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viernes, 10 de mayo de 2013

Que llena el cielo.

Ser extremadamente consciente de uno mismo, como Inés en la biblioteca de Beatus Ille. Recuerdo perfectamente cuando lo leí, cómo se la describe sentada en una butaca frente al fuego, fumando un cigarrillo o bebiendo una copa. Como si pudiera verse en un espejo. Ser consciente de ti mismo, verte desde fuera, como un pájaro, una cámara o una nube. Escuchar tu corazón latir y al mismo tiempo auscultarlo, oir tu respiración y al mismo tiempo inspirarte a ti mismo, embeberte, sentirte desbordado por tus propios gestos y el batir de tus pestañas, por tu sangre circulando, deslizándose, como una serpiente, un río o una nube.

Desear que otro sea extremada, concienzuda, instantáneamente consciente de ti mismo. Tener la cualidad de una caricia y que te sientan como una pluma sobre la piel, o como una nube, o como un tren, o como las lágrimas de una nube. Sí, como un tren, arrollando el vello de tus brazos, las células de tu piel, los alveólos de tus pulmones. Burtal y brevemente. Que otro sea consciente de ti, romper imágenes y cartas, que sea consciente de ti y te reescriba o te re-respire, que vuelva a emberberse de ti, que vuelva a latirte, que vuelva a desbordarse en tus límites, que vuelva a ahogarse en tus poros o, sencillamente, que vuelva.

Volver a llenar el cielo.

jueves, 7 de junio de 2012

Simulacro.

Leer Beatus Ille es como volver a casa. Es uno de esos libros que no debería acabar nunca. Ya son tres las veces en las que me he perdido en su entretejido de satélites y de sierras azules. Leer Beatus Ille es como volver a empezar. Es como si jamás me hubiese hecho tan pequeña como ahora, como si pudiese habitar constantemente ese primer capítulo-archivador en el que todo es caos, pero en el que hay sorpresas porque son todo puertas por abrir. El capítulo de la potencialidad, de lo que podría ser, caminante, no hay camino, se hace camino al andar, echar a andar hacia la estación de Mágina y esperar eternamente a que sucedan las cosas, a que se mueva de una puñetera vez el mundo a tu alrededor. Leer Beatus Ille es como reencontrarme a mí misma, como leer mi pasado. Volver a esa plaza íntima donde todo era empezar, todo era cuestión de segundos, de primeras veces. La primera vez que lo leí fue en la playa. La segunda, yo ya era totalmente liviana, ligera, ingrávida (como una pompa de jabón). Leer Beatus Ille es como viajar y estrellarte, como las balas no tan perdidas en el suelo de madera del palomar. Cuando aun no estaba enferma y mi cabeza no funcionaba tan rápido. Leer Beatus Ille es como reorientar mis pasos, como renacer y olvidar. Sin cansancio, sin ser tan pequeña como ahora. Como volver a entonces que tenía alas y había equilibrio y la dependencia era dulce, inconsciente, indolora. Cuando parecía que el tiempo no avanzaba, como los tres días de Jacinto y Mariana en Mágina antes de la boda. Leer Beatus Ille es como dejar de escribir en mi cabeza irremediablemente para que escriban otros, para que fumen otros, para que sufran otros. Como sentarme en un banco al que jamás volvi y dejarme enamorar. Leer Beatus Ille es escuchar constantemente feliz aquel, la letanía de los días que pasan y es como si no pasasen, la flor del pelo de Mariana, la novela que imagino otra persona está escribiendo para mí. Leer Beatus Ille es como reinventar la calma, cuando el silencio era suave y acariciaba y cuando el pijama no me iba grande, o cuando podía dormirme sin tener dolor de cabeza o sin pensar cuántas horas más tengo que trabajar para poder montarme en el autobús amarillo. Cuando todo era equilibrio y no echaba en falta nada, ni siquiera crear personajes o leer por la mañana. Leer Beatus Ille es como fingir que los límites difusos vuelven a ser exactos, que en algún lugar del mundo siguen existiendo las promesas, las saetas de nuestro reloj, que lo que parece eterno es temporal. Leer Beatus Ille es como volver al cielo, sin mitades.

jueves, 19 de enero de 2012

Ángeles apátridas

Sin que uno lo sepa, otros usurpan historias o fragmentos de su vida, episodios que uno cree guardar en la cámara sellada de su memoria, los que son contados por gente a la que uno tal vez ni siquiera conoce, gente que los escuchó y que los repite deformándolos, adaptándolos a su capricho o a su falta de atención, o a un cierto efecto de comicidad o maledicencia. En alguna parte, ahora mismo, alguien cuenta algo que tiene que ver íntimamente conmigo, algo que presenció hace años y que yo tal vez ni siquiera recuerdo, y como no lo recuerdo tiendo a suponer que no existe para nadie, que se ha borrado del mundo tan completamente como de mi memoria. Partes de ti mismo que se van quedando en otras vidas, como habitaciones en las que viviste y ahora ocupan otros, fotografías o reliquias o libros que te pertenecieron y que ahora toca y mira un desconocido, cartas que siguen existiendo cuando quien las escribió y quien las recibía ylas guardaban llevan mucho tiempo muertos. Muy lejos de ti se cuentan escenas de tu vida, y en ellas tú eres alguien no menos inventado que un personaje secundario en un libro, un transeúnte en la película o en la novela de la vida de otro.

ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Sefarad

Leer a Antonio Muñoz Molina en época de exámenes es un placer – o una terrible tentación – porque su prosa tan detallada, tan profunda tiene esa capacidad para hacerte desconectar de todo, de las personas que no te contestan, de las discusiones bobas, del estrés por los apuntes desordenados, de los teóricos literarios y sus miles de teorías, del horror del folio en blanco frente a ti. Tú solo haz eso, coge cualquier libro de Muñoz Molina y devora ese cálido ambiente que destilan sus novelas porque no solo vas a disfrutar sino también a aprender.

Ahora me he sumergido en el universo gris de Sefarad. Me habían comentado “esa novela no me gustó tanto”; pues, lo siento, porque si no te gusta eres un insensible. Muñoz Molina viaja a través del siglo XX y todo el dolor que se vive, que sufren la gente normal, que ya no son normales porque sus vidas quedan tremendamente trastocadas. Aparecen personajes ficticios, claro está – tan bien construidos como siempre – pero también personas reales, algunos más conocidos y otros que Muñoz Molina me presenta, esas personas que no solo alimentan tu ansia de leer más y más, sino que también cambian un poquito tu vida. Ese es el caso de Ángel Sanz-Briz, que aparece de refilón en un capítulo. Muñoz Molina lo dejó caer y yo lo recogí: indagando por Internet descubrí que se ganó el sobrenombre de Ángel de Budapest. ¿Por qué? Él era un diplomático español que trabajaba en la embajada de Hungría y que durante la II Guerra Mundial salvó la vida a más de 5000 judíos. ¿No os hace estremecer? Les conseguía pasaportes españoles alegando a su origen sefardí; acabó salvando no solo a los sefardíes sino a cualquier judío perseguido, actuando a espaldas del gobierno franquista. Y, para mi sorpresa, me entero de que encima es zaragozano.

Hoy tocaba, una vez más, hablar de heróes: un héroe petrificado en esa foto con traje, bigote y mirada decidida; un ángel que salvó a los que se quedaron sin patria. Un pequeño homenaje a todos esos héroes, los que han pasado a la historia y los que no lo han hecho. Desde aquí toda mi admiración a ellos y a su labor en su lucha por la justicia. Como me ha dicho esta mañana mi madre, mientras desayunábamos juntas un café calentito, “afortunadamente siempre hay personas buenas en todos sitios”. Gracias.

Natalia

martes, 20 de septiembre de 2011

Chico(s) que lee(n)

Pero como una de las primeras cosas que me dijiste fue que mi forma de escribir te recordaba a Muñoz Molina; como no mucho después me prestaste 1984; como por tu cumpleaños me llevaste a ver Luces de Bohemia; como me regalaste la poesía completa de Federico por nuestro aniversario y su teatro por mis 18, me temo que lo nuestro ya es irremediable.

Nata

P.S. Hoy ha sido mi primer día de clases. Sigo descubriendo cosas nuevas. Ya me ubico en el edificio de Interfacultades y les he cogido la marcha a los cinco pisos de escaleras. Mañana dos nuevas asignaturas. Prometo manteneros informados. O no, porque Facebook parece que ya está un poco harto de la Natalia-protofilóloga.
 

(Hechos completamente verídicos)
Pero yo no me rindo (:
¡E incluso inauguro una etiqueta de “universidad”!

domingo, 11 de septiembre de 2011

La tristeza de la momia de la Casa de las Torres

Demasiados complementos del nombre; demasiadas preposiciones y demasiados artículos; demasiadas esperanzas vertidas sobre esa mujer incorrupta, esa momia de tirabuzones con versos del Cantar de los Cantares en el escote de cera; demasiada belleza contenida en un libro, en un solo libro, en solo seicientas páginas, ni un solo diálogo, solo comillas, puntos, cierres, espacios en blanco. Estimado Señor Muñoz Molina, lo admiro profundamente, nunca deje de deleitarnos con esa magia suya.

Atentamente, su leal lectora, una chica llamada Natalia que está a punto de empezar la universidad, que se muere de ganas, que está esperando que pase algo para poder plasmarlo aquí, a sus lectores, que los debe de tener ya aburridos por este verano de entradas breves y simulacros de música. Pero como dice su amiga Nerea en su cultural, ya seremos serios y diremos cosas interesantes en el blog cuando empecemos la rutina dentro de un par de semanas, de nuevo en la ciudad del cierzo. Hasta entonces, me perdonaréis la ausencia.

Prometo volver.
Muy pronto.

(:

domingo, 4 de septiembre de 2011

Dolce far niente

Si existe una novela perfecta, es El Jinete Polaco de Muñoz Molina. Sigo releyéndola estos días y es que no deja de sorprenderme. Siento tener tan abandonado el blog, prometo volver a las actualizaciones de antes tan pronto como me sea posible. Por ahora, no hay muchas novedades, tan solo que me muero por empezar la universidad, empezar a moverme. Pero mientras tanto, vivo en una dulce espera con tardes suaves, buena literatura, buena música y buena gente.

¡Acabad bien el verano!

martes, 23 de agosto de 2011

Hacia ninguna parte

Este verano he pasado por muchos cruces. Sí, me dejé caer por Abbey Road. No cruzaron conmigo los Cuatro, sino que me observaron muchos turistas, taxis, buses, motos y ciclistas; aunque antes Guille me tuvo que enseñar a mirar bien antes de adentrarme en el tráfico londinense. También he cruzado carreteras y calles solitarias por Bruselas y Brujas, con olor a gofre de caramelo, perdidas entre música de Jacques Brel. Arriesgué mi vida varias veces al pasear por Ámsterdam, entre furiosas bicicletas, furiosos tranvías, furiosos peatones, entre el agua de los canales y los puentes levadizos. Después crucé una vía de tren para llegar a la playa y entonces solamente pisé arena y olas y algas; hasta que llegó el viernes y empecé a pisar piedras y rocas, espolones donde se rompe el mar, arena de noche, chancletas sucias. Y ahora vuelvo a las abrasadoras calles de Zaragoza, ruidos de obras, tranvías, buses con aire acondicionado, revelado de fotos, juegos, postres, helados, horchatas, mesas, semáforos. Leyendo de nuevo El jinete polaco de Muñoz Molina – escalofríos asegurados en cada página –, escuchando algo de Rockabilly,  volviendo a la (nuncajamás)rutina de quedar a las 16h15 en vips (o a la hora de comer en la parada), me doy cuenta de que en casa –la casa que tú tan bien conoces- es donde mejor se está porque sólo hay que preocuparse de pisar pijamas, encender ventiladores y exprimir naranjas.

Natalia ya está de vuelta.

P.S. ¿Hacia ninguna parte…? (:

miércoles, 25 de mayo de 2011

Oh, lordy

Hoy me apetecía bailar y cantar John I’m Only Dancing de un David Bowie que fuma en un fondo de humo azul con el pelo rojo y una suerte de tatuaje en su pópulo; quizá porque tengo una camiseta que refleja esa escena; quizá porque me encanta su voz y sus gritos; aunque, quizá, sea porque hoy es miércoles pero estoy de vacaciones, devorando la literatura de Muñoz Molina – ¡otra vez! – y con Gabo esperando a la vuelta de la esquina; quizá porque he olido la playa en los pareos arrugados del año pasado y porque las camisetas de Los Beatles me hacen recordar este verano que aun no he vivido; quizá porque mi madre ha comprado queso emmental que es idéntico al que resguarda una nevera a unos cuántos kilómetros de aquí y que yo rallo siempre que puedo, gracias a que tú me enseñasete; quizá porque Mayo se escapa entre mis dedos y llega Junio y cumplo 18 el 19; quizá porque tengo ideas para escribir; quizá porque quiero estrenar una camiseta de John Lennon y un biquini a rayas rojas y blancas; quizá porque mañana te veo y me debes bastantes viernes; o quizá, solo quizá, porque me apetecía bailar y, al fin y al cabo,John, I’m only dancing.

lunes, 2 de mayo de 2011

Andiamo, ragazzi!

Al ritmo de esta frase nos movíamos por Roma. Sí, porque no hemos parado ni un momento. Sólo teníamos cuatro días, así que había que aprovecharlo y hoy, ya descansada y con un mes de exámenes y estrés por delante, puedo decir que ha merecido la pena el cansancio que todas las noches, al llegar al hotel, me asaltaba. Memorable fue, sobre todo, el del primer día.

A las 3h de la mañana salíamos de Zaragoza y llegábamos a Roma a las 11h30. Nos poníamos en marcha ya sobre la 13h y nos pateamos todo el centro, disfrutando de lugares tan emblemáticos como Piazza Spagna, La Fontana di Trevi, Piazza del Popolo, Piazza Colonno, la Iglesia de San Ignacio con su sobrecogedor trampantojo, el Pantón y la Piazza Navona rezumando Bernini. Tras la primera pizza y la primera lasagna – pues no serían las últimas – nos aventuramos en la Roma nocturna para sorprendernos con la Piazza Venezia y, sobre todo, con el Coliseo grandiosamente iluminado.

A la mañana siguiente lo vislumbramos de día, visión que me maravilla de igual forma: por su antigüedad, por su significado, por su belleza rescatada de tiempos tan lejanos. Nos dejamos caer después por el Foro y, tras una visita al Il Gesú, nos conceden una tarde libre –¡hasta las 23h!- para explorar Roma y comprar pasta y enviar postales a chicos que te esperan en España. Pruebo el pesto italiano – ñam – y un capuccino.

También visito el Vaticano: una preciosidad que encierra obras de arte como su plaza, el baldaquino o la Pietá, pero que alberga también a muchos turistas y muchos fieles –¡demasiados, para poder disfrutarlo del todo! –. Aun así, subimos los 551 escalones para llegar a la cúpula – diseño de Miguel Ángel, ese hombre está en todo-, y admirar unas preciosas vistas de la ciudad. Tras otra pizza quattro formaggi y un buen helado – nota mental: cuando vuelva a Italia, no olvidar ni el helado de banana ni el de pistacho ni el de melón –, nos encaminamos a los Museos Vaticanos que me agotan y me superan completamente. Ahí hay mucha belleza latiendo, pero el agobio me (nos) puede y nos contentamos con contemplar las Stanze di Raffaello –¡La Academia, sí! – y la Capilla Sixtina, en la que sólo habría pedido soledad. Pero no pudo ser, así que salimos de allí y nos dimos un laaaaargo paseo hasta Piazza Navona, en el que cruzamos el Tíber y fotografíamos el Castillo de San Angelo – aunque yo prefiero los ángeles del puente y la sensación de libertad de pasear por Roma a mis anchas, con un mapa arrugado y con la foto de un niño de anorak rojo y hombros arqueados –.


El viernes aun visitamos las catacumbas de San Calisto y tenemos tiempo para la última comida y las últimas fotos, pero el cansancio y la alergia nos puede y, tras un viaje con turbulencias que se me hace eterno, vuelvo a Zaragoza, a mi cama, a mi café por las mañanas, a leer El Invierno en Lisboa, a comer algo que no suene a italiano; y así, al bajar de un bus en un pueblo que siempre intuyo breve a las 16h30 de la tarde, con una bolsa amarilla con  fussilotti y con un fiat-cinquecento-que-parece-un-escarabajo, cuando escucho su saludo y sentí su abrazo, entonces, llego a casa.

Feliz inicio de semana, a mí se me va a hacer duro tras tan intenso descanso. Pero intentaré hacerlo lo mejor posible :D
Nata

P.S. He robado a mis amigas Elisa, Pilarcha y Celia unas cuántas fotos, así que darles las gracias una vez más ^^
P.S.2. Pronto podréis cotillear el viaje en mi Flickr si no lo habéis hecho ya en Facebook.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Susurro de palomas

Tal vez Mariana creyó que Manuel ya había despertado y que subía a buscarla, porque cuando se apartó de la ventana tenía en los labios una sonrisa sin asombro, como si hubiera estado fingiendo que no escuchaba los pasos para permitirle a Manuel la delicada ocasión de llegar silenciosamente hasta ella y de taparle los ojos mientras la abrazaba.

ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Beatus Ille

____

Me maravillan las Galas y las Marianas de espaldas. ¿Y a vosotros?

martes, 22 de marzo de 2011

Basia mille

 

Vivamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum severiorum
omnes unius aestimemus assis!
Soles occidere et redire possunt;
nobis cum semel occidit brevis lux,
nox est perpetua una dormienda.

Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut ne quis malus invidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

___

Latín, sí. Porque estoy de buen humor, porque me gusta traducir verso, porque me gusta Catulo y su “dame mil besos, después cien más y después otros mil y otros cien”, porque me gusta la pintura de Dalí, porque estoy leyendo otra vez Beatus Ille y me sigue enamorando, porque hoy ha llovido y llevaba capucha, porque hoy olía demasiado bien por todos sitios, porque hoy he escrito como nunca y aun no sé por qué, porque están poniendo una exposición de Federico al lado de mi casa y leo sus versos cada mañana de camino al bus, porque John Lennon me hace reír cuando dice “shut up, Paulie is talking”, porque estoy empezando a Nietzsche y eso me recuerda a nuestro diciembre, porque me quedan muchísimos libros por leer y miles de Catulos – y Virgilios y Ovidios – que traducir,  porque hoy – y siempre – tengo a la persona más increíble del mundo a mi lado, porque y porque y porque y porque…

Besos (o basia mille)
Natalia

P.S. Traducción para los no-latinistas en los comentarios (:

martes, 5 de octubre de 2010

Aprender bien

Hoy, he conocido a Muñoz Molina. Sí sí sí. ¡Muñoz Molina! Ofrecía, como ya anuncié en el Cultural, la conferencia de "Elogio apasionado del conocimiento", inaugurando así el curso de "CAI en el siglo XXI" que versa sobre la realidad española de hoy en día.

Muñoz Molina pretende, con su conferencia, demostrar la maravilla que es aprender y hacernos ver las posibilidades que hay dentro de nosotros mismos. Destacaba ya, desde el principio, como el aprender es el rasgo más natural del hombre. Ha tachado a los bebes y niños de filósofos presocráticos que buscan el origen y el por qué del Universo, y que saben dar respuesta a todo esto desde su pequeña perspectiva. Pequeños, inexperimentados, sí, pero ansioso por saber el final de un cuento a penas se les ha contado el principio. Y hablaba Muñoz Molina de como, poco a poco, aprendemos a atarnos los cordones, a montar en bicicleta, a conducir un coche... Sostiene (y me encuentro de acuerdo con él) que aprender bien es olvidar que hemos aprendido: lo más natural ha conllevado su aprendizaje, pero nunca nos acordamos de ello. ¿Conclusión? En este caso, hemos aprendido bien.

Sin embargo, contamos hoy día con una suerte de desolación no solo en la enseñanza, sino por la apetencia por el conocimiento, el deseo de saber. Realiza Muñoz Molina en este punto una brillante comparación las generaciones pasadas: antiguamente, la ignorancia era vista como una debilidad, una humillación, un insulto de clase, la "pura imposibilidad de libre albedrío". Y por tanto, hoy día, deberíamos de saber que la ignorancia no libera, sino que embrutece.

El conocimiento, además, nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. Y aquí sí que citaré una parte del discurso de Antonio Muñoz Molina que me ha parecido genial:

Desde que Copernico desbarató la idea de que la tierra era el centro del universo, el conocimiento racional no hay hecho más que ponernos saludablemente en nuestro sitio: somos primos hermanos del gorila y del chimpancé y parientes próximos de la rata de laboratorio y de la mosca del vinagre. El orgullo de las raíces y del origen que tanto les gusta celebrar a los peores gángsteres de la política nos lleva a todos exactamente a la misma patria, las savanas del África oriental de las que emigraron algunos de nuestros antepasados hace unos sesenta mil años. La idea tan original que tú piensas que acaba de ocurrírsete la pensó hace milenios un egipcio o un griego, y la podías haber aprendido antes y mejor formulada en cualquiera de los libros que no te molestas en leer. Tu soledad no es tan amarga porque la reconoces en un poema escrito por un desconocido. El ser humano no es el rey de la creación ni la medida de todas las cosas.
¿Y a qué conclusión llega? Que el conocimiento, el saber, fortalece nuestra soberanía personal y que, por tanto, habríamos de empezar a preocuparnos en aprender a sentir esa pasión por aprender.

Una conferencia que merece la pena escuchar, ya solo sea por el conferenciante. He podido conocerlo personalmente y ahora tengo mi ejemplar de El jinete polaco -novela más que recomendable- firmado y dedicado. Gracias a Muñoz Molina por ese ratito y, a todos vosotros, os animo a descubrir su literatura que no os dejará indiferentes.

Y, venga, animaos: Sapere aude!
Natalia

viernes, 25 de junio de 2010

Lecturas verano 2010


LECTURAS VERANO 2010


Leídos
1. Un mundo feliz (Aldous Huxley) 9
2. Beatus Ille (Antonio Muñoz Molina) masterpiece
3. La familia de Pascal Duarte (Camilo José Cela) 7
4. Amsterdam (Ian McEwan) 8
5. Pride & Prejudice (Jane Austen) [inglés] masterpiece
6. Rebelión en la granja (George Orwell) masterpiece
7. The Runaway Jury (John Grisham) [inglés] 10
8. El tragaluz (Antonio Buero Vallejo) masterpiece

Leyendo
-Ana Karennina (León Tolstói)

Pendientes
-Goya (Ramón Gómez de la Serna)
-Ana Karenina (León Tolstói)
-El retratro de Dorian Gray (Oscar Wilde)
-Los siete pilares de la sabiduría (T.E. Lawrence de Arabia)
-Divina comedia (Dante)
-Saga Sherlock (Arthur Conan Doyle)
-El señor de las moscas (William Golding)
-El viejo y el mar (Hemingway)
-La pregunta de sus ojos (Eduardo Sacheri)
-Algo de Auster
-Todo Salinas
-The Shining (Stephen King)
+vuestras recomendaciones ;)

Unas lecturas más que interesantes para un verano que pinta muy bien :D
(Y con una vuelta aun mejor ^^)

domingo, 23 de mayo de 2010

Yo no quería ser algo; quería ser alguien

Me miro en el escaparate de esa tienda nueva de fotos que hay en los soportales, compruebo con satisfacción que el flequillo me cae sobre los ojos y que el pelo me tapa las orejas, me veo delgado y ágil con mi pantalón vaquero, mis zapatillas deportivas y mi blusa negra, casi me parezco de lejos a Lou Reed en la luna del escaparate, aunque me haría falta una cara más chupada y unas gafas oscuras.
EL JINETE POLACO
Antonio Muñoz Molina
El jinete polaco es un libro con banda sonora. Pero con banda sonora buena, además. Gracias a Muñoz Molina he re-descubierto a Lou Reed, que lo tenía algo abandonado, y me he encontrado con la canción de My Girl que tantas veces antes había oído sin ser capaz de situarla. Cuando hablan de los Beatles en una obra tan perfecta de la literatura no puedes más que estar feliz y contenta, pese a que te queden siete exámenes por delante. Ahora me apetece mucho más seguir leyendo las palabras de Muñoz Molina, tan perfectamente compuestas, esas imágenes tan arrebatadoras que no echas ya en falta los signos de puntuación. Y lo que tenga que ser, será. And the coloured girls go doo do doo do doo do do doo.

Venga, ¿quién se apunta a una vuelta por the wild side?
(:

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