Mostrando entradas con la etiqueta garcía márquez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta garcía márquez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de mayo de 2011

Oh, lordy

Hoy me apetecía bailar y cantar John I’m Only Dancing de un David Bowie que fuma en un fondo de humo azul con el pelo rojo y una suerte de tatuaje en su pópulo; quizá porque tengo una camiseta que refleja esa escena; quizá porque me encanta su voz y sus gritos; aunque, quizá, sea porque hoy es miércoles pero estoy de vacaciones, devorando la literatura de Muñoz Molina – ¡otra vez! – y con Gabo esperando a la vuelta de la esquina; quizá porque he olido la playa en los pareos arrugados del año pasado y porque las camisetas de Los Beatles me hacen recordar este verano que aun no he vivido; quizá porque mi madre ha comprado queso emmental que es idéntico al que resguarda una nevera a unos cuántos kilómetros de aquí y que yo rallo siempre que puedo, gracias a que tú me enseñasete; quizá porque Mayo se escapa entre mis dedos y llega Junio y cumplo 18 el 19; quizá porque tengo ideas para escribir; quizá porque quiero estrenar una camiseta de John Lennon y un biquini a rayas rojas y blancas; quizá porque mañana te veo y me debes bastantes viernes; o quizá, solo quizá, porque me apetecía bailar y, al fin y al cabo,John, I’m only dancing.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Amargura y greguerías (vol.6)

almendra.
(Del lat. amyndăla, por amygdăla).
1. f. Fruto del almendro. Es una drupa oblonga, con pericarpio formado por un epicarpio membranoso, un mesocarpio coriáceo y un endocarpio leñoso, o hueso, que contiene la semilla, envuelta en una película de color canela.
~ amarga.
1. f. La del almendro amargo, que es venenosa.
~ dulce.
1. f. La que es comestible, por contraposición a la amarga.
¡Ingenua de mí, que creía que el olor de las almendras amargas era otra increíble imagen de mi recién descubierto Gabo! Estaba leyendo a RL Stevenson, que va siempre de la mano de un dos grandes personajes, Jekyll y Hyde, cuando me percaté de que no era así:
Pero la vida ya se había ido, y por la ampolla rota en la mano contraída, por el olor a almendras amargas en el aire, Utterson supo que estaba mirando el cadáver de un suicida.
Y así fue como empecé a investigar y, al parecer, estas almendras amargas sí que son venenosas - ¡Si lo dice la RAE...! -.Efectivamente, en las almendras amargas se encuentra una molécula llamada amigdalina y una enzima llamada emulsina. Cuando te estás comiendo la almendra, pones en contacto a ambas. El resultado es la descomposición de la amigdalina en D-glucosa, benzaldehido y ácido cianhídrico (HCN). La glucosa es un azúcar, el benzaldehido proporciona el sabor a almendras amargas y el ácido cianhídrico es un mortal.

Como habéis podido imaginar, este último párrafo no lo he escrito yo, ha sido una muy buena aplicación del copiar y pegar. Aun con todo es una curiosidad, algo así como los Mentos y la CocaCola aplicado de forma tan brillante a la Literatura.

Y ahora ya vuelvo a mi terreno. Hace poco - o no tan poco - os comentaba que la página de la que robaba mis adoradas greguerías había sido cerrada, pero no no, esto no ha acabado, por fortuna o desgracia para ustedes. Os dejo un nuevo volumen, tengo mis fuentes!
Donde el tiempo está más unido al polvo es en las bibliotecas.
La reja es el teléfono de más corto hilo para hablar de amor.
Los botones flojos son llanto de botones.
Si vais a la felicidad, llevad sombrilla.
El reloj del capitán del barco cuenta las olas.
Cuando una mujer te plancha la solapa con la mano ya estás perdido.
La lagartija es el broche de las tapias.
Y la última es épica, como diría alguien por ahí:
Tocaba las que llevaba en el bolsillo para llegar más pronto a su casa.
¡Me confieso culpable!

Las greguerías son la perfecta literatura. He de decir que Gómez de la Serna podría convertirse con facilidad en mi modelo a seguir. Me alegra el día con una facilidad... ¿Y a quién no le hace sonreír?

Besos :D
Natalia

P.S.
Cuando por los altavoces anuncian que se ha perdido un niño, siempre pienso que ese niño soy yo. ¿Alguien necesita más pruebas acerca de aquello de la perfecta literatura?

martes, 8 de diciembre de 2009

¿Usted es un perro o un ser humano?

Me habían contado que Vargas Llosa y García Márquez eran enemigos -el primero dejó el ojo morado al segundo- y había oído decir que García Márquez era "mejor" que Vargas Llosa. Ahora que he leído La ciudad y los perros, no estoy de acuerdo. No es que uno sea mejor que otro, es que no se pueden comparar entre sí. Sus estilos son completamente diferentes. Las imágenes del Premio Nobel o Gabo para los amigos son increíbles, pero la técnica de Vargas Llosa al escribir también lo es.


Cuando iba por la mitad de La ciudad y los perros pensé una cosa y creo que ahora que la he acabado sigo pensándola: Parace que Vargas Llosa haya escrito la novela, haya tirado los folios al suelo y los haya ordenado de forma diferente. Esto para nada tiene sentido peyorativo, es más, todo lo contrario. ¡Es magnífico! Hay historias paralelas, diferentes narradores, tiempos. Se mezcla el presente con el pasado, la primera persona con la tercera, los diferentes puntos de vista se enlazan y dan lugar a esta obra maestra. Todo esto te mantiene despierta. Es algo que me encanta en las novelas, tener que parar a pensar unos minutos para ubicarte, saber quién está hablando, qué le está pasando, cuándo y dónde. Me pasó con Guerra y Paz - tantos nombres son buenos para mantenerte alerta, creédme.

La brutalidad de la obra de Vargas Llosa es palpable. Cuesta un poco acostumbrase, pero después se convierte en un personaje más. Parece a primera vista una obra sin sentido, sin embargo, tiene moraleja. Y crítica. Y amistad. Una amistad que transciende las páginas de la novela, se te cuela bajo la piel. Cuando comencé a leerla creí que tendría que ponerme del lado del Esclavo -Ricardo Arana- o del poeta -Alberto Fernández-. Pero no ha sido así. Hay un momento de la novela - fotografiado por ahí arriba - que de veras da un giro a la historia. ¡O lo dio para mí! Como no estaréis entendiendo nada, esto parece un monólogo conmigo misma, tan solo animaros a leerla, no os decepcionará. Además, con Vargas Llosa, se aprende el valor de las comas y puntos seguidos, pues los párrafos no son sus amigos ;)

Cambiando radicalmente de tema, hace 29 años John Lennon fue asesinado. Todos te tenemos presente, John.

1940-1980

viernes, 27 de noviembre de 2009

Síntomas de amor y cólera (o la biografía de Gabo)

Os habréis dado cuenta - siempre y cuando leáis mi sección de Rincón de Lectura - de que me he leído El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez. Ya os avisé de que desde que leí Cien años de Soledad he empezado a ver la literatura hispanoamericana con otros ojos. Tanto que ya tengo en mi mesilla La ciudad y los perros de Vargas Llosa para no quedarme atrás.

Como os decía, he leído El amor en los tiempos del cólera y, aunque todo el mundo dice lo contrario, a mí me sigue gustando más Cien años de soledad. Me pareció/parece tan increíble la forma en que desarrolla historias tan particulares para todos y cada uno de los personajes. Aunque eso no quiera decir que El amor en tiempos de cólera tenga algo que envidiar a la obra maestra de García Márquez. Simplemente palidece un poco. Paradójicamente, porque el sol del Caribe está bien presente en toda la novela.

La historia en esta novela es más "plana" - todo lo plana que puede ser la prosa de García Márquez -. Sin embargo, los dos personajes principales están tan bien definidos que esto y su estremecedora historia los marca. Lo que hace especial la novela es esa mezcla de vidas - no encuentro otra palabra mejor con que nombrarlo - que persiguen y se enlazan con las de los dos protagonistas: Fermina Daza y Florentino Ariza.


La cuestión es que Gabo, para los amigos, vendió esta novela como la dueña de retazos de su propia vida y de la de sus padres. Su padre se enamoró a primera vista de la niña - pues no era más que eso - de un condecorado coronel Márquez y aquella se convertiría en su madre, no sin antes pasar una temporada fuera arrastrada por el deseo de su padre de apartarla de esa nada provechosa unión, como cierto personaje de la novela. Otro detalle bastante comentado por ahí es que el propio García Márquez tuvo que alojarse en una casa de, digamos, señoritas y para ganarse esta estancia se dedicaba a escribirles las cartas, como cierto personaje de la novela.

Escribía cualquier cosa con tanta pasión, que hasta los documentos oficiales parecían de amor. Los manifiestos de embarque le salían rimados por mucho que se esforzara en evitarlo, y las cartas comerciales de rutina tenían un aliento
lírico que les restaba autoridad.

Ains, y a esto se resume El amor en los tiempos del cólera: a una mezcla de amor y desamor, de tan buena y mala estrella, de almendras amargas y no amarga que, sin embargo, dejan un sabor de boca muy dulce

Besos
Natalia

P.S. Esta es la típica entrada que no espero que nadie lea sino yo misma xD

martes, 17 de noviembre de 2009

Del calendario maya y las almendras amargas


Ayer, Clase de Historia, 13:25h
-¿Qué día es hoy?
-17 de Noviembre, del año del Señor 2009, a 3 años del fin del mundo según el
calendario maya.
Y ha sido justo aquí tras esta esclarecedora frase de mi profesor de Historia cuando la pizarra de nuestra clase se ha golpeado contra la pared y casi tooodas las tizas han huido al suelo. Sí, bueno, podría haber sido un golpe de los de la clase contigua - de hecho, hoy me lo han confirmado -, pero nos gusta más pensar que ha sido cosa del destino. ¿Por qué? Porque como anécdota queda muy interesante, y seguro que de allí podemos miles de temas de conversación.

¿Fin del mundo? Bueno, otros opinan de forma diferente:


- ¿Cómo es que acaba el 2012?
-Me quedé sin espacio en la roca.

Bueno, pues todo será cuestión de esperar. Y para hacer dulce la espera, yo he empezado a leer El amor en los tiempos del cólera - pese al olor de las almendras amargas - y creo, muy muy sinceramente que me estoy enamorando de Gabriel García Márquez. O de su prosa, al menos. Pronto retomaré The Lost Symbol de Dan Brown ^^

Besos!

sábado, 17 de octubre de 2009

Apártense, vacas, que la vida es corta

Úrsula maldice en el libro el momento en que el pirata Francis Drake puso un pie en Riohacha. Yo, en cambio, lo bendigo desde hace unos días, desde que Gabriel García Márquez me atrapó irremediablemente. La prosa de García Márquez es un laberinto. No sé cómo no me perdí con tantos Aurelianos y José Arcadios Buendía. Pero la cuestión es que salí de él pletórica de alegría, porque todo lo que he oído a cerca de que Cien Años de Soledad es una obra maestra de la literatura -hispanoamericana en particular y de la mundial en general - es completamente cierto.

Las letras, las frases, los párrafos, las hojas se me caían de las manos. Recostada en un sillón, con una manta cuidando de mis pies, las 756 páginas de esta novela se me pasaron volando. Cuando lo terminé y leí la última palabra e incluso el último espacio en blanco, sentía una agradable calidez por todos y cada uno de los personajes y casicasi se dibujaba en mi cabeza el árbol genealógico de la familia Buendía.

Sí, porque Cien Años de Soledad es un historia de amor y desamor, de tradición y olvidos, de silencios e historias que van de boca en boca, de oído en oído, y sobre todo de soledad - valga la redundancia - pero una soledad compartida, cual maleficio, por una estirpe en la pequeña aldea de Macondo. Y cuando me pregunten de qué trata esta novela, solo habré de citar el incio, porque este ya te abre el apetito en gran medida:
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en su padre lo llevó a conocer el hielo.

Y eso, apártense las vacas que la vida es muy corta. Si tuviera una lista de libros imprescindibles para la vida misma, Cien Años de Soledad estaría sin duda en este aun hipotético ranking