Mostrando entradas con la etiqueta shakespeare. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta shakespeare. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de diciembre de 2012

We'll rest us, Hermia.


Desfalleces, amor, de tanto vagar por el bosque.
Y a decir verdad he olvidado el camino.

WILLIAM SHAKESPEARE.

Olvidas el camino como muchas veces olvidas sacar dinero antes de tomar el café o responder al mensaje que te ha hecho sonreír brevemente. Olvidas el camino igual que muchas veces olvidas decirme todas las cosas que se acumulan en tu cabeza, quizá porque algo te deslumbra un segundo, te sorprende un tren, un botón sobre la acera, una fórmula matemática, un documental de la dos, un acento extranjero o los dedos pulgares de un dibujo infantil. Olvidas el camino y temo que, entonces, te olvides de mí, que te vayas lejos y otra cosa te conquiste y te haga sonreír, más allá de las zapatillas con forma de oso o los cereales con colacao o los casi tres años de abrazos. Pero tú me dices que no, igual que un día me dijiste que no te vas a ir a ningún sitio a no ser que sea conmigo, que no me vas a dejar dormir sola en el bosque jamás. Olvidas el camino y, lo maravilloso, es que no lo olvidas, que yo olvido que no hay camino, que se hace camino al andar. Mirar el medio como fin. Eso es. No barrer la calle de una tirada, disfrutar con cada mota de polvo. Que lo más bonito es perdernos juntos.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Ego(n)

El dolor que mira a una estrella.
VICTOR HUGO.

And I am sick when I look not on you.
WILLIAM SHAKESPEARE.

Si no me mirara siempre desde arriba, no desde el escorzo vacío o desde el silencio de la ciudad en la mañana, ni desde la costumbre o la felicidad de tenerme sin pensarme, no desde el recuerdo o el presente interesado, ni desde el azul de sus hombros o las pestañas que dejan sin luz. Desde arriba, siempre desde arriba, pretendiendo estar siempre debajo, desde arriba sin dolerse, siendo estrella, estrella fugaz, a veces, que cambia de repente sin darse cuenta, que tan pronto aparece como desaparece y se funde con los otros o con la nada sin dolerse, sin pensar en el brillo cegador que ejerce, sin pensar en los tristes satélites o las motas de polvo que giran a su alrededor. SI no me mirara siempre desde arriba, no desde la sorpresa instantánea ni desde la consecución del ahora, no desde lo irreparable o lo perecedero, sino desde el universo contenido en el pretérito o en el ahora o en los posibles o, aun mejor, desde el universo contenido entre las costillas, las caderas o los dedos de los pies. Yo lo miro desde el miedo constante a que no me mire o a que, entre tanta gente, entre tantas cosas, se olvide de mí. Que sepa ser feliz sin mirarme.

¡Hola, semana!
N. A veces H.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Ser Helena o de otras formas de dormir con sudadera.

I love thee not, therefore pursue me not.

I am your spaniel; and, Demetrius,
The more you beat me, I will fawn on you:
Use me but as your spaniel, spurn me, strike me,
Neglect me, lose me; only give me leave,
Unworthy as I am, to follow you.
What worser place can I beg in your love,—
And yet a place of high respect with me,—
Than to be used as you use your dog?

(…)

It is not night when I do see your face,
Therefore I think I am not in the night;
Nor doth this wood lack worlds of company,
For you in my respect are all the world:
Then how can it be said I am alone,
When all the world is here to look on me?

jueves, 2 de junio de 2011

Zapatos rojos

 
Elvis Costello - (The Angels Wanna Wear My) Red Shoes

Así como el otro día tuve una tarde Bowie, hoy me apetece mucho escuchar a Elvis Costello, quizá porque el sábado viene a Zaragoza mi tío Miguel. Pero sea como fuera, ésta que os dejo es una de mis canciones favoritas :D Un pedacito de la letra dice:

But since their wings have got rusted,
You know, the angels wanna wear my red shoes.
But when they told me 'bout their side of the bargain,
That's when I knew that I could not refuse.
And I won't get any older, now the angels wanna wear my red shoes.

¿Pero qué tendrán los zapatos rojos de Elvis- y sus costello’s legs- para que los ángeles los quieran? Pues yo no lo sé – aunque me encantan los ángulos imposibles de sus piernas – pero sí sé qué tienen mis propios zapatos rojos. Mis zapatos rojos son mi familia que me apoya y me apoyará pase lo que pase. Son mis tíos – aunque a veces me regañen ;) –, mis primos, mi hermano que seguirá siendo pequeño aunque no lo quiera. Son mis profesores que, en la distancia, sé que siguen ahí; o aquellos que me han ayudado este año y me han prestado maravillas. Son mis amigos. Son mi chico y sus sudaderas y sus camisas y sus sonrisas y sus gafas y su todo. Son la carrera que aun tengo por empezar. Son los libros que tengo por leer y todos los que ya he leído. Son Los Beatles: son la nariz de Ringo y las mejillas de George. Son Lorca. Son todo el Salinas que me queda por saborear. Son las fotos acumuladas en Facebook, las tardes perdidas en cafés en el Rock&Blues, las calles de Villanueva que aparecen y desparecen…Son mi verano. Son Londres. Son en las yemas de tus dedos rumor de rosa encerrada. Son el Liverpool que me queda por conocer y el Magical Mystery Tour que está muriéndose por llevarme a donde sea. Son mi cumple que llega ya. Son mi diccionario de latín y mi edición del Cancionero de Petrarca en italiano, aunque no entienda nada o los Sonetos de Shakespeare en inglés. Son las notas que me aseguran un tercer curso con Guille en la escuela de idiomas. Son el alemán que aun tengo que aprender. Son la piscina a la que aun tengo que ir este fin de semana. Son el disfraz de los años 20 que algún día llevaré. Son la playa que me espera en poco tiempo. Son pasear por Hyde Park contigo.

Pero sobre todo, sobre todo, sobre todo, son míos. Y por eso nadie podrá quitármelos. Ni siquera los ángeles que quieran llevárselos.

Y por ellos, por mis zapatos rojos, merece la pena cualquier cosa.
:D

jueves, 10 de marzo de 2011

Unamuno: se salió usted con la suya.

¡Soñar que uno vive…, pase; pero que le sueñe otro…!

¡Sí, don Miguel, que se salió usted con la suya! Que don Augusto ha muerto. Sí, sí. Su personaje. Ajá, el ente ficticio. ¿Suicidio o asesinato, me pregunto yo, la muerte de la nívola Niebla, de Miguel de Unamuno? ¡Lo que me ha sorprendido esta historia! Sabía lo esencial, pero aun así… la forma de tratarlo, el ritmo lento y absurdo al principio, las conversaciones creador-creado, el patético final, el monólogo de Orfeo… ¡Una caja de sorpresa!

Claro que me ha dado que pensar. Para aquellos que no hayan entendido nada del párrafo anterior: Niebla es una novela de Miguel de Unamuno en la que el protagonista, Augusto Pérez, tras ser engañado por su prometida, descubre que no es sino un personaje de ficción y decide rebelarse contra su autor. Curiosísimo, ¿verdad? Pero también angustioso. Imaginad: todos – o casi todos – hemos tenido la paranoia de “quizá todo esto no es más que un sueño que estoy teniendo; quizá en cualquier momento me despierte y tenga una vida completamente distinta”. Pero, como dice la cita de arriba, ¿y si es el sueño de otra persona? Y no sólo eso; ¿y si ni siquiera es sueño, sino que solo somos personajes movidos al antojo de un escritor ya prestigioso, ya frustrado, ya borracho, ya olvidado, ya muerto, ya vivo, ya triste, ya cualquier cosa. ¡Qué gran dilema! Porque… ¿es estar vivo o estar muerto? ¿es tristeza o felicidad? Porque quizá no existes, vale, pero eres arte.

Quizá exista un mundo paralelo donde los personajes de la literatura lleven una vida normal. Un mundo en donde Andréi Bolkonski lea  un ejemplar del Times todas las mañanas;  donde don Juan quizá esté casado; donde Emma Bovary se cartee con Romeo; donde Oliver Twist sea amigo de Gatsby;  donde Bernarda Alba vista de blanco.

Y a vosotros, ¿quién os gustaría que os soñase, que os escribiese?
:D

sábado, 25 de diciembre de 2010

Distopía (II)

Tras aquellas Navidades tristes para los informáticos, se desarrolló una gran campaña publicitaria a favor de todos los cachivaches que ellos producían y los conceptos de ordenador, televisión, móvil, videojuego, comenzaron a calar fuera y dentro de la fábrica. Los niños se dejaban arrastrar por aquella marea de cables, de pitidos, de músicas disonantes, de imágenes luminosas, de espectros y fantasmas que asustaban a Max; sus padres no hacían nada por evitarlo pues ellos mismos desgranaban horas y horas – perlas perladas, regalos del tiempo – frente a una caja que emitía imágenes que los hacían reír, llorar, sonrojarse o gritar. Su estética la estudió Max desde la lejanía de su pequeña casa, asomándose por la ventana y oteando a través de las cortinas de su vecino. Tomó apuntes y quedaron grabadas en su mente las formas del aparato bautizado como “televisión”. Era ese aparato de formas rígidas heredera de la estirpe de las cajas – o al menos, él así lo concebía – y Max no podía entender como una progenie tan noble podía haber degenerado en ese artilugio de dudosa utilidad. La “tele” – que confundió primeramente con una versión de bolsillo de la misma, por la forma apocopada de su nombre-, presentaba en general una forma cuadrada o rectangular con una superficie o bien muy plana o bien muy gruesa, decorada con lajas plateadas, o negras y que emitía un constante zumbido que, cual aguijón, parecía haberse clavado en los oídos de los humanos, los cuales ya ni siquiera lo percibían. Pero este zumbido alarmaba y sorprendía a Max, que se daba la vuelta tras su estudio, triste, hacia sus paredes forradas de libros y encontraba en su tacto rugoso, cálido, prometedor todas aquellas risas y lágrimas que el resto buscaba en esa arca visionaria, donde naufragaban las esperanzas.

En las siguientes Navidades, se aumentó la plantilla en el departamento de “Tecnología e Informática”; medio año más y ampliaron sus instalaciones. Otros dos y sus cables ocupaban un pabellón entero. Varias secciones hubieron de ser trasladadas, reducidas o clausuradas. Las cartas que recibía don Nicolás ya no tenían sed de libros, ni de canicas, de ni muñecas, ni de peonzas; ambiciosos niños exigían aparatos tecnológicos cada vez más complejos, con más aplicaciones, más complementos y, por tanto más vacíos.

“Queridísimo don Nicolás”, rezaban las cartas, “este año he sido muy bueno y quiero un móvil de última generación, un ordenador (si puede ser portátil), un reproductor de música en el que además se puedan ver películas y una cámara fotográfica con la que vea hasta las escamas de los peces de mi pecera”. Y no se podían rechazar sus peticiones, porque era Navidad, y los niños eran felices con esa absurda ostentación de joyas tecnológicas, diamantes en bruto de la infelicidad. Ya nadie quería a los Grimm ni a Andersen; los adolescentes ya no temblaban con el romanticismo de Bécquer ni con los versos de Shakespeare, ya no se estremecían con Poe o con Dickens o con Wilde; e incluso los adultos habían cambiado a Dostoievski por una pantalla táctil y a Orwell por un equipo de sonido. Fue entonces cuando don Nicolás acudió al departamento de “Letras y Artes” e informó a los duendes, con lágrimas asomando a su mirar, que la unidad artística iba a ser salvajemente sesgada: quedaría reducida a dos duendes. Max y Lou fueron los escogidos; los demás serían reconducidos a otras secciones.

Así quedaron olvidados Max y Lou en un despacho pequeño y húmedo, un rincón solitario de la fábrica donde luchar contra la rémora del pasado, donde dibujar personajes y paisajes sin sentido que ya nadie contemplaría, donde ver amarillear el papel, donde soñar con acariciar un lomo de un libro nuevo, donde envejecer, y seguir envejeciendo.

“El sol brillaba con fuerza en cielo”, se leía ya, en un simple jeroglífico, el primero en meses. Max sonrió brevemente e imaginó unas manitas regordetas de un niño inocente desenvolviendo el regalo y estudiando después esa primera frase, tan prometedora, rebosante de aventuras, o de amor, o de terror, o de duelos, o de castillos, o de dragones, o de princesas, o de detectives, o de perros, o de bosques, o de ríos, o de soles que brillaban con fuerza en cielos azul caricia. La lámpara se quedó ciega durante unos segundos, robando a Max la luz amarillenta que parecía querer emular rayos de ese sol. Golpeó la lámpara, con experiencia, en un punto concreto y entonces quedó ante sí una vista general de su despacho: madera roída, paredes desconchadas, luz desvaída, crujidos de vejez, motas de polvo sangradas, quizá, por las Navidades de antaño. Un pequeño cementerio, eso era, con nichos bajo las tablas de maderas quejumbrosas, cansadas de aguantar tanto peso durante tanto tiempo. Un cementerio donde envejecer, envejecer hasta morir.

La lámpara guiñó de nuevo y Max quedó sumido en la profunda oscuridad no sin antes, distinguir, en una de las paredes, unas trazas sobrias, negras, claras, hirientes, como tecleadas con uno de esos aparatos que llamaban “ordenadores”, grafías robóticas que rezaban: “Aquí reposa el Arte. Que en paz descanse”.

______

Segunda parte del cuento Distopía, con el que gané el III Certámen Charles Dickens de la librería el Pequeño Teatro de los Libros. Espero, de nuevo, vuestras opiniones. ¡Gracias a la libreria por darnos esta oportunidad a todas, y dar la enhorabuena a Isabel, finalista del concurso! Y gracias a todos por leerme.

¡Feliz Navidad!
Natalia

P.S. Y gracias a ti por el dibujo :D (otra vez)

martes, 22 de septiembre de 2009

Questa piccolisima serenata

Mas de qué modo
he llegado a adquirir esta tristeza,
cómo la hallé o dónde di con ella,
qué sustancia la forma, en dónde nace
aún la he de averiguar.

Hoy he ido al teatro Arbolé, que nunca antes había visitado, para ver una adaptación -podríamos decir- casi completamente aragonesa -pues en ella han participado 21 comarcas de Aragón- de la obra El mercader de Venecia de William Shakespeare. Ya os hablé del argumento, pero lo vuelvo a resumir: Bassanio, enamorado de la bella Porcia, no duda en acudir a su fiel amigo Antonio, mercader veneciano, para que le preste dinero y así poder conquistar a su amada como si de un príncipe se tratase. Antonio anda en negocios marítimos y no tiene dinero que prestarle, no tan pronto, así que acude a Shylock, un ambicioso judío que le ofrece un extrañísimo pagaré: si no le devuelve sus 3.ooo ducados en la fecha señalada, podrá cortar una libra de la carne de Antonio de donde a él le plazca.


No sé si recordaréis, pero en mi época shakesperiana fue la obra de este genial dramaturgo que menos me gustó, pues creo que Otelo, el otro drama veneciano le da mil vueltas - adoro Otelo, adoro a Yago -. Bien, sin embargo, esta adaptación no me ha dejado para nada con mal sabor de boca. Es una versión que la podría describir en una palabra: colorida. Es cierto, te traslada a una Venecia llena de vida, pese a que la escenografía es lo más sencillo del mundo - quizá aquí este la clave o parafraseando a Shakespeare, esa es la cuestión -. Podríamos exceptuar en esta explosión de color y frases ingeniosas, algunas de la cosecha de Shakespeare y otras que se han sacado de la manga con bastante acierto, los oscuros pasajes de Shylock. Shylock es uno de los personajes de Shakespeare que, pese a ser bastante representativo e importante, no ha llegado a gustarme. Fíjate tú cómo con unas pocas palabras, con una mera actitud puedes convertir a un personaje en un antagonista insportable. Creo que mis compañeros también han notado la lentitud de los pasajes de Shylock, los más espesos de la obra. Aun sí, cabe aplaudir al polifacético actor que lo representa, porque, sin duda, hablando en plata, lo clava.

Todo esto acompañado por escenas y por frases o incluso párrafos - como os comentaba - que no corresponden al original pero que ayudan a hacer la obra algo más amena y también darle algo de folclore aragonés ¿por qué no? Aw y una música en directo a cargo de Miguel Pardo (percusiones), Jean-Pierre Bailly (guitarras) y arreglos de Alejandro Monserrat que de verdad da un toque especial a la representación.

Agradeczo de verdad que se hayan asentado en Zaragoza tras su gira por pueblos aragoneses, me ha ayudado a comprender claroscuros de la obra que antes no me convencían. Un aplauso para ellos porque las interpretaciones son grandiosas. Si los verdaderos actores son los de teatro, ya lo digo yo. Y para los interesados el horario de las funciones, a partir del 24 de septiembre hasta el 4 de octubre, de jueves a sábado, será a las 21.00 horas, mientras que los domingos comenzará a las 20.30 horas. Las entradas se podrán adquirir una hora antes de cada función en la taquilla del teatro o por reserva telefónica en el 976 73 44 66.

Besos
Natalia

jueves, 27 de agosto de 2009

Genio en la nevera

Tener a un genio en la nevera sí que es un privilegio ;)

domingo, 16 de agosto de 2009

Sweet lovely wall


You, ladies, you, whose gentle hearts do fear
The smallest monstrous mouse that creeps on floor,
May now perchance both quake and tremble here,
When lion rough in wildest rage doth roar.

Cada vez The Fab Four me maravillan más. No puedo dejar de reír con este video, en el que representan nada más y nada menos una de mis partes favoritas de Sueño de una noche de verano del gran Shakespeare: la cómica representación de la dramática historia de Píramo (McCartney) y Tisbe (Lennon) acompañados de Brillo de Luna (Harrison) y el "temible" - búsquese el pasaje de arriba en el video - león (Starr).

Y en dos por uno: Shakespeare y los Beatles.
Disfrutad!
N

sábado, 8 de agosto de 2009

Síndrome post-London (I)

Sufro del síndrome post-London. ¿Síntomas? Simplemente uno. Una gran necesidad de regresar.

Image and video hosting by TinyPic

Día I. De Henry a Winston

Sábado. Comenzamos nuestra aventura, tras un viernes de vuelo bastante insoportable.. Cogemos el metro, nuestro inseparable compañero londinense, y aparecemos delante del Big Ben (click-foto1) y de las Casas del Parlamento (2). Yo casi no puedo creérmelo. La visita a la abadía de Westminster (3) no es para menos. . Nos dejamos caer por la capilla de Henry VIII, más conocida como Lady Chapel, en la que están enterradas Isabel I y María de Escocia. Y luego llegamos al maravilloso Rincón de los Poetas, donde se esconden memoriales de muchísimos artistas británicos: Lewis Carrol, cuya placa reza en espiral "Is our life, then, but a dream?", Shakespeare, Jane Austen, las hermanas Brontë, Dickens... Salimos y el gríseo Londres nos dirige a los lindes de St. James's Park con la House Guards Parade (4) donde me fotografío con un guardia guapísimo -ñaña-. Nos dirigimos a las War Cabinets de Winston Churchill. Aquí descubrimos muchas curiosidades como que a Churchill le gustaba hacerse el sordo en algunas reuniones, que los teléfonos eran llamanos el coro de las bellezas o que su plato favorito era la ternera Wellington (5). Llegamos a Trafalgar Square y visitamos St.Martin-in-the-fields. Tras un ratito en Convent Garden, el agotamiento ya nos puede y no tardamos mucho en volver al hotel.

Día II: Go to it!

Iniciamos el día con un buen madrugón para llegar a tiempo al cambio de guardia en el Buckingham Palace, pero al llegar nos enteramos de que no hay. Sin embargo, no hay problema, porque el día es radiante y tanto el Buckingham Palace como el Victoria Monument (1) están muy favorecidos para las fotos. Paseamos por St. James's Park y cogemos el metro hasta el Imperial War Museum (2). El museo, al otro lado del Támesis, está repleto de tanques y aviones, e incluso algún submarino, aunque no amarillo. Hay, además, muchas exposiciones como la de la Guerra Secreta de los espías o la de Children's War, poco recomendable para gente sensible, queda comprobado. Con las trincherras interactivas - las Terrible Trenches (3) - incluso te diviertes, aunque una frase tatuada en la pared final te recuerda las horribles consecuencias de todo aquello: "So, did you survive to the terrible trenches? Over half a million British and German soldiers didn't". Dejamos el museo y, tras comer un perrito caliente, toca paseo por el margen izquierdo del Támesis (4). Por allí llegamos al Shakespeare Globe (5), teatro de inspiración tudor en el que se representan obras del dramaturgo. Cruzamos al otro lado del río por el Millenium Bridge cuando nuestras piernas no dan para más.


Día III: Do you like Ringo?

La semana comienza fuerte. El Madamme Tussauds, museo de cera mundialmente famoso, nos espera. O por lo menos eso dan a entendrer nuestros tickets de las 10h30. En metro viajamos hasta Baker Street y una estatua enorme de Sherlock Holmes nos dice que hemos llegado. Unos minutos de cola y ¡ya estamos dentro! Bueno, bueno, los famosos están realmente bien retratados. La memoria de nuestras cámaras se llenó aquel día, guardando fotos nuestras acompañados desde Oscar Wilde hasta Spiderman, pasando por supuesto por Johnny Depp -lalala- y los Beatles (1). Tras muchos flashes y también muchos gritos en la cámara de los horrores, nos ponemos en marcha para encontrar el mágico número 221 de Baker Street (2), más conocido por ser el piso del ficticio - pero casi tan palpable que eclipsó a su pobre creador - detective privado Sherlock Holmes. Hoy día, es un museo -quizá no tan famoso como otros pero realmente recomendable- en el que puedes encontrar el mínimo detalle de la vida del detective. Hicimos buenas migas con el guardia victoriano que guardaba la entrada del piso, pisamos el suelo de la habitación de Sherlock (3) así como el de Watson y los casos más famosos del detective desfilaron ante nuestros ojos. Y, ¡sorpresa! - o quizá no tanta; ya lo tenía planeado. Al ladito del museo está la Beatles London Store (4), donde no puedo resistirme a comprarme no una sino dos camisetas y un bonito poster. Junto a esta tienda está la de Elvis, donde encuentro un curioso cartel que reza Ringo Starr Road, cuya compra suscitó la frase del día. Comemos en Oxford Street y pasamos la tarde en Hyde Park (5). Cuando descubrimos que el London Eye está cerrado por razones no muy claras, cogemos un barquito que, a través del Támesis, nos lleva de vuelta al hotel.

¡Qué maravillosísima ciudad es Londres! Mañana continúo con la crónica.
Besos!
Nat

P.S. La sección de Lecturas se sigue actualizando ;)

lunes, 6 de julio de 2009

British week

Bueenas! Como os comenté ayer, no os vais a librar de una buena sesión de fotografías tomadas por una servidora. Así que comencemos, que una semana y una buena tarjeta de memoria dan para mucho...

Dejé Zaragoza el día 19 de junio a la par que envejecía un añito más. El viaje fue bastante agotador. De Zaragoza a Reus en bus, de Reus a Birmingham en avión y de allí a Worcester en otro bus, más concretamente hasta el King's School (1). Más adelante os hablaré de su historia, porque en ese momento, como comprenderéis, no hicimos otra cosa que saludarnos/reencontrarnos e irnos a cenar. Teníamos toodo el fin de semana por delante.

El domingo 21 visité Cadbury, una muy famosa fábrica de chocolate. Qué decir. Te regalaban chocolatinas por todas las esquinas. Y todo con cierto toque wonkés. En mi cabeza se reproducía una melodía bastante conocida por todos...-willy-wonka-willy-wonka-el-chocolatero-ideal-. También fuimos de compras a Birmingham. Pero yo ya me había hecho con tres libros de Anthony Horowitz y ya no deseaba nada más..

El lunes 22 nos reunimos todos en el colegio. Y ahora sí: King's School fue fundado por Henry VIII o el españolizado Enrique VIII. Sí, sí, el de las cinco mujeres. A mí la historia me sobrecogió. Supongo que la conoceréis. Grosso modo decir que me sorprendió mucho como una podríamos decir aragonesa Catalina fue la causante de la ruptura definitiva entre Inglaterra y Roma... Aunque por allá sostienen que fue el hermano de Henry, Arthur, prematuramente muerto y antiguo marido de Catalina, el que desencadenó los acontecimientos... De cualquier modo, nos contaron la historia de ese pequeño cisma y después nos llevaron al ayuntamiento de la ciudad (2), donde nos recibió el alcalde. Su cargo es meramente honorífico, no os penséis.


Y llegó el gran día. El martes visitamos Stratford-upon-Avon, famoso por ser el pueblo natal - y mortuorio - de Shakespeare -sí, ese personajillo con el que tanta lata os he dado estos días...-. Vimos un pequeño museo que podría haber estado mucho más logrado y después entramos a la que fue su casa. ¡Qué emoción! Yo manoseé todo - en el buen sentido -. Y ahora ya puedo decir que he pisado el mismo suelo que Shakespeare. También lo podrían decir mis compañeros si hubiesen mostrado un poco más de respeto. Peor para ellos. Desde aquí animaros a todos de nuevo a leer algo de Shakespeare... Os dejará con buen sabor de boca.





Todo fue tan emocionante... La chimenea de Shakespeare, la joyería Yago - casi me da algo -, Helena y Demetrio paseando por Stratford, el complicado inglés de los sonetos que me compré, mi genialísima bandolera de Los Beatles - sí, no tienen nada que ver con Shakespeare, pero no pude resistir la tentación. Y la tumba. ¡Oh, la tumba! La iglesia es preciosa y las vidrieras una maravilla. Y allí está. Sencilla y simple. Pero está ese nombre repetido hasta la saciedad que lo cambia todo...



Ains. Abandoné Stratford muy a mi pesar. Pero al día siguiente me esperaba Oxford, así que mi melancolía fue, digamos, pasajera. ¡Qué preciosidad! Sería una maravilla estudiar en Oxford. El comedor, los jardines, el claustro, las edificaciones, el cuadro original del Greco, las togas, el libro abierto, el azul marino, el árbol donde Malfoy se convierte en hurón... Todo me maravilló.



El jueves nos quedamos en Worcester admirando las vistas desde lo alto de la preciosa catedral y poco nos quedó ya por hacer. Saqueamos de nuevo el HMV, bautizado por mí como la Fnac inglesa, del que me llevé dos películas - para quien quiera saberlo: Stormbreaker y JesusChrist Superstar.


Llegó el viernes y de su mano, la despedida. Y de la mano de ésta - valga la redundancia - una lluvia horrible. ¡Qué digo lluvia! Tormenta. Horrible. Me calé hasta los huesos o, como decimos en Aragón, me chipié. Cuatro horas de viaje en autobús rumiando y estornudando no son definitivamente buenas para la salud tras una semana de tan fuertes emociones... Una experiencia inolvidable y que me ha dejado con ganas de más.

Aun así, qué caramba, una semanita en la playa y ahora de nuevo en Zaragoza empezando Guerra y Paz no me parecen para nada un mal plan...

Besos!

domingo, 5 de julio de 2009

Lecturas verano 2009 -sí, he vuelto!

Obviamente, he regresado con bien y con muchas nuevas experiencias a la espalda. ¡Tranquilos! A partir de mañana os contaré todo - esto incluye Stratford, Oxford, Worcester y mucho mucho Shakespeare... Pero ahora necesito un poco de relax. Me estoy poniendo al día con la música y el messenger - sí, soy la única que no tiene tuenti *es una aberración escribir así lalala* -.

Así que dejo aquí la lista de lecturas para este verano, como hice el anterior. Y, sí, también se aceptan sugerencias ;)

Leídos
Venetia (Georgette Heyer) 9
Chesil Beach (Ian McEwan) masterpiece
La reina en el palacio de las corrientes de aire (Stieg Larsson) masterpiece
Harry Potter y el misterio del príncipie (J.K.Rowling) 10
La escarcha sobre los hombros (Lorenzo Mediano) masterpiece
Guerra y Paz (Tolstói) masterpiece
Dexter in the Dark (Jeff Linsday) 8
Mira si yo te querré (Luis Leante) 10
Sábado (Ian McEwan) 8
La Importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde) masterpiece
Führer (Allan Prior) 9
Mansfield Park (Jane Austen) masterpiece
El estudiante de Salamanca (José de Espronceda) 10
El médico (Noah Gordon) 10
The Devil and his Boy (Anthony Horowitz) 9
El árbol de la ciencia (Pío Baroja) 10
El rey galante (Jean Plaidy) 9

Leyendo
Finalizadas las lecturas veraniegas. Ya llegarán las del 2010 :D

Por leer
El señor de los anillos 1: La comunidad del anillo (J.R.Tolkien)
La mano de Fátima (Ildefonso Falcones)
La Sombra del Viento y El Juego del Ángel (Carlos Ruiz Zafón)
Algo de Miguel Hernández -acepto recomendaciones
Más Lorenzo Mediano
Más Shakespeare

Mañana no faltéis: billete de ida rumbo Worcester - con fotos incluidas!

viernes, 19 de junio de 2009

Mirando hacia atrás pero caminando hacia delante...

Worcester /'wʊstə/ es una ciudad inglesa situada en el condado de Worcestershire, a 48 kilómetros al suroeste de Birmingham y 47 al norte de Gloucester. Esta ciudad está bañada por el Río Severn (el más largo y caudaloso de Reino Unido) y a sus orillas se asoma su imponente catedral, la cual aparece dibujada en el reverso de los billetes de 20 libras.

Los primeros asentamientos en la ciudad datan de la era neolítica y han sido hallados numerosos yacimientos que así lo confirman. Posteriormente, bajo ocupación romana, Worcester, entonces Vertis, se convirtió en un fuerte y en un centro comercial durante casi 300 años. Tras la retirada romana, llegaron los anglosajones y la ciudad fue casi destruida en 1041 y más tarde durante la guerra civil del siglo XII. En 1651 se produjo la Batalla de Worcester, en el intento de Carlos II de recuperar el trono de Inglaterra.

Según el censo de 2005, esta ciudad tiene 94.300 habitantes.
¡Y tan delante! Mañana, día en el que envejezco un año más, parto hacia Worcester, una semanita y a ver qué me depara el destino. Visitaré la tumba de Shakespeare, Oxford e intentaré actualizar desde allí aunque lo veo complicado. Y después viene otra semanita de playa, para ver si nos ponemos algo morenas... Así que durante dos semanas esto va a estar muerto, aunque espero que vuestros comentarios - y felicitaciones - hagan latir a este bloggín.

Tan solo quería despedirme de todos vosotros, pese a que la blogsfera no esté sino muerta durante estos últimos meses. Prometo actualizar - no pronto, pero más vale tarde que nunca - contandoos tooodos los detalles del viaje - bueno, quizá no todos - y demás experiencias.

Espero sinceramente que todos mis lectores - wow, mis lectores, suena raro de escribir - disfrutéis de vuestro verano, incluso aquellos invisibles que sé que están ahí siempre puntuales.

Gracias por leerme y muchos besos
Natalia

jueves, 4 de junio de 2009

Lecturas IV y V: Dramas venecianos

"¿Ha estado Shakespeare ciertamente en Italia alguna vez? ¡Tantos se han hecho esta pregunta, incitados por este conocimiento que él demuestra de sus lugares, sus costumbres y sus leyendas! (...) Lo mismo que se hubiese acercado, como tantísimos viajeros de entonces, a aquel centro de arte y literatura que era Italia, como que no hubiese puesto jamás su planta en ella. (...) Lo que otros, que auténtica y físicamente estuvieron allí, no acertaron a ver, quizá junto a sus ojos, él lo presintió desde lejos con ese insospechado sentido del genio..."

Otelo
El moro de Venecia
William Shakespeare


De esta obra recelaba un poco - todo hay que decirlo. Me sonaba más lejana. Shakespeare, Romeo, Julieta y Hamlet. ¿Y ahora qué? ¡Cuánto me alegro de haberme equivocado! Ciertamente, no la tomé con tanto entusiasmo pero qué bueno ha sido conocer a Otelo, a su enamorada Desdémona, a Casio y al "bueno de" Yago...

Con este comienza la obra. Yago, que jura por el bifronte Jano - espero que se note la ironía, Yago a partir de ahora es para mí la hipocresía en persona, eso sí, rozando la genialidad -, alferéz del afortunado moro Otelo, arde en celos. Otelo ha nombrado su teniente a un gran aritmético a fe suya, esto es, Miguel Casio. Obviamente, a su juicio, él merecía como ningún otro el puesto. Así, ayudado por el hidalgo veneciano Rodrigo, tejerá un plan para vengarse de su señor... Y este plan se centra en Désdemona, joven con la que el moro se ha fugado y casado en secreto.

Al padre de aquella, Barbancio, no le hace mucha gracia que su hija se haya casado con un errante vagabundo que es extranjero aquí y en todas partes, aunque al final acaba aceptando la unión. Desdémona y Otelo parten entonces a Chipre, donde comienza la acción... Yago envenenará los oídos de su amo con palabras acerca del persistente "coqueteo" que existe entre su esposa y su teniente... Y así matar dos pájaros de un tiro.

Otelo es considerada la obra de celos por excelencia. Y qué razón tienen.


Cuidado con los celos,
es monstruo de ojos verdes, que se nutre
de la carne que él mismo se procura.


A mí me ha parecido, sencillamente, grandiosa.

El mercader de Venecia
William Shakespeare



Antonio, mercader de la ciudad veneciana, se ofrece como fiador para un préstamo que el avaricioso judío Shylock ha aceptado a hacer a su amigo, Bassanio, enamorado de una joven que vive en Belmonte... Los términos del "pagaré", como lo llama Shakespeare, no pueden ser tachados sino de inusuales. Si en la fecha acordada 3000 ducados no son devueltos a Shylock, éste tendrá derecho a cortar una libra de carne del mercader - aunque no sucede lo mismo con su sangre...

Antonio, confiado, no siente ningún temor, pues sus bajeles van viento en popa - nunca mejor dicho - a la busca de los mejores mercados mundiales. Así pues manda a Bassanio a conquistar a la joven que responde al nombre de Porcia y que anda buscando marido a través de un pequeño-llamémosle-juego que su padre organizó antes de morir.


Esta obra ha sido con la que menos he disfrutado... Claro que es imposible no disfrutar con Shakespeare pero creo que la he cogido en mala época - exámenesexámenesexámenes - y que por eso se me ha hecho más pesada. Sin embargo, hay pasajes realmente memorables, como el del anillo o incluso la genialidad del cofre de plomo...

No dejéis de leerla por mis palabras. Últimamente el cansancio me puede, pero éste se va a evaporar ahora que me voy, nada más y nada menos, a Madrid, a la feria del libro. Así que estos días no me busquéis por aquí ^^

¡Disfrutad!
Besos

Nat

viernes, 29 de mayo de 2009

Lectura III: El sueño de una noche de verano

Estoy contenta. Y no porque el exámen de Historia de hoy me haya salido genialmente bien, gracias por preguntar, sino porque he descubierto que Shakespeare -¿de qué os pensabáis que os iba a hablar? - no solo nació en Stratford, sino que también está enterrado allí. ¡Voy a venerar los huesos de Shakespeare! O por lo menos lo intentaré, si es que consigo encontrar el lugar... "El lado norte del presbiterio de la iglesia de Stratford", reza el prólogo de mi edición de El sueño de una noche de verano... Porque a eso vamos...



El sueño de una noche de verano
William Shakespeare




El título original de esta obra es "A Midsummer Night's Dream", así que ya tenemos fecha concreta para situar la acción: Middsummer es solsticio de verano, por lo que nos situamos en el 24 de Junio, fecha que ya se nos acerca peligrosa- y dulce-mente a nosotros. Imaginad el verano en una Atenas gobernada por Teseo, enamorado de la amazona Hipólita. E imaginad también que la boda de ambos se va a celebrar ese mismo día, ese vigésimo-cuarto día, en el solsticio...

Teseo en su palacio ha de atender a Egeo, un ateniense que le presenta un grave conflicto de tintes amorosos. Su hija, Hermia, de estatura baja y de pelo negro como el azabache, no consiente en casarse - ¡elegir amor por ojos de otro! - con Demetrio, el hombre que él mismo había elegido como su yerno y que, además, está profundamente enamorada de Hermia. Además, Egeo denuncia a Lisandro, enamorado también de Hermia, al cual acusa de haber robado el corazón de su hija recitando rimas...

Hermia y Lisandro deciden entonces reunirse a la noche siguiente, la del solsticio de verano, en el bosque fuera de Atenas y partir allá donde su amor sea aceptado y puedan contraer feliz matrimonio. Aparece entonces Helena, de cabellos dorados, alta estatura y, para más inri, enamorada perdida e irremediablemente de Demetrio. Los dos enamorados le cuentan su plan y ella, celosa porque Demetrio fija toda su atención en Hermia, decide contarle el plan de áquellos a éste.

Por otro lado, se nos habla de un grupo de atenienses que quieren representar una obra en honor a Teseo e Hipólita en la noche de boda de éstos. Y el drama elegido es el de Píramo y Tisbe, desafortunados amantes de los que ya hos he hablado alguna que otra vez, y que además sirvieron de inspiración a Shakespeare para Romeo y Julieta... A lo que íbamos, todos estos respetables hombres, además de tener nombres muy esclarecedores -Membrillo, Posaderas, Comodón, Muerto de Hambre y demás -, son unos pésimos actores. Servíos de un ejemplo:

- Comodón, el carpintero, tú el papel del león; espero que así podamos hacer la obra.
- ¿Tienes escrito el papel de león? Os ruego que, si es así, me lo des a mí, porque soy lento en el estudio.


Este panda de actores nacientes deciden quedar para ensayar la obra en el bosque fuera de Atenas la noche siguiente... ¿Ya lo váis viendo?

Y, en último lugar pero no menos importante - para nada, en realidad - tenemos a Oberón y Titania, sendos reyes de las Hadas. Por una disputa referente a un niño indio al que Oberón reclama como paje, los monarcas no es que estén muy contentos el uno como el otro. Así Oberón, para vengarse de Titania, manda a Robin, el Duende - yo soy el alegre vagabundo de las noches - en busca de una flor cuyo néctar, untado sobre los ojos de cualquiera mientras duerme, hará que se enamore profundamente de lo siguiente que vea, ya sea hombre, animal o bestia.

Mientras el Duende cumple con su parte, Oberón escucha una dispusta entre Demetrio y Helena, que han ido al bosque a buscar a los otros dos enamorados... ¿Qué pasa? Pues que, cuando vuelve el Duende, Oberón no solo le encarga untar los ojos de Titania, sino del joven desdeñoso que desprecia a la dulce dama ateniense y le dice que reconocerá al joven por los trajes atenienses que lleva.

El Duende cumple su tarea a la perfección con Titania, que se enamora de Posaderas, uno de los actores y Píramo en la obra, que por una jugarreta del Duende ahora tiene cabeza de asno... Pero cuando encuentra a Lisandro y a Hermia dormidos en el bosque, confundiéndole con Demetrio, unta los ojos del joven, con tal mala suerte que lo próximo que ve es a una enfurecida Helena...

Así todo se torna en una cruel broma del destino...De tu error por fuera resultará destruido algún verdadero amor y ninguno falso quedará destruido...Oberón decide tomar las riendas del asunto, deshaciéndo el hechizo cuando los cuatro protagonistas caen rendidos a los brazos de Morfeo tras sus respectivos desengaños amorosos, y así todo queda reducido a un sueño de una noche de verano... Cruel, pero sueño al fin y al cabo.

De verdad, tenéis que leer esta obra. Es la que más me ha gustado de Shakespeare con diferencia. Me he reído, me he maravillado, me he sorprendido con la fantasía y me he carcajeado con la obra de Píramo y Tisbe. Pero lo mejor, sin duda alguna, el epílogo:< /div>
Si a las sobras hemos ofendido
no penséis sino esto, y todo esta arreglado:
que vosotros no habéis sino dormido aquí
mientras estas visiones aparecían.


Besos
Natalia

lunes, 25 de mayo de 2009

Lectura II: Hamlet

Ser o no ser, esa es la cuestión. Ésta es, sin duda, una de las frases más conocidas a nivel mundial. ¡Y qué razón tiene! ¡Qué reflexiones me han valido estas palabras y todo el significado que engloban! Pero, paso por paso.

Hamlet
William Shakespeare

Obra publicada por primera vez en 1601. "¿Qué hombre honrado no tiene algo de Hamlet?", se preguntan en el prólogo de mi edición. Hamlet es, pues, el príncipe de Dinamarca al que su padre - o mejor, la sombra de éste - rey recién muerto se le aparece para desvelarle la terrible verdad:


Han dicho que dormido en mis jardines
me hirió un áspid, y toda Dinamarca
con el falso relato de mi muerte
fue engañada; mas sabe, ¡oh, noble joven!
que la serpiente que mató a tu padre
hoy lleva su corona.

Esa sierpe es Claudio, nuevo rey de Dinamarca, que no solo goza del trono sino del matrimonio con la reina viuda o Gertrudis. Al saber Hamlet que su padre fue asesinado y el trono dinamarqués usurpado por su propio tío, no siente sino deseos de venganza. Pero las dudas le invaden. ¿Es cierto lo que la sombra le ha referido? Decide entonces representar una obra que narre los hechos y observar a Claudio, pues esta convencido de que su culpabilidad saldrá a flote bajo la luz mortecina de la obra -la comedia: con su ayuda la conciencia del rey veré desnuda.-.

Tenemos por otro lado a la dulce Ofelia, una joven soñadora que ve su amor correspondido... Y Laertes, su hermano que parte a Francia para después regresar a Elsenore clamando venganza por la muerte de su padre, Polonio, al que Hamlet -¡Hola! ¿una rata? ¡Muerta, pardiez, muerta! - hiere mortalmente.

Un final estremecedor que yo, en verdad, desconocía aunque sospechaba. Heridos con su propia medicina... Esto se podría aplicar al Rey y a Laertes. Qué queréis que os diga, yo a este último le he cogido mucho cariño. Es muy entrañable él, como muy protector y algo torpe...

Los personajes, como la trama, me han parecido muchísimo más complejos que los de Romeo y Julieta: Ofelia y su delirar, Laertes y su venganza-fallida (o no), el Rey con su máscara de bondad y preocupación -¡Mi crimen cuán corrupto hedor exhala!-, la Reina y su corazón dividido, el siempre fiel Horacio...

Y Hamlet, de nuevo. Siempre Hamlet. ¡Qué imágenes sobre la Muerte, región incógnita de donde nunca retorna el viajero...! ¡Qué palabras! Detrás del prestigioso Ser o No Ser hay verdaderamente un mundo... Que en polvo eres y en eso te convertirás... Y que Julio César pasó a ser polvo, pasó a ser barro y de ahí a cubrir una mera pared... ¡Qué ironías de la vida, que el rey y el mendigo sirvan de platos en la misma mesa...! Delirios míos, lo siento. Mea culpa. Ya no os hablo del rey danzando por las entrañas del mendigo ¿No? Mejor que no. Es largo de explicar.

Qué maravilla que alguien, como el gran damaturgo que era Shakespeare, con unas cuantas palabras elegidas acertadadamente escogidas pueda hacerte estremecer de esta manera... Quizá es porque solo se limita a decir cosas que son completamente ciertas...

Morir; dormir. No más, y con un sueño
pensar que concluyeron las congojas
los mil tormentos, de la carne herencia,
debe término ser apetecido.
Morir; dormir. ¿Dormir? ¡Soñar acaso!
¡Ah! La rémora es esa; pues qué sueños
podrán ser los que sobrevengan
en el dormir profundo de la muerte.

Saludos, ultimamente más shakesperianos que nunca.
Nataliaa

A mí me resta ya solo el silencio...

viernes, 22 de mayo de 2009

Lectura I: Romeo y Julieta

Buenas! Estoy teniendo unos días no muy buenos, además de que los exámenes se acercan... Pero aun así, esta semana he ido acompañada por el librín de Romeo y Julieta, de William Shakespeare como todos sabréis. Lo cierto es que ya me lo había leído, pero demasiado rápido, esta vez lo he disfrutado muchííísimo más. Comentaos que con esta entrada inauguro mi etapa de lecturas shakesperianas. Esta etapa culminará con mi visita a Stratford-Upon-Avon este verano (:

Romeo y Julieta
William Shakespeare


Ains, quién no conoce esta tragedia, quién no conoce a Romeo y su Julieta, a Julieta y a su Romeo... Publicada por primera vez en 1595 - que se dice pronto - esta obra no ha dejado de dar lugar a películas, canciones, más novelas, reediciones...Pero nada como la original.

¡Qué personajes! Están todos tan perfectamente definidos... Empezando por Romeo, el ferviente enamorado - ¡Horas amargas, cuán lentamente caminar os veo! - que en ocasiones su talante es más femenino que viril, pero todo porque ella, Julieta, se le ha aparecido como el sol... Julieta, un joven inexperta, de vestal la califica Shakespeare más de una vez, que siente correr por sus venas el veneno del amor por un enemigo, un Montesco - ¿Qué es Montesco? Decid. Ni pie, ni mano, ni brazo, ni semblante.


Conforme avanzamos en la novela, podemos observar como el oido entre Montescos y Capuletos crece y, a la par, como la pasión entre los enamorados aumenta.

Y Mercucio, Mercucio. Mi personaje favorito. Un crítico ocurrente dijo que Shakespeare lo mató en el tercer acto para que Mercucio no lo matase a él antes. ¡Qué labia! Romeo ya dice que habla más en un minuto que lo que se escucha durante un mes. Yo me quedo con él aunque cierta nodriza lo califique de truhán.

Además, todo se complica cuando Mercucio es asesinado en un duelo por Teobaldo -¡Oh, Romeo! Mercucio ya no existe. Ese espíritu audaz que despreciaba la tierra ha poco, se lanzó a las nubes-, sobrino de la señora Capuleto. Romeo entonces, ebrio de dolor por la muerte de su más preciado amigo, arremete contra Teoblado y éste cae, como dice Shakespeare, esto es un eufemísmo de que muere. El Príncipe de Verona es quién ha de tomar medidas, en cierto modo es el juez que condena a los enamorados: Romeo queda desterrado - el mísero lebrel, el pobre gato, el infeliz ratón, un ser cualquiera vive en el cielo; aquí, pues, verla puede, pero Romeo no.-. Y así se desencadenan los acontecimientos hasta que Fray Lorenzo, un bondadoso franciscano, encuentra la mundialmente famosa solución que acabará en tragedia.

Aw, la verdad es que me he enamorado completamente de Romeo - bueno, quién no? - desde que leyera esta frase:
-Ese pensar en ella luego se olvida (Benvolio)
-Enséñame a olvidar como se piensa (Romeo)


Bueno, en resumidas cuentas, que quién no se lo haya leído que lo haga. Pero que lo haga lento, como yo, buscando palabras en el diccionario para entender la grandeza de cada frase y que saboree éstas sin importarle el tiempo...

sábado, 10 de enero de 2009

De fierecillas y domadores

Ayer, día 9 de enero, a las 22h00, se levantaba lentamente el precioso telón del Teatro Principal de Zaragoza - adoro ese telón +.+ - para dar paso a un escenario sencillo pero curioso. La función comienza y yo me revuelvo en mi asiento, en la fila número 10.

La susodicha función se trataba de la obra "La fierecilla domada" de William Shakespeare. Primero decir, que para mí ver una obra de Shakespeare me parece algo milagroso. Lo mismo opino de ir al teatro a ver clásicos. Que a través de tantísimos años se sigan representando como se hacía antes.... ains... Bueno, encabezando el programa, tenemos a Alexandra Jiménez, como Catalina, áquella conocida por su lengua indomable y su carácter arisco. Y por otro lado al enamorado de su fortuna, José Manuel Seda, Petruccio y también como Sly, un Segismundo shakespeariano.

Conforme la obra avanza, creo haber encontrado las palabras para definirla: una comedia dentro de una comedia. Quien la haya visto, creo que me comprenderá.

El argumento me llamó la atención desde el principio, y la transformación de los personajes reales en personajes teatrales es una maravilla, sobre todo el monólogo final de Petruccio para acabar convertido de nuevo en el borracho Sly.

La famila del señor Bautista Minola es completamente bipolar. Por un lado, su hija pequeña Blanca, con su belleza pura y virginal, con miles de pretendientes besando sus pies. Y por el otro, su hija mayor, Catalina, de carácter arisco y con una retahila de insultos dispuestos a salir de su boca a la mínima que alguien se le acerque. El dilema es que los enamorados de la pequeña Blanca no se podrán casar con ella hasta que su hermana mayor haya contraído matrimonio. Así que estos pretendientes desesperados - cabe destacar la actuación de David Alarcón como Hortensio - buscarán un marido para la Minola mayor.

Y entra en juego Petruccio de Mantúa, hijo de Vicencio, que quiere casarse no por amor, sino por dinero y no encuentra ninguna desventaja en el caracter indomable de Catalina. A partir de ahí, la obra se torna en un manatial de risas en los intentos de Petruccio en domar el humor de su futura esposa. La escena de "¡Pero por qué dicen que eres coja!" es memorable.

Otra frase que llamó mucho mi atención fue:
Petruccio: He oído decir que vos tenéis una hija, de nombre Catalina, que es bella y virtuosa.
Bautista: Sí, tengo una hija... de nombre Catalina.

En resumen, que es una obra que merece de veras ser vista y escuchada, pues la diversión está asegurada.

Saludos!