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jueves, 14 de noviembre de 2013

A través de ti.

Look at me
what am I supposed to be?
what am I supposed to be?

A veces parece que no miramos a los ojos sino a través de los párpados, o del dolor, o de los cristales. O través de nosotros mismos, como si las nieblas de nuestra cabeza bajaran a nuestros ojos y nos cegasen y deformasen la realidad. Pero a veces no hay niebla y sí que miramos a los ojos. O a veces miramos a los ojos y es el otro quien oculta niebla, nieve y agua. Como cuando George Harrison, terriblemente enfadado con John Lennon, durante unas de las reuniones para acordar las condiciones de ruptura del grupo, se acercó a él, le tomó de la cabeza y le dijo que quería verle los ojos. Lennon se quitó las gafas de sol – cómplices, como las capuchas, de tantos fastamas faciales – y se puso sus famosas lentes. Harrison, enfurecido, le gritó que quería ver sus ojos, que así no le veía los ojos, que todavía no le veía los ojos. Agarró las gafas y The Quiet Beatle – nótese la ironía, probablemente una de las pocas personas que se atrevía a gritar a Lennon – las arrojó con fuerza al suelo. Qué escena: los dos mirándose – o no mirándose – a los ojos. Qué fuerza. Me pregunto si George pensaba que a veces, muchas veces, o pocas veces, parece que no nos miramos a los ojos sino a través de los párpados, del dolor o de los cristales. O a través de nosotros mismos, a través de la niebla de nuestro egoísmo o de nuestras lágrimas. Aunque, también a veces, nosotros miramos puros, límpidos, blancos, al otro y es el otro quien muestra ojos opacos, como los de Lennon, nublados, de lentes perpetuas. Y mirar, mirar y que el otro te mire a través de sí mismo, a través de la tormenta que no moja en él sino en pómulos ajenos, a través de la erupción que no quema en él sino en arterias ajenas, mirar y que el otro te mire a través de sí mismo explica esas ganas de dejar de callar, como George, y gritar que así no ves sus ojos, que quieres verle los ojos, que quieres verlo puro, límpido y blanco.

(Pero, es inevitable amar, aunque sea, como dice Salinas, para mirar al mundo, a través de tí, puro, de hollín o de belleza. Y, desgraciada – o afortunadamente- tiene razón: merece soportar el hollín para mirar, a veces, la belleza. Merece la pena que te devuelvan la mirada unos cristales oscuros para mirar, a veces, unos ojos puros, límpidos, blancos y enamorados).  

N.Vuelve Rubber Soul a revolverme las entrañas.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Pelo verde a través del espejo (o de Degas y las mujeres peinándose)


Quisiera en tu cabellera
de oro soñar para siempre.
FEDERICO GARCÍA LORCA.

Si dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos sida o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

MARIO BENEDETTI.

Cuando llego a casa siempre estoy despeinada. Me miro en el espejo del ascensor y pienso que tú, hasta hace unos instantes, me has visto así, con los ojos algo rojos por las lentillas, con el moño deshecho en imposibles mechones. Las imperfecciones súbitas del rostro pero la perfección constante de la sonrisa. Pienso que si tú me verás así, tan de niña de las ocho de tarde, a veces con la mochila o con una camisa demasiado grande; pienso que, probablemente, antes de conocerte siempre estuviera despeinada. Jamás me paré a mirarme en el espejo. Antes de conocerte, al salir de la ducha, solía cantar alguna canción y eso era todo. Después, cuando eras presencia ininterrumpida, incluso en tu ausencia prolongada de jueves a jueves, al salir de la ducha, cuando emprendía la hazaña rutinaria de secarme el pelo, me miraba y pensaba para mí que era una pena que nadie me pudiera ver así, en albornoz, o en pijama, con el pelo suelo, a medio secar, más ondulado que nunca, con la cara rosa por las gotas que caían por mi espalda: mujer, sin saberlo, de Degas.

Supongo que antes de conocerte estaba siempre despeinada, pero después aprendí a apreciarme a mí misma: me compré vestidos, te prometí que me iba a dejar de morder las uñas. Aun así, los peinados siempre me quedaban mejor cuando me los hacía a solas en casa. Esperaba tu aprobación para todo, recuerdo comprarme mis primeros tacones y enviarte un mensaje para contártelo. Para entonces ya no estaba tan despeinada. Y ahora, cuando vuelvo a casa, después de un café rápido contigo, ese paréntesis mágico en el devenir incansable y cansino de la semana, ahora estoy despeinada y pienso que tú me has visto así y que quizá no estaba tan guapa como creía. Pero da igual, porque  ¿acaso no es bonito otorgar belleza a alguien? Estar contigo me hace más bonita.

Creo que Yves Saint-Laurent fue el que dijo estas dos verdades: lo más importante en un vestido es la mujer que lo lleva puesto y para ser hermosa, lo que una mujer necesita es un suéter negro, una falda negra y caminar del brazo de un hombre que ame. Otorgar belleza, hacer que una niña se convierta en una chica bonita. Ver más allá de su camisa de leñador, de sus converse negras que se había comprado para ir a Paris, de sus abrigos ridiculamente grandes o de su pelo mal planchado. También reirte al ver lo nerviosa y deseosa que está al estrenar un vestido, unos zapatos, una chaqueta porque sabes que lo hace para ti, para estar guapa para ti. Igual que hace todo para ti, aprenderse el alfabeto fonético y recogerse el pelo con las únicas cuatro horquillas que tiene.

Cuando llego al ascensor y el espejo me traiciona y me dice que estoy despeinada, tú en mi cabeza te transformas en Pedro Salinas y dices eso de

Por detrás de ti te busco.
No en tu espejo, no en tu letra,
ni en tu alma.
Detrás, más allá.

buscarme (y encontrarme) donde nadie me conoce, en el agotamiento de las ocho de la noche, en el frío de los bancos de febrero o en el moño mal hecho del desayuno; sigue buscándome más allá del espejo porque cada vez que me dices buenos días, preciosa me haces un poco más bonita.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Testimonio, justificación, interrogante.

XXX.VIII.MMXII
De cuatro y media
a cinco de la tarde.

(…) Y la verdad es que no recuerdo qué es lo siguiente que ha pasado, sólo sé que has dicho que sí y después, al minuto, a la hora, qué sé yo, yo estaba llorando histéricamente, creo que es la primera vez que he llorado así, así de fuerte, sin remedio, dejándome todo en ello, la verdad es que no podía controlarlo, al principio he querido tragármelo todo otra vez, una vez más, pero no había forma, es como cuando quieres reírte y no puedes y entonces te ríes más, pues así pero dolorosamente, del revés. Yo no recuerdo haber llorado así antes, ni contigo ni con nadie, y creo que te he asustado, porque después de haber aguantado una hora casi sin notar mi presencia, entonces sí, has roto todas las barreras y has venido a rescatarme, murmurando mi nombre, y entre las lágrimas he tenido tiempo de pensar que, por lo menos, esto era bonito, todo era tan intenso y olías muy bien y todo tú eras amor por mí, como lo eres siempre, pero entonces más, porque venías a salvarme y me apretabas muy fuerte contra ti y no querías dejarme marchar y me besabas el pelo y me limpiabas las lágrimas, pidiéndome perdón, perdón, perdón, pero yo no podía dejar de llorar (…) También se me acaba ahí ese momento, supongo que estaba demasiado ocupada llorando y pensado que era muy bonito estar por fin tan cerca de ti y verte tan preocupado, tan volcado en mí, besándome el pelo y la frente, eso sobretodo, y con tu mano en mi cuello, eso sí que sobretodo. La cuestión es que también se me borran las cosas y no sé cómo hemos (…)

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
PEDRO SALINAS
La voz a ti debida

Las reconciliaciones, los perdones, las pestañas, los párpados, los planes de futuro, el calendario, los retos, las promesas, las conquistas, las flores, la ducha, las palabras, los silencios, las sorpresas. Y ahora, buenas noches, ahora, por qué sigo esperando. Por qué hay vacío. Por qué. Expectativas, fracasos. Un día más, un día menos. Ya es septiembre. Tú y yo estamos a punto de conocernos. Las posibilidades. El miedo. Los condicionales. ¿Juegas? No lo sé. Pero no. No me abrazaste demasiado fuerte.

Night.

domingo, 10 de junio de 2012

Donde hay dos.

La vida es lo que tú tocas.
PEDRO SALINAS

Donde hay dos hay dolor y sin embargo
la vida sólo empieza donde hay dos.
LUIS ROSALES

La inexactitud de los rasgos tras la puerta, tras la cortinilla de abalorios que difumina su silueta, la ingenuidad que te invade al abrir la puerta y no esperar a quien de verdad estás esperando constantemente y, que al verla, no seas capaz de creerlo y por un momento hagas su silueta inexacta, su rostro desconocido, su mera existencia lejana. Y esos segundos en que esa persona no es esa persona, no todavía, porque el bus llegaba una hora más tarde, porque lo que ahora es real y concreto iba a ser de otra manera, entonces, en esos segundos en que esa persona no se ha definido aun, aunque esté esperando tus labios en el umbral de la puerta, en esos segundos es como si la volvieras a conocer, como si volvieras a encontrarla en el vacío verde de un domingo de junio y el reconocimiento repentino ya no es inexacto sino dulce, como dulce es la sorpresa en tu voz, dulce el recibimiento en tus brazos y en tu tarde amarilla de la que empiezan a huir las nubes. Pasar de lo abstracto a lo concreto en cuestión de latidos, lo abstracto de aquello que se esconde y puede ser cualquier cosa, un gato, una vida, una muerte, lo abstracto que no se espera y, repentinamente, sin ningún aviso, con el atrevimiento intrépido de lo temerario, se perfila escandalosa, ruidosa, inevitablemente, rompiendo con todo, con el devenir tranquilo y rutinario de las cosas, del bus que llega puntualmente, como hacen las cartas de caligrafía apresurada que se leen antes de ser depositadas en el buzón. De esta forma se perfilan los pies supuestos desesperadamente bajo unas bailarinas de irreal color carne, así aparece, perfecta, decidida, la piel tersa bajo los dedos que la buscan, el resquicio que separa el zapato del empeine jamás antes buscado, el avance de todo lo que puede ser después, cuando el piano calle y lleves a esos pies descalzos más allá de la carretera y de los vasos de leche con galletas. Lo abstracto que se desdibuja en el perfil indiscutible del despertar donde hay dos y no hay uno, el tacto irrecuperable, único, que lucha contra la negación y vence siempre, especificando el deseo en el cauce curvo de lo afirmativo, en la irremediable capitulación. Huir de lo posible, de lo irrealizable, y desembocar en lo preciso, lo delimitado, lo real, lo que, por otra parte, no podía ser de otra manera, como si el mundo fuese aquello que tú ideas, que tú realizas constantemente con la punta de tus dedos.

miércoles, 6 de junio de 2012

Los miércoles y Salinas (vol.3)

Largo Lamento
[1]

Soñar casi en puntillas

Otium, Catulle, tibi molestumst:
otio exsultas nimiumque gestis:
otium et reges prius et beatas
perdidit urbes.

Beware of the thoughts that linger
Winding up inside your head

Quiero dejar de ser ábaco y poder ser como tú. Sed vosotros este tiempo vacío, transparente, ese mirador de mármol en el que no hay nada más allá del lila. Cambiarnos los papeles por tan solo un día. El tiempo para qué, las hojas para qué, la voz para qué. Quid profuit, quid utile? Huye, no-rutina. Huye. El ocio, Catulo, el ocio te pierde. 

N.

P.S. De intertextualidades va la cosa.
P.S.2. Soy como Solana en la noche del 21 de mayo del 37.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Los miércoles y Salinas (vol.2)

Razón de amor
[1]

Tenía que ser así.


Suena la Suite para Chelo nº1 de Bach

El mundo es hoy como es hoy porque vamos a empezar a cuidarnos un poco, porque te vas a sacar el carnet el viernes o porque te gusta la semántica lógica y quieres comprarte un manual para leer sobre los mundos posibles, todas las cosas que te envenenan, y porque te gusta la mermelada de melocotón y las rosas y recibir regalos o porque te encanta el ansia azul de las sorpresas, la inocencia torpe de intuir reacciones que luego jamás ocurrirán, la ingenuidad, la indecisión de decir espero que le guste y porque te gusta leer después de la ducha, aunque no te gusta el silencio, no, eso no te gusta, pero qué se le va a hacer, no todo podía ser perfecto, mañana tendremos música, tú tendrás música, aunque aun no lo sabes, de momento tienes sueño y, a ratos, ganas de llorar, pero también tienes el pelo mojado y el jueves abren las piscinas y tienes poesía y mañana tendremos música, quizá pronto quieras volver a ensuciarme los bolsillos de los vaqueros, aunque ahora dices sí, sí, sí, quiero, pero yo sé que tú aun no puedes, tú eres tú y yo soy yo y hasta dónde llegamos, hasta dónde llego yo que me pierdo constantemente contemplando tus límites, tus fronteras y tus orillas, pero no todo podía ser perfecto, mañana a lo mejor me atreva a darte música.

P.S.
Completa la frase:

Ahora las voces eran otras, más lentas y cálidas, como adensadas por la oscuridad, y adelantaban las manos para rozarlas entre sí o tocar tan sólo las ropas o la piel o el aire perfumado que las circundaba, varados no en la tranquila fatiga, sino en el…

miércoles, 23 de mayo de 2012

Los miércoles y Salinas

Don Ramón afirma, en una de sus greguerías, lo siguiente:

Miércoles: día largo por definición.

Benedetti escribe un testamento en miércoles:

Aclaro que éste no es un testamento
de esos que se usan como colofón de vida
es un testamento mucho más sencillo
tan solo para el fin de la jornada
o sea que lego para mañana jueves
las preocupaciones que me legara el martes.

¿Qué tienen los miércoles? Para mí sí que es un día largo: la semana ni acaba ni empieza, simplemente está ahí, existiendo en clave de miércoles. Es un día largo porque el reloj no avanza hacia la salvación del jueves, uno de mis días favoritos. Es un día largo porque anticipa pero no cumple con su palabra. Es un día largo, un puente amigo y traidor al mismo tiempo. Y, sobre todo, es un día largo, eterno, porque no te veo.

Así que, para aligerar este extraño día, se me ha ocurrido recitar poesía, una buena costumbre que había perdido. Me gustaría poder hacerlo todos los miércoles, pero no quiero arriesgarme, que aquí todo queda por escrito. Prometo intentarlo, al menos. De momento, empiezo. ¿El poeta? Pedro Salinas, porque me enamora. Y tiene las palabras exactas para todo: para el amor, para la ausencia, para el dolor. Me gustaría ir recitando poco a poco todo lo suyo y así ir jugando con las horas de este día y con la música de fondo.

De cualquier forma, hoy es miércoles y os recito a Salinas. Así que cumplo. Disfrutad.

La voz a ti debida
[1]

Y era yo.


Suena el Nocturno nº2 de Chopin

:)

domingo, 27 de noviembre de 2011

Telegramas viejos

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SMS: 2009-2011

Sí, telegramas viejos como dice Salinas, telegramas viejos que dejaría si me llamaras. Pero me llamas, me llamáis todos, y vais dejando pedacitos vuestros en mi alma. Y así dejo un pequeño homenaje a esos mensajes que ya mañana se van a borrar, casi 1000 SMS desde el año 2009, ese año en el que cambió todo. Mañana se van a perder, pero he elegido mis favoritos para compartirlos con vosotros.

Mensajes de papá recordándome que haga recados, conversaciones literarias con mamá – eternamente guardada en el móvil como primanataliam, sin jamás poder remediarlo –, mensajes de amigas que te mantienen al tanto de las últimas noticias, mensajes de Luz – siempre un caso aparte – incomprensibles,  mensajes de despertador que te dicen morning o de nana que te dicen nyt nyt.

Feliz inicio de semana
Natalia (:

domingo, 6 de noviembre de 2011

Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde…

Renace el mundo al saberse nombrado

Se apagan las luces, empieza la música. Entramos en las dimensiones del teatro: dimensiones que no se someten a ley alguna, dimensiones mágicas y de mecanismos ajenos. Pero que deslumbran. Como es el caso de Retrato, que ha estado con nosotros este fin de semana en el Teatro del Mercado. Retrato es una obra de Mariano Anós, único intérprete además, tan solo acompañado por la música de José Luis Romeo. En el programa la describían como un recorrido a través de la poesía española desde el siglo XVII al siglo XX. Pero no es solo eso. Porque la selección de poesía – de Quevedo a Cernuda, pasando por Espronceda – son pedazos de cada uno de nosotros y por tanto, Retrato no puede ser una obra cerrada, sino un espejo que nos llama a asomarnos a nosotros mismos.

Así, entramos en una nueva dimensión en la que la voz profunda de Anós nos llama a una introspección dirigida por las palabras de los grandes maestros de la Literatura: Lope, Salinas, Machado, Cernuda, Lorca, Gil de Biedma, Bécquer, Neruda… Menos de una hora para tratar los dos grandes macro temas de la humanidad: el amor y la muerte. El amor nos lo describen Lope – creer que el cielo en un infierno cabe -, Goytisolo - entre todos los ruidos de la noche yo distingo sus pasos - o Neruda – me gusta cuando callas porque estás como ausente -. Yo me quedo con Salinas y su alegría por vivir en los pronombres.La muerte y el miedo a morir nos lo transmiten con fuerza e intensidad Lorca en su ciudad sin sueño, León Felipe – no, no, no me contéis cuentos que vengo de muy lejos y sé todos los cuentos -, Espronceda y su pirata que no teme a la vida pues por perdida ya la di.

Y creo que merece la pena citar tres poemas excepcionales: por un lado el No volveré a ser joven de Jaime Gil de Biedma, en el que el autor creía que la muerte solo estaba en el teatro y expresa su sorpresa al descubrir que el único argumento de la obra es envejecer y morir; el famosísimo Retrato de Antonio Machado, para mí obra maestra y difícilmente superable, que da título al espectáculo – como ya he dicho, se nos anima a pintar nuestro propio retrato a través de la poesía -; y por último, el poema que se recita al final del propio Mariano Anós que reflexiona sobre la tarea del arte y dice que renace el mundo al saberse nombrado. ¿Por qué? Porque para eso está el arte, para crear el mundo y destruirlo al mismo tiempo – pues el arte está en borrarse -. Y si muchos versos – si mucha música, muchos espectáculos, muchos poemas, muchas obras, muchos personajes – son efímeros y van a perderse en el devenir del mundo, ¿por qué desperdiciar estas magníficas oportunidades que tenemos de conocernos a nosotros mismos a través de ellos?

Así que, no dejéis jamás de ver teatro. Éste es el mensaje de Retrato: no desaprovechéis el arte. Y esta obra no era sino arte en una tarde de cierzo en Zaragoza.

___

Natalia
:D

jueves, 2 de junio de 2011

Zapatos rojos

 
Elvis Costello - (The Angels Wanna Wear My) Red Shoes

Así como el otro día tuve una tarde Bowie, hoy me apetece mucho escuchar a Elvis Costello, quizá porque el sábado viene a Zaragoza mi tío Miguel. Pero sea como fuera, ésta que os dejo es una de mis canciones favoritas :D Un pedacito de la letra dice:

But since their wings have got rusted,
You know, the angels wanna wear my red shoes.
But when they told me 'bout their side of the bargain,
That's when I knew that I could not refuse.
And I won't get any older, now the angels wanna wear my red shoes.

¿Pero qué tendrán los zapatos rojos de Elvis- y sus costello’s legs- para que los ángeles los quieran? Pues yo no lo sé – aunque me encantan los ángulos imposibles de sus piernas – pero sí sé qué tienen mis propios zapatos rojos. Mis zapatos rojos son mi familia que me apoya y me apoyará pase lo que pase. Son mis tíos – aunque a veces me regañen ;) –, mis primos, mi hermano que seguirá siendo pequeño aunque no lo quiera. Son mis profesores que, en la distancia, sé que siguen ahí; o aquellos que me han ayudado este año y me han prestado maravillas. Son mis amigos. Son mi chico y sus sudaderas y sus camisas y sus sonrisas y sus gafas y su todo. Son la carrera que aun tengo por empezar. Son los libros que tengo por leer y todos los que ya he leído. Son Los Beatles: son la nariz de Ringo y las mejillas de George. Son Lorca. Son todo el Salinas que me queda por saborear. Son las fotos acumuladas en Facebook, las tardes perdidas en cafés en el Rock&Blues, las calles de Villanueva que aparecen y desparecen…Son mi verano. Son Londres. Son en las yemas de tus dedos rumor de rosa encerrada. Son el Liverpool que me queda por conocer y el Magical Mystery Tour que está muriéndose por llevarme a donde sea. Son mi cumple que llega ya. Son mi diccionario de latín y mi edición del Cancionero de Petrarca en italiano, aunque no entienda nada o los Sonetos de Shakespeare en inglés. Son las notas que me aseguran un tercer curso con Guille en la escuela de idiomas. Son el alemán que aun tengo que aprender. Son la piscina a la que aun tengo que ir este fin de semana. Son el disfraz de los años 20 que algún día llevaré. Son la playa que me espera en poco tiempo. Son pasear por Hyde Park contigo.

Pero sobre todo, sobre todo, sobre todo, son míos. Y por eso nadie podrá quitármelos. Ni siquera los ángeles que quieran llevárselos.

Y por ellos, por mis zapatos rojos, merece la pena cualquier cosa.
:D

sábado, 14 de mayo de 2011

Cogito versus sum

El Cogito derrota al Sum, me    dice Pedro Salinas en su Defensa de la lectura. Es cierto que Salinas habla de el abandono de la poesía, de la lírica – y de su implícita complejidad – frente a las novelas que exponen fríamente el conocimiento; pero yo he relacionado esta frase con el momento en el que me encuentro ahora mismo: inserta en una semana de exámenes globales con la que me “juego” – en eso insisten los profesores – la selectividad – aunque sé que no tengo problema alguno y que esto es casi por mera burocracia–. De cualquier manera, he pensado que Salinas ha dado en el clavo. Porque yo hablo con mis compañeros y están estresadísimos. Y yo lo comprendo: yo también lo estoy, siento una gran responsabilidad y me asola a veces ese fantasma del ¿y si cae la Guerra Civil como tema o no me preguntan a  Lorca o no se traducir el poema de Virgilio o no tengo ni idea de distinguir vanguardias o de explicar a Cezanne o si la lío con el True o False o si mutilo la Estética de Kant o la Gnoseología de Nietzsche o no entiendo un climograma o me olvido de la fecha de la muerte de James Joyce…? Ese fantasma lo tenemos todos, y es comprensible. Pero todo tiene un límite.

Porque, amigos, el Pensar está derrotando al Ser. Que sí, que hay exámenes, ya lo sé, pero por eso una persona no puede dejar de Ser. Porque yo prefiero irme a dormir a las 23h30 y dormir 7 horas que quedarme estudiando hasta las 4h00 y dormir 2; prefiero beber un café en el desayuno que un Redbull de madrugada; prefiero repasar lo estudiado que estudiar lo jamás aprendido – y que probablemente jamás se aprenderá –; prefiero salir a pasear con mi chico a aislarme entre apuntes. No insto a nadie a que no estudie; sólo a que considere la posibilidad de que sí, bueno, es semana de exámenes, pero… que ha habido muchas semanas para estudiar más dosificadamente. Y que ahora, no dejen de vivir por ello.

Que no dejen de Ser.