y un carnét de conducir al caer – si no mato a alguien durante las prácticas –. Y, por supuesto, el verano. Ains, amigos, cuántas cosas no os he contado. Pero aquí está la más importante:

¡Me han concedido el Segundo Premio del Concurso de Relato Breve de San Isidoro de la Facultad de Filosofía y Letras por mi relato Yo ton chien y tú mi correa!

Sí :D Me hace muchísima ilusión. Este viernes tengo la entrega de Premios en el Paraninfo –¡Guau!- así que ya os contaré. Y, por supuesto, en cuanto pueda compartirlo aquí, lo haré. Es un relato que me llevó su tiempo, pero que me ha reportado muchas satisfacciones… :3

Y sin más dilación me despido, porque se supone que ahora estoy acabando el trabajo de Murakami… ¡Un beso a todos!
Natalia

lunes, 12 de marzo de 2012

Éramos jóvenes que bailábamos sin voz

I think I'll let you down
(let you down)
And leave you flat
(gonna let you down and leave you flat)

THE BEATLES

Te lo he dicho tantas veces, Natalia, no puedes, no puedes, no puedes, te lo han dicho tantas veces, te lo han hecho creer tantas veces, pero ¿sabes? yo también puedo dejarme la voz, tú también puedes hacerlo. Preguntarte a qué infinito mira John Lennon cuando canta sin gafas o de qué se rien Paul y George, las mejillas y los colmillos. Tú también puedes bailar y gritar y reír de felicidad y cantar tanto y cantar tan alto que ya no sabes si estás hablando o estás imaginando que lo haces. Que nosotros tres animemos a los cuatro que aquí son cinco del escenario y que llamemos la atención de todo el público adulto, que seamos los primeros en salir a bailar en un sitio donde ya no somos los únicos que nos sabemos las letras de la mejor banda de la historia. Que tengamos que pedir un descanso y que no quieran darnos tregua, y tener que pedirle a gritos al cantante que nos lance una botella de agua porque hemos pedido como si no hubiera mañana que nos toques Hey Bulldog, si no la tocas tú la toco yo, y por detrás piden I’ve Got a Feeling y luego Help y gritar cualquiera, cualquiera, que suene la música para poder mentir una vez más y decir la próxima canción no la bailo, la próxima canción vamos a la barra, y no poder jamás ni intentarlo ni cumplirlo porque lo que resuena en esas cuatro paredes es vida y es amor y son gafas redondas sin cristales rotos.

Nata, tú también puedes, es más, tú sientes esa energía, ese bajo que no puede parar, el pianista que te mira todo el rato cuando no está teñido de humo y se ríe contigo y las señoras mayores que te señalan, que nos señalan, que os señalan, porque saben que sois jóvenes, que os queréis, que tenéis la vida por delante, que os gusta la buena música, perdón, diré solo música porque si digo buena con los de Liverpool es redundante y demasiado obvio, demasiado fácil. También es demasiado fácil cantar Yesterday cuando puedes decir ese verso dulce y pícaro, how i love your legs, me encantan tus piernas, oh my baby, más que cualquier cosa, más que los de Liverpool que están presentes en el momento de ahogarte, de despertarte, en ese instante breve en que viniste a mí y me abrazaste y no te dio tiempo a besarme pero no puedes hacerlo porque resuena la puerta y luego hacemos tortitas y volvemos a ayer, al sábado, a siempre, a esa música que nos posee, a esa juventud extrema en los dedos de tus pies, a ese ron con cocacola que quise tomarme pero no pude porque allí no había pausa, no había problemas, era solo gente pasándoselo bien y viviendo y quedándose mudos e imitando nuestros bailes, tú sentado dulcemente en esa graciosa esquina que encontraste, moviendo las piernas, tocando el piano imaginario de mis costillas, la luz de tus ojos de niño, tus rodillas como batería,  y esos besos que apagan un mundo.

No puedes hacerlo, chica, tantas veces me lo has dicho, tantas veces me lo has hecho creer pero mira por donde, quien no puede hacerlo eres tú. 

___

Mezcla de personas, tiempos, plurales, escritura automática después de un fin de semana muy grande, cenas muy rápidas, abrazos de isobaras más breves, lecturas muy buenas, camisetas sucias, miel calentada al microondas, sentimentalismo patético en Literatura Comparada, amor por Murakami y me temo que dentro de poco por Miguel Syjuco y, sobre todo, amor por ti que ya eres martes y me dices morning my dearest peace of love porque confundes piece y peace y me llamas chiquitina muy de cuando en cuando, atesorando las sonrisas y los besos que ni siquiera aun te he dado.

¡Feliz semana!
Natalia

P.S. Aun me debes un regalo de aniversario, tonto.

viernes, 9 de marzo de 2012

Un rincón

—Según la historia de Aristófanes que sale en El banquete de Platón, en el mundo mítico de la Antigüedad había tres clases de seres humanos —dice Oshima —. ¿Lo sabías?
—No —respondo.
—El mundo antiguo no estaba compuesto por hombres y mujeres sino por hombres—hombres, hombres—mujeres y mujeres—mujeres. Es decir, que un ser humano comprendía dos personas de ahora. Y así vivían todos satisfechos y felices. Sin embargo, los dioses los partieron a todos con un cuchillo por la mitad. De un corte limpio.
Como resultado, el mundo se dividió en hombres y mujeres, y desde entonces los seres humanos van corriendo desesperados de un lado para otro buscando la mitad que les falta.

HARUKI MURAKAMI
Kafka en la orilla

 (Jugosa imagen tomada de AQUÍ) 

Al protagonista de Kafka en la orilla la sonrisa de una bibliotecaria le recuerda a un pequeño rincón soleado. Mis pequeños rincones soleados para este fin de semana consisten en mi obsesión con Murakami – y mi trabajo en marcha –, los abrazos que me debes, los rollitos de primavera, soñar con Liverpool y la esperanza de que mañana podamos bailar al son de la música de Los Beatles.

¡Feliz fin de semana a todos!

Nata

P.S. Tus orejas me recuerdan a un pequeño rincón soleado. Y tu nariz. Tu ombligo y tus pestañas, sin embargo, me dan sombra.

martes, 24 de enero de 2012

Madame Bovary c’est moi

Flaubert, al verse acosado por las preguntas de quién estaba detrás del personaje de Emma Bovary, dijo: Madame Bovay c’est moi. El escritor se busca, en su obra, a sí mismo: nos encontramos así con la metáfora del viaje como metatema. Los autores construyen una realidad tremendamente íntima. Sin embargo, es necesario un segundo agente que haga que la escritura se convierta de verdad en Literatura: el lector. Sartre, padre del Existencialismo, dijo: no es verdad que se escriba para uno mismo; sería un gran fracaso, pues el acto creador es incompleto. Si el autor fuera el único hombre existente, por mucho que escribiera jamás acabaría su producto. El momento en el que el autor termina la escritura es cuando comienza la literatura, porque leer es recrear y, como dijo Blanchot, un libro que no se ha leído es un libro que no se ha escrito.

La parte favorita de mis apuntes que combino en mi cabeza con el maravilloso disco All things must pass de George. El lector, la literaruta como realidad endogámica, el palimpsesto de Machado, los clásicos con su lenguaje utópico y ucrónico, el proceso de lectura de Todorov y la crítica como réctit… todo tan bonito, tan bello que os podría estar hablando de esto horas y horas. Pero debería estudiar. También debería curárseme este dolor de garganta, estas ganas de no hacer nada más que escuchar a George Harrison diciendo I’d have you anytime o If not for you the winter will hold no spring, con esa g final que se queda perdida en no sé qué punto de su garganta y me obsesiona y la mía duele y sabe a jarabe y yo solo quiero escribir, leer a Muñoz Molina, ver Sherlock, volver a ponerme el pijama y dejar de toser.

Pasad un buen día (:
Yo prometo curarme y hacer un examen de 10. Cruzad los dedos por mí para que me pregunte el tema de la importancia del lector o el debate tradición-originalidad, o la objetividad como ideal imposible de una ciencia positivista, o la figura de Platón y su creencia de que el saber ya es un bien en sí mismo. Sapere aude, ya os lo dije una vez. Atreveros a saber y seréis libres. Libres de todo excepto de los catarros.

jueves, 19 de enero de 2012

Ángeles apátridas

Sin que uno lo sepa, otros usurpan historias o fragmentos de su vida, episodios que uno cree guardar en la cámara sellada de su memoria, los que son contados por gente a la que uno tal vez ni siquiera conoce, gente que los escuchó y que los repite deformándolos, adaptándolos a su capricho o a su falta de atención, o a un cierto efecto de comicidad o maledicencia. En alguna parte, ahora mismo, alguien cuenta algo que tiene que ver íntimamente conmigo, algo que presenció hace años y que yo tal vez ni siquiera recuerdo, y como no lo recuerdo tiendo a suponer que no existe para nadie, que se ha borrado del mundo tan completamente como de mi memoria. Partes de ti mismo que se van quedando en otras vidas, como habitaciones en las que viviste y ahora ocupan otros, fotografías o reliquias o libros que te pertenecieron y que ahora toca y mira un desconocido, cartas que siguen existiendo cuando quien las escribió y quien las recibía ylas guardaban llevan mucho tiempo muertos. Muy lejos de ti se cuentan escenas de tu vida, y en ellas tú eres alguien no menos inventado que un personaje secundario en un libro, un transeúnte en la película o en la novela de la vida de otro.

ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Sefarad

Leer a Antonio Muñoz Molina en época de exámenes es un placer – o una terrible tentación – porque su prosa tan detallada, tan profunda tiene esa capacidad para hacerte desconectar de todo, de las personas que no te contestan, de las discusiones bobas, del estrés por los apuntes desordenados, de los teóricos literarios y sus miles de teorías, del horror del folio en blanco frente a ti. Tú solo haz eso, coge cualquier libro de Muñoz Molina y devora ese cálido ambiente que destilan sus novelas porque no solo vas a disfrutar sino también a aprender.

Ahora me he sumergido en el universo gris de Sefarad. Me habían comentado “esa novela no me gustó tanto”; pues, lo siento, porque si no te gusta eres un insensible. Muñoz Molina viaja a través del siglo XX y todo el dolor que se vive, que sufren la gente normal, que ya no son normales porque sus vidas quedan tremendamente trastocadas. Aparecen personajes ficticios, claro está – tan bien construidos como siempre – pero también personas reales, algunos más conocidos y otros que Muñoz Molina me presenta, esas personas que no solo alimentan tu ansia de leer más y más, sino que también cambian un poquito tu vida. Ese es el caso de Ángel Sanz-Briz, que aparece de refilón en un capítulo. Muñoz Molina lo dejó caer y yo lo recogí: indagando por Internet descubrí que se ganó el sobrenombre de Ángel de Budapest. ¿Por qué? Él era un diplomático español que trabajaba en la embajada de Hungría y que durante la II Guerra Mundial salvó la vida a más de 5000 judíos. ¿No os hace estremecer? Les conseguía pasaportes españoles alegando a su origen sefardí; acabó salvando no solo a los sefardíes sino a cualquier judío perseguido, actuando a espaldas del gobierno franquista. Y, para mi sorpresa, me entero de que encima es zaragozano.

Hoy tocaba, una vez más, hablar de heróes: un héroe petrificado en esa foto con traje, bigote y mirada decidida; un ángel que salvó a los que se quedaron sin patria. Un pequeño homenaje a todos esos héroes, los que han pasado a la historia y los que no lo han hecho. Desde aquí toda mi admiración a ellos y a su labor en su lucha por la justicia. Como me ha dicho esta mañana mi madre, mientras desayunábamos juntas un café calentito, “afortunadamente siempre hay personas buenas en todos sitios”. Gracias.

Natalia

martes, 17 de enero de 2012

Yo no soy un hombre malo

El viernes pasado no solo regaló ese frío intenso decorado con vahos sino también muy, muy buen teatro. Pasé la tarde viendo la adaptación a las tablas de la novela de Camilo José Cela: La familia de Pascual Duarte. Este año se cumplían diez años de la muerte del autor, Premio Nobel de la Literatura en 1989, y el actor Tomás Gayo – a través de Tomás Gayo Producciones y la distribuidora Metrópolis Teatro – quiso rendir homenaje a una de las obras más emblemáticas de nuestra Literatura contemporánea.

Cuando me enteré de que traían esta obra a Zaragoza, mi primera impresión fue de rechazo. La familia de Pascual Duarte no fue demasiado de mi agrado y, por otra parte, adaptarla al teatro me parecía sumamente complicado. ¿Alguien sería capaz de superar este reto? Decidida a descubrirlo, volví a leerme la novela y, conforme avanzaba, no salía de mi asombro: las cosas se ponían cada vez mejor – en cuanto a calidad, claro, el pobre Pascual no podría decir lo mismo de su vida…-. Así que reconocí mi error y me maravilló la existencia de este personaje: su dolor, su rabia, su arrepentimiento, su complejidad… y sobretodo la bien llevada técnica de Cela que te mantiene en vilo y te hace estremecer con expresiones breves pero sinceras. Cuando la terminé, mi temor en cuanto a la adaptación teatral se acrecentó, pues no me parecía fácil transmitir la fuerza de la prosa de Cela y la poderosa voz narrativa de Pascual Duarte.

Sin embargo, la obra me sorprendió muy positivamente: supieron superar estas dificultades mezclando monólogos en las que Pascual se dirigía al público para contar su historia y sus circunstancias con escenas de acción en las que tomaban parte el resto de personajes, dando vida a los hechos que harán de Pascual un condenado a muerte. Los personajes están muy bien construidos; el escenario es sobrio y perfectamente adecuado para la acción que, muchas veces, se supedita al texto estático que nos transporta a esa provincia rural de la Extremadura anterior a la Guerra Civil donde Pascual Duarte vivirá y, sobre todo, sufrirá. Una puesta en escena muy lograda, una iluminación grisácea que concuerda con el espíritu atormentando de los protagonistas, unos muy buenos actores que sabían captar el dolor que destila cada una de las palabras de esta obra de Cela: una lección magistral sobre las circunstancias que mueven al hombre, los motivos que lo llevan al odio, el debate entre determinismo y libre albedrío, la culpabilidad y la inocencia, la justificación de los crímenes… Y, en cuanto a la obra teatral, una lección –también magistral- sobre cómo respetar un texto, cómo jugar con él sin modificar su esencia y, sobre todo, cómo hacer temblar al espectador en su asiento.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Navidad en Pemberley

Querida Natalia:


He visto esta felicitación y he pensado en ti porque parece sacada de una novela de Jane Austen. ¿Irán en el carruaje el señor Darcy  y Elizabeth a pasar la Navidad a algún destino especial con sus hijitos?


Feliz Navidad,
Mamá.

Basado en hechos reales (:

lunes, 12 de diciembre de 2011

Leo leo (vol.2) Rayuela

Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otra, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fijate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.

JULIO CORTÁZAR
Rayuela

____

Pagando cuentas pendientes con Cortázar. Pero el amor, esa palabra… A Julieta no se la elige. A Beatriz no se la elige. Al Arte, a la Belleza, tampoco. Están allí. En un libro de tapas azules encerrado en una biblioteca pública.

martes, 6 de diciembre de 2011

Leo leo (vol.1) Jane Eyre

Solo en la frente veo un enemigo de su felicidad. Una frente que afirma, orgullosa: “Puedo vivir sola, si el respeto a mí misma y las ciscunstancias lo requieren. No necesito vender el alma para lograr compañía. Poseo un tesoro interior, innato, que puede mantenerme viva si todas las satisfacciones externas me fueran negadas, u ofrecidas a cambio de un precio que no estoy dispuesta  a pagar.” La frente declara: “La razón se sienta firme en la silla y agarra con fuerza las riendas, sin dejar que los sentimientos se desboquen y acaben arrojándola al abismo. Tal vez las pasiones soplen con furia, como corresponde a su bárbara naturaleza, y la lleven a imaginar todo tipo de necedades, pero la sensatez tendrá siempre la última palabra y su voto será decisivo a la hora de tomar cualquier decisión. Ya puede desencadenarse a su alrededor un viento huracanado, un terremoto o un incendio, que seguirá atenta a los dictados de esa vocecilla que interpreta lo que la conciecia le dice”. ¡Bien dicho, frente! Tus declaraciones merecen respeto.

CHARLOTTE BRONTË
Jane Eyre

jueves, 17 de noviembre de 2011

Mi razón destruida a medias

Eran naturalezas muertas: una silla al lado de una ventana, un florero. Pero, qué milagro: uno dice “silla" o "ventana" o "reloj", palabras que designan meros objetos de ese frígido e indiferente mundo que nos rodea, y sin embargo de pronto transmitimos algo misterioso e indefinible, algo que es como una clave como un patético mensaje de una profunda región de nuestro ser. Decimos "silla" pero no queremos decir "silla", y nos entienden. O por lo menos nos entienden aquellos a quienes está secretamente destinado el mensaje, críptico, pasando indemne a través de las multitudes indiferentes y hostiles. Así que ese par de zuecos, esa vela, esa silla no quiere decir ni esos zuecos, ni esa vela macilenta, ni aquella silla de paja, sino Van Gogh, Vincent (sobre todo Vincent): su ansiedad, su angustia, su soledad; de modo que son más bien su autorretrato, la descripción de sus ansiedades más profundas y dolorosas. Sirviéndose de aquellos objetos externos e indiferentes, esos objetos de ese mundo rígido y frío que está fuera de nosotros, que acaso estaba antes de nosotros y que muy probablemente seguirá permaneciendo, indiferente y helado, cuando hayamos muerto, como si esos objetos no fueran más que temblorosos y transitorios puentes (como las palabras para el poeta) para salvar el abismo que siempre se abre entre uno y el universo; como si fueran símbolos de aquello profundo y recóndito que refleja; indiferentes y objetivos y grises para los que no son capaces de entender la clave pero cálidos y tensos y llenos de intención secreta para los que la conocen. Porque en realidad esos objetos pintados no son los objetos de aquel universo indiferente sino objetos creados por aquel ser solitario y desesperado, ansioso de comunicarse, que hace con los objetos lo mismo que el alma realiza con el cuerpo: impregnándolo de sus anhelos y sentimientos, manifestándose a través de las arrugas carnales, del brillo de sus ojos, de las sonrisas y de las comisuras de sus labios; como un espíritu que trata de manifestarse (desesperadamente) con el cuerpo ajeno, y a veces groseramente ajeno, de una histérica o de una médium profesional y fría.

ERNESTO SABATO
Sobre héroes y tumbas

Palabra de SABATO.
Amén.

Natalia

lunes, 14 de noviembre de 2011

Conduce con cuidado

¿Con quién habló el primer organismo mutante
dotado de una gramática?

STEVEN PIKER
El instinto del lenguaje

No me dejes ser
un organismo mutante
que no tenga con quien compartir
sus pequeñas extravangancias

No me dejes estar
sola, sin mi gramática;
sin tener si quiera palabras
para describir la soledad

Mi gramática de febreros
y zumos de naranjas.

Mis extravangancias que
borrará la naturaleza
pero que perdurarán en ti
como en mí perduran
los adjetivos que me has dado
y tus zapatillas deshilachadas
de andar por casa.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Para qué escribo

¿Será bueno lo que escribe? Ella lo elogia todo el tiempo. Ojalá sea malo. Porque, si es bueno, que lo elogie significa que le gusta lo que escribe y punto. Pero si es malo e igual lo elogia, es porque quiere agradarle a él. Y Chaparro sospecha que es para eso que lo escribe. Para dárselo a ella, para que ella sepa algo de él, tenga algo de él, aunque sea mientras lee.

EDUARDO SACHERI
La pregunta de sus ojos

Me acuerdo que de las primeras veces que quedamos te llevé el prólogo y el primer capítulo de lo que estaba escribiendo para entonces. Me arrastraste hasta un banco porque querías leerlo. Pese a que odio que la gente lea cosas mías en mi presencia, no dije nada. Era de noche, las farolas estaban encendidas. Era diciembre y hacía frío. Leíste el prólogo de un tirón. Mientras tanto, yo no sabía qué hacer: mirar arriba, abajo. A cualquier sitio menos a ti, el chico casi desconocido con el que había quedado un par de veces aun no sabía cómo. Levantaste la vista y me dijiste: te quiero. Era la segunda, tercera vez que nos veíamos. Lo dijiste sin pensar, como tú sabes, como todo. Era una broma, supongo. Al menos, eso quise pensar. Quién nos iba a decir que, a los meses, lo dirías de verdad.

¿Y aun te preguntas para qué escribo? O mejor – y más cierto - ¿aun me quedan dudas de si merece la pena escribir, si merece la pena seguir intentándolo aunque haya meses y meses de sequía?. Sí que merece la pena. Porque aunque sea malo, ya sabes… Volverá a aparecer ese chico de 17 años que lee cuentos bajo la luz de las farolas.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde…

Renace el mundo al saberse nombrado

Se apagan las luces, empieza la música. Entramos en las dimensiones del teatro: dimensiones que no se someten a ley alguna, dimensiones mágicas y de mecanismos ajenos. Pero que deslumbran. Como es el caso de Retrato, que ha estado con nosotros este fin de semana en el Teatro del Mercado. Retrato es una obra de Mariano Anós, único intérprete además, tan solo acompañado por la música de José Luis Romeo. En el programa la describían como un recorrido a través de la poesía española desde el siglo XVII al siglo XX. Pero no es solo eso. Porque la selección de poesía – de Quevedo a Cernuda, pasando por Espronceda – son pedazos de cada uno de nosotros y por tanto, Retrato no puede ser una obra cerrada, sino un espejo que nos llama a asomarnos a nosotros mismos.

Así, entramos en una nueva dimensión en la que la voz profunda de Anós nos llama a una introspección dirigida por las palabras de los grandes maestros de la Literatura: Lope, Salinas, Machado, Cernuda, Lorca, Gil de Biedma, Bécquer, Neruda… Menos de una hora para tratar los dos grandes macro temas de la humanidad: el amor y la muerte. El amor nos lo describen Lope – creer que el cielo en un infierno cabe -, Goytisolo - entre todos los ruidos de la noche yo distingo sus pasos - o Neruda – me gusta cuando callas porque estás como ausente -. Yo me quedo con Salinas y su alegría por vivir en los pronombres.La muerte y el miedo a morir nos lo transmiten con fuerza e intensidad Lorca en su ciudad sin sueño, León Felipe – no, no, no me contéis cuentos que vengo de muy lejos y sé todos los cuentos -, Espronceda y su pirata que no teme a la vida pues por perdida ya la di.

Y creo que merece la pena citar tres poemas excepcionales: por un lado el No volveré a ser joven de Jaime Gil de Biedma, en el que el autor creía que la muerte solo estaba en el teatro y expresa su sorpresa al descubrir que el único argumento de la obra es envejecer y morir; el famosísimo Retrato de Antonio Machado, para mí obra maestra y difícilmente superable, que da título al espectáculo – como ya he dicho, se nos anima a pintar nuestro propio retrato a través de la poesía -; y por último, el poema que se recita al final del propio Mariano Anós que reflexiona sobre la tarea del arte y dice que renace el mundo al saberse nombrado. ¿Por qué? Porque para eso está el arte, para crear el mundo y destruirlo al mismo tiempo – pues el arte está en borrarse -. Y si muchos versos – si mucha música, muchos espectáculos, muchos poemas, muchas obras, muchos personajes – son efímeros y van a perderse en el devenir del mundo, ¿por qué desperdiciar estas magníficas oportunidades que tenemos de conocernos a nosotros mismos a través de ellos?

Así que, no dejéis jamás de ver teatro. Éste es el mensaje de Retrato: no desaprovechéis el arte. Y esta obra no era sino arte en una tarde de cierzo en Zaragoza.

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Natalia
:D

sábado, 5 de noviembre de 2011

Sin peros, por favor.

-El “pero” –intentó aclarar Morales. Abrí  la boca como para responder, aunque no entendía el sentido de lo que el viudo pretendía dercime. Viendo mis brazadas de náufrago, continuó-: El “pero”. Usted acaba de decrime “lo mandamos llamar, pero…”. Es suficiente. Ya entendí. Si hubiese dicho “lo mandamos llamar y…” o “lo mandamos llamar porque…”, hubiese significado algo. No lo hizo. Dijo "pero”.

Morales volvió a mirar la lluvia y suspuse erradamente que había terminado.

-Es la palabra más puta que conozco – Morales volvió a arrancar, pero no me sonó a que eso fuese una conversación, sino un monólogo íntimo al que le ponía voz por pura distracción –. “Te quiero, pero…”; “podría ser, pero…”; “no es grave, pero…”; “lo intenté, pero…”. ¿Se da cuenta? Una palabra de mierda que sirve para dinamitar lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es.

EDUARDO SACHERI
La pregunta de sus ojos