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domingo, 16 de septiembre de 2012

Estudio de un carrusel: la novedad de la rutina (o de girar picaportes)

I'm just sitting here
Watching the wheels go round and round
I really love to watch them roll
No longer riding on the merry-go-round
I just had to let it go

JOHN LENNON.

Dice Cortazar, ruega Cortazar:

Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano.  Hasta luego, querida.  Que te vaya bien.

Hasta luego, querida, que te vaya bien, un día más. Mañana, lunes, empezamos de nuevo. Hasta luego, hasta ahora. Ya estamos aquí. En Septiembre siempre pasa lo mismo: el estallido breve de la novedad. Y después, la rutina. Ya sabéis que la rutina es mi obsesión, como el color gris, Los Beatles y el café bombón. Hablo de la no-rutina, por supuesto. Encontrar lo mágico, lo único, dentro de lo cotidiano. Eso es mi filosofía de vida, además de las canciones de George Harrison. Y los picaportes: los picaportes también se van a convertir en una obsesión, en una metáfora perfecta para esta no-rutina que inauguré hace ya tres años, cuando iba a cambiarme de cole, cuando todo iba a comenzar. Los picaportes, dice Cortazar, son lo más cotidiano del mundo; también lo dice Muñoz Molina, y esto sí que es palabra de Dios: en su relato La gentileza de los desconocidos se descubre a un asesino por la forma en que abre las puertas:

—Fue la manera en que usted abrió la puerta. Usted nunca había entrado en la cocina hasta hoy ni había manejado los pomos de esta casa. Quiero decir, en mi presencia. Los pomos se giran hacia la izquierda, y en vez de empujar las puertas hay que tirar de ellas. Abrir puertas es uno de los actos que más repetimos en nuestra vida, amigo Quintana, uno de los más instintivos.

Un picaporte, un pomo: en tu casa los giras día a día, igual que podrías esquivar esa pequeña curva de tu pasillo con los ojos cerrados. Pero un picaporte que gira te puede llevar a cualquier sitio: sí, al día a día, pero también a todas y cada uno de los pequeños cambios que están escondidos tras esa aparente normalidad (o (no)normalidad, si lo preferís). Qué bonitas son las puertas, las ventanas, pero qué bonitos son los picaportes. Un acto delicado que puede cambiar nuestra vida.

Esta es la esencia de la no-rutina: sorprenderse en lo cotidiano, sacar provecho de los pequeños actos repetitivos, saber que, en algún momento, en algún instante, algo puede cambiar, puedes coger un bus hacia cualquier sitio, sin saber que estás yendo a casa. I was alone, I took a ride, I didn’t know what I would fine there; another road where maybe I can see antoher kind of mind there, dice Paul McCartney: a dónde voy, quién sabe, nunca sabes lo que te depara el calendario, o la silla en la que te sientas una tarde, o el camino que tomas todos los días para llegar a la universidad. A John Lennon le reprocharon que llevaba tiempo sin componer; él respondió con Watching the Wheels: tan solo estoy viendo las ruedas girar y girar, el carrousel cambiar de color, de velocidad, de participantes, estoy viendo el tiempo pasar; soy feliz así. Encontrar en lo cotidiano el motivo para continuar; John dice: no tengo prisa, estoy solo haciendo tiempo. Sí, porque en cualquier momento puede ocurrir, ¡chas!, un estallido, el estadillo breve de la novedad, la novedad en la rutina, la novedad de la rutina.

El devenir de lo cotidiano es maravilloso, porque sin ese devenir constante, repetitivo, automático no habría lugar para cambios. La rutina como base para lo nuevo, para lo mágico. Algo así decía Nietzsche, ¿no? Aunque también decía otras muchas cosas, creo que tú ya lo sabes. La rutina como potencia, como potencialidad, como lo que está por venir, lo que se acerca poco a poco hacia a ti, con paso seguro, desde el otro lado de la esquina, desde el otro extremo del mundo.

Feliz inicio de curso a todos.
Dejaos sorprender.

(Firma, muy feliz)
Natalia.

viernes, 14 de septiembre de 2012

/ˈmeɪniə/ (o de la fiesta de cumpleaños de Jagger)

Shut up, Paulie is talking.
JOHN LENNON.

mania

En el 68, Mick Jagger cumplía sus veinticinco años y celebraba una fiesta digna de cualquier super estrella del rock. Los Rolling aprovecharon la ocasión, a parte de para servir ponche con methedrina y pasteles de hachís a sus invitados, para publicitar su nuevo disco, clave en la carrera del grupo, Beggar’s Banquet. Apostaban fuerte por él. Jagger hizo una espectacular aparición con la primera copia del album. Gran Bretaña y el mundo entero estaba ansioso por escucharlo, se decía que iba a ser el mejor album de la banda. La fiesta en el Vesubio Club, todas las personalidades del momento, la droga y la comisaria de policía de Tottenham Court a menos de trescientos metros, todo apuntaba a una gran noche y, sobre todo, a una gran promoción para Beggar’s Banquet. Tony Sánchez, un invitado, relata:

Al entrar Paul McCartney, todo el mundo se hacía lenguas de Beggar’s Banquet, que con temas como Sympathy for the Devil y Street Fighting Man, era, con mucho, el mejor álbum de la carrera de los Stones. Paul me alargó con discrección un disco al tiempo que me decía “Mira a ver qué te parece, Tony. es el nuevo que hemos grabado”.

Y sí, Tony puso el disco. Puso el disco en mitad de la fiesta de Jagger, en la orgía Rolling y el lento, tremendo crescendo de Hey Jude conmocionó al club. El silencio de repente:  la voz de McCa, el piano, el desgarro inevitable de su voz, los coros interminables. Se dio la vuelta al sencillo y entonces Revolution: Lennon y su tono roto, sus ideales, la guitarra de George gritando, el histerismo, el rock.

Cuando todo hubo terminado me di cuenta de que Mick parecía de mal humor. Los Beatles le habían superado.

Dos canciones. Dos canciones que se abren paso en una bacanal y triunfan y dos canciones que bastan para hacer al público vibrar y dar la vuelta al mundo. Dos canciones o una o cincuenta o ciento tres. Las pruebas irrefutables de ese algo que tan solo ellos tuvieron. ¿Qué era? Si te paras a pensarlo, es mágico. Mágico e inquietante. En el 63, su primer disco. El el 2012, hordas de gente que sigue pagando por ver a Paul en directo, que deja flores a John en el Dakota, que emigra a Liverpool, Meca de la Beatlemanía. ¿Qué era? o más bien ¿qué es? Esa capacidad inmensa de desbordarse, de superar todos los límites, de sobrevivirse. Como esos directos del tiempo de Ed Sullivan.

Cuatro chicos, trajes sencillos, tres micrófonos, uno compartido, una pequeña bateria sobre una tarima. No hay montajes, no se construyen castillos en los escenarios como se hace hoy día, no hay arreglos, no hay disfraces, no hay ordenadores, no hay nada artificial, insano; es todo sencillo, humilde, casi ridículo, los gritos atronadores, las sonrisas cómplices, las payasadas de niños que han crecido demasiado rápido. Solo hay música, hay magia. Qué pena que no hayamos sido capaces de conservar ese algo que hace que todo lo demás sobre: los videoclips tan largos como películas, la promoción insana, las letras absurdas, la fama sobre el talento. El fenómeno de la beatlemanía me sigue sorprendiendo, es sobrenatural, no entiende de límites temporales ni espaciales.

¿Cómo es posible? Esta manía alegre, vital que me acompaña, que nos acompaña a muchos de nosotros es parte de ese hechizo, de ese algo. Ellos son ese algo. Ellos son magia.

martes, 24 de enero de 2012

Madame Bovary c’est moi

Flaubert, al verse acosado por las preguntas de quién estaba detrás del personaje de Emma Bovary, dijo: Madame Bovay c’est moi. El escritor se busca, en su obra, a sí mismo: nos encontramos así con la metáfora del viaje como metatema. Los autores construyen una realidad tremendamente íntima. Sin embargo, es necesario un segundo agente que haga que la escritura se convierta de verdad en Literatura: el lector. Sartre, padre del Existencialismo, dijo: no es verdad que se escriba para uno mismo; sería un gran fracaso, pues el acto creador es incompleto. Si el autor fuera el único hombre existente, por mucho que escribiera jamás acabaría su producto. El momento en el que el autor termina la escritura es cuando comienza la literatura, porque leer es recrear y, como dijo Blanchot, un libro que no se ha leído es un libro que no se ha escrito.

La parte favorita de mis apuntes que combino en mi cabeza con el maravilloso disco All things must pass de George. El lector, la literaruta como realidad endogámica, el palimpsesto de Machado, los clásicos con su lenguaje utópico y ucrónico, el proceso de lectura de Todorov y la crítica como réctit… todo tan bonito, tan bello que os podría estar hablando de esto horas y horas. Pero debería estudiar. También debería curárseme este dolor de garganta, estas ganas de no hacer nada más que escuchar a George Harrison diciendo I’d have you anytime o If not for you the winter will hold no spring, con esa g final que se queda perdida en no sé qué punto de su garganta y me obsesiona y la mía duele y sabe a jarabe y yo solo quiero escribir, leer a Muñoz Molina, ver Sherlock, volver a ponerme el pijama y dejar de toser.

Pasad un buen día (:
Yo prometo curarme y hacer un examen de 10. Cruzad los dedos por mí para que me pregunte el tema de la importancia del lector o el debate tradición-originalidad, o la objetividad como ideal imposible de una ciencia positivista, o la figura de Platón y su creencia de que el saber ya es un bien en sí mismo. Sapere aude, ya os lo dije una vez. Atreveros a saber y seréis libres. Libres de todo excepto de los catarros.

jueves, 19 de enero de 2012

Ángeles apátridas

Sin que uno lo sepa, otros usurpan historias o fragmentos de su vida, episodios que uno cree guardar en la cámara sellada de su memoria, los que son contados por gente a la que uno tal vez ni siquiera conoce, gente que los escuchó y que los repite deformándolos, adaptándolos a su capricho o a su falta de atención, o a un cierto efecto de comicidad o maledicencia. En alguna parte, ahora mismo, alguien cuenta algo que tiene que ver íntimamente conmigo, algo que presenció hace años y que yo tal vez ni siquiera recuerdo, y como no lo recuerdo tiendo a suponer que no existe para nadie, que se ha borrado del mundo tan completamente como de mi memoria. Partes de ti mismo que se van quedando en otras vidas, como habitaciones en las que viviste y ahora ocupan otros, fotografías o reliquias o libros que te pertenecieron y que ahora toca y mira un desconocido, cartas que siguen existiendo cuando quien las escribió y quien las recibía ylas guardaban llevan mucho tiempo muertos. Muy lejos de ti se cuentan escenas de tu vida, y en ellas tú eres alguien no menos inventado que un personaje secundario en un libro, un transeúnte en la película o en la novela de la vida de otro.

ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Sefarad

Leer a Antonio Muñoz Molina en época de exámenes es un placer – o una terrible tentación – porque su prosa tan detallada, tan profunda tiene esa capacidad para hacerte desconectar de todo, de las personas que no te contestan, de las discusiones bobas, del estrés por los apuntes desordenados, de los teóricos literarios y sus miles de teorías, del horror del folio en blanco frente a ti. Tú solo haz eso, coge cualquier libro de Muñoz Molina y devora ese cálido ambiente que destilan sus novelas porque no solo vas a disfrutar sino también a aprender.

Ahora me he sumergido en el universo gris de Sefarad. Me habían comentado “esa novela no me gustó tanto”; pues, lo siento, porque si no te gusta eres un insensible. Muñoz Molina viaja a través del siglo XX y todo el dolor que se vive, que sufren la gente normal, que ya no son normales porque sus vidas quedan tremendamente trastocadas. Aparecen personajes ficticios, claro está – tan bien construidos como siempre – pero también personas reales, algunos más conocidos y otros que Muñoz Molina me presenta, esas personas que no solo alimentan tu ansia de leer más y más, sino que también cambian un poquito tu vida. Ese es el caso de Ángel Sanz-Briz, que aparece de refilón en un capítulo. Muñoz Molina lo dejó caer y yo lo recogí: indagando por Internet descubrí que se ganó el sobrenombre de Ángel de Budapest. ¿Por qué? Él era un diplomático español que trabajaba en la embajada de Hungría y que durante la II Guerra Mundial salvó la vida a más de 5000 judíos. ¿No os hace estremecer? Les conseguía pasaportes españoles alegando a su origen sefardí; acabó salvando no solo a los sefardíes sino a cualquier judío perseguido, actuando a espaldas del gobierno franquista. Y, para mi sorpresa, me entero de que encima es zaragozano.

Hoy tocaba, una vez más, hablar de heróes: un héroe petrificado en esa foto con traje, bigote y mirada decidida; un ángel que salvó a los que se quedaron sin patria. Un pequeño homenaje a todos esos héroes, los que han pasado a la historia y los que no lo han hecho. Desde aquí toda mi admiración a ellos y a su labor en su lucha por la justicia. Como me ha dicho esta mañana mi madre, mientras desayunábamos juntas un café calentito, “afortunadamente siempre hay personas buenas en todos sitios”. Gracias.

Natalia

miércoles, 11 de enero de 2012

El problema de la tradición (o de por qué a Horacio no le gustaría el Surrealismo)

Si a un rostro hermosísimo de dama
algún pintor juntase el largo cuello
de un caballo con muchas varias plumas;
y de este cuello descendiesse un cuerpo,
formado de diversos animales,
de oso los brazos, de león la espalda,
de águila el pecho, de dragón los senos,
de tal manera que aquel rostro bello
en un negro pescado rematase;
llamados a mirar tal monstruo, ¿acaso
podréis la risa refrenar, amigos?

HORACIO
Epístola a los Pisones
(Poética)

Y ahí tenéis la respuesta. Así inicia Horacio su Epístola a los Pisones, obra que hemos estado comentando hoy en clase de Teoría de la Literatura. Este inicio tan visual y tan premonitorio de lo que ocurrirá unos cuantos siglos después – sólo le falta mencionar relojes blandos reposando sobre ramas – nos remite al problema de la tradición frente a la originalidad. Horacio llama a los escritores en esta Poética – pues también recibe la epístola este título – a seguir la tradición, no solo a admirarla o respetarle sino también a imitarla, calcarla, porque si no lo haces solo recibirás reveladoras carcajadas por respuesta. Quién le iba a decir al pobre Horacio hasta qué punto se llega a transformar la tradición en el –¿maravilloso?- siglo XX. Los autores ya en el XIX empiezan a buscar la originidad, una originalidad furiosa, que rompe con todas las reglas, casi subversiva, radical, y a veces, como sucederá en la primera mitad del siglo XX – solo hace falta ver el ingente número de vanguardias que florecieron por aquel entonces –, rídiculas y sinsentido. Horacio llamaba a la tradición; los poetas “malditos”, los rechazados, los dadaístas, los ultraístas, los surrealistas y todos sus compañeros buscaban la originalidad en su exponente más alto. Pero, ¿no sería esta cada vez más común originalidad ya una forma de tradición? Qué debate más interesante. ¿Se puede ser original sin tener a la luz toda la tradición pasada? No lo creo. Tendremos que volvernos hacia otro de los clásicos latinos, Aristóteles, y revisar su teoría tan acertada y, a la vez, tan sencilla: el justo medio es la respuesta.

Natalia

P.S. Estudiar esto en clase me ha hecho descubrir a un pintor surrealista actual, Vladimir Kush. Con una obra suya ilustro esta entrada. No me digáis que no es fascinante. Hipnotiza. Así que dejáos hipnotizar (:

domingo, 20 de noviembre de 2011

Llueve sobre Federico

Aquí. Aquí quiero estar. Y tranquila. Ya todos están muertos. A medianoche dormiré, dormiré sin que ya me aterren la escopeta o el cuchillo. Otras madres se asomarán a las ventanas, azotadas por la lluvia, para ver el rostro de sus hijos. Yo, no. Yo haré con mi sueño una fría paloma de marfil que lleve camelias de escarcha sobre el camposanto. Pero no; camposanto, no, camposanto, no; lecho de tierra, cama que los cobija y que los mece por el cielo. Quítate las manos de la cara. Hemos de pasar días terribles. No quiero ver a nadie. La tierra y yo. Mi llanto y yo. Y estas cuatro paredes. (…)Benditos sean los trigos, porque mis hijos están debajo de ellos; bendita sea la lluvia, porque moja la cara de los muertos.

Hoy he ido al teatro a ver Lorca: Muerte de un Poeta del Teatro del Norte. Estábamos diez personas en la sala. Tan sólo diez personas, en ese espacio que se quedaba de repente tan grande, hemos podido escuchar durante casi un cuarto de hora la voz de la Argentinita y el piano de Lorca. Tan sólo diez personas nos hemos estremecido con esas duras palabras de madre que sobrevive a sus hijos. Que se llenen estadios de fútbol, sí, para que haya gente que no pueda ubicar esas preciosas palabras de dolor y llanto. Ni esas, ni el desgarrado “dos bandos. Aquí ya hay dos bandos”. Sí, que se llenen los estadios y se pudran las bibliotecas.

Pero ese piano seguirá sonando en mí siempre.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La orfandad de la Literatura (o de objetividad, subjetividad y verdad)

El lenguaje de la Literatura no responde a la servidumbre de la comunicación, nos repiten una y otra vez en clase de Teoría de la Literatura, esa asignatura que tanto miedo me daba los miércoles a las 8h30 de la mañana pero en la que ahora disfruto como una niña. La literatura hasta el siglo XVIII tiene fines exclusivamente didácticos; en el XIX surge el concepto de “arte por el arte” y se produce una total roptura entre Literatura y comunicación. Gadamer, nos dice mi profesor, habla del “debilitamento del carácter gnoseológico de la Literatura”, es decir, que el arte rompe con la mímesis y no busca plasmar fotográficamente un mundo anterior, sino que el autor crea un mundo nuevo y único.

A mí todo esto me suena a Nietzsche y a los que nos llaman letrasados. Bueno, a Nietzsche por la parte buena y a los otros por la mala. Porque aquí empieza una pequeña crítica a la ciencia. Empecemos – aunque me da en la nariz que éste será un artículo para mí y que a vosotros os dan bastante igual estas mini digo nimiedades literarias –: la Literatura nos dará acceso a la visión del mundo del autor, pero jamás a la objetividad absoluta. Además, a esto se suma un problema (o dos): la dificultad de determinar qué es la objetividad. ¿Existe realmente? Pues la realidad no es nada si no hay alguien que la observe y la interprete: así la observación nunca se da sin interpretación. Por ejemplo, mirar ya implica selección pues estás mirando eso – un chico, un árbol, un libro, una calle – y no otra cosa, que has rechazado. Así, la objetividad – parafraseo mis apuntes – es un ideal de una ciencia que niega el dinamismo de los hechos. ¿Y qué es esto sino Nietzsche? Dejadme ir un poquito más allá y lo entenderéis. Según el teórico literario Senabre hay dos hechos fundamentales que marcan el trayectorio las ciencias culturales: por un lado, la implantación de la historia de la Literatura como materia de estudio en los distintos niveles educativos y, sobre todo, el desarrollo de las ciencias naturales y del Positivimo –argh, lo siento, pero argh –. Los literatos tratarán de imitar las ciencias culturales pero la experiencia literaria no es un hecho que responda a la aplicación mecánica de una serie de reglas y pautas: todo texto literario es único y no se puede reducir a métodos científicos que busquen lo general. Y repito, ¿qué es esto sino Nietzsche y su gnoseología, su crítica a las ciencias y a los conceptos que estancan el devenir y el cambio? A mí es que me encanta.

Y luego dimos un paso más. Si aceptamos que objeto (literatura) y sujeto (lector) se superponen en las humanidades, nos preguntamos ¿qué es la verdad en la modernidad? Hasta el siglo XVIII leyendo se llegaba a la verdad absoluta, ya fuese política, moral, ética, filosófica… Pero después ¿dónde está la verdad? Antes, se apoyaban en modelos prestablecidos, ahora hemos prescindido de ellos. Gadamer, otra vez, dice que el ser humano tan sólo puede comprender aquello que ha sido resultado de su propia actuación: es decir aquello que no ha sido preestablecido (al contrario de las ciencias, que estudian lo que nos viene dado, “la circustancia”, la naturaleza). La Literatura es huérfana en el sentido de que no se apoya en paradigmas metódicos y preestablecidos; La Literatura es única, producto cultural del hombre, un ente autónomo al que, quizá, deberíamos prestar un poquito más de atención.

Yo es que me lo paso pipa. De verdad. Y en relación con esto os dejo un enigma que resolveré en unos días:

¿Qué es, qué nos produce, qué relación tiene con esto? Si os digo que es arte, ¿qué sentís? ¿Hay verdad en ella? ¿Nos extraña, nos ofende, nos conmueve?

Ya veréis.
Pasad buen fin de semana (:
Natalia
(o señorita que estrena sección, El Mecanógrafo, en el Blog de Actividades Culturales de la Universidad de Zaragoza. Haced click AQUÍ para cotillearme)

domingo, 5 de junio de 2011

Yo no voy a ser viejo nunca

Lorca es el primero de todos nosotros:
hay que inclinarse.

JORGE GUILLÉN

Hace 113 años, tal día como hoy, un 5 de junio radiante y que ya anticipa el verano, nacía en Fuente Vaqueros el que sería el más grande poeta – al menos en mi opinión – de la Literatura española: Federico García Lorca. He hablado y hablaré de él hasta la saciedad, porque no se puede dejar de alabar a este genio que innovó de tal forma el panorama cultural español y que tan profunda huella ha dejado en nuestros días. Tristemente se truncó su vida en 1936 por el odio, el rencor y la vida de pocos, pero hoy no es 18 de agosto, hoy es 5 de junio y Lorca acaba de nacer; con él, nacen sus afilados versos, sus imagenes perfectas, su lenguaje que rebasa todo lo hecho hasta el momento, sus metáforas, su voz crítica, su espíritu defensor, su rebeldía, su duende. Con él, renace la Poesía.

Hay que inclinarse, sí, dice Guillén, pero… ¿qué se le regala a un genio como Lorca? No se le puede regalar un cuadro, porque Dalí ya lo retrató varias veces – la imagen de la entrada es un retrato cubista del granadino por parte del catalán –; no se le puede regalar un poema porque Luis Cernuda y Antonio Machado, entre otros, ya lo hicieron – y pocas cosas podrían superar las Odas del propio Federico –; no se le puede regalar música porque él ya la había descubierto toda entera, hasta su más pura esencia -y, además, tenía a Falla a su lado para completar esta búsqueda-; no se le puede regalar juguetes porque él era y siempre fue el eterno niño. Así que, Federico, lo único que te puedo regalar es mi más sincera y profunda admiración que sabes que profesaré siempre y en todo lugar. Porque nadie se va a olvidar jamás de lo que tú hiciste, de lo que tú nos regalaste – y nos regalas aun a día de hoy – a todos y cada uno de nosotros. Gracias.

Y felicidades.
N

lunes, 16 de mayo de 2011

Ruiseñor, ¿aún cantas?

Mañana me examino de Literatura Española. Global, sí. Los de hoy han ido bien, pero los de mañana, mejor. Porque me van a preguntar Lorca. Yo confío en que me pregunten a mi poeta favorito; es más, sé que me lo van a preguntar. Y repasando los apuntes y releyendo mi colección de Poesía Completa, he hecho una selección de diferentes poemas de sus obras, para que me sirva como repaso. Voz: una Natalia de lunes, con el pelo mojado de la ducha, que se traba a menudo y que suena rara. De fondo: a veces pájaros, a veces portazos, a veces voces. Alma: Federico García Lorca. Larga vida al poeta.

Hora de estellas - Libro de poemas
 

Tres estampas del cielo - Suites

En el instituto y en la universidad - Canciones

Sorpresa – Poema del cante jondo
 

Romance sonámbulo – Cancionero gitano

Nueva York: Oficina y denuncia – Poeta en Nueva York
 

Gacela del amor imprevisto – Diván del Tamarit

La cogida y la muerte – Llanto por Ignacio Sánchez Mejías

El poeta pide a su amor que le escriba – Sonetos del amor oscuro

Sirva esto como un breve archivo de poemas. No pretendo que los escuchéis, al menos no todos. Pero oye, quizá algún día os aburráis y os apetezca empaparos de poesía… de la mejor poesía, además :D

¡Besos!

domingo, 15 de mayo de 2011

Pictoribus atque poetis omnia licent

A los pintores y a los poetas – a los artistas - todo se les consiente. Y yo, artista, pues no sé, pero bloggera al menos, así que se me cosiente estudiar mi examen global de Latín en el blog. Así aprendéis un poco de etimologías, que son interesantísimas.

Me ha sorprendido mucho estudiarme las 40 etimologías, porque – una vez más – me demuestran que el latín no está tan muerto como algunos piensan. Echad un vistazo a una palabra tan común como circunstancia. Viene del latín circumstantia, formado este vocablo a su vez por el prefijo circum (al rededor de) y el verbo stare (permanecer, estar). Así que circumstancia es aquello que está alrededor de algo que permanece, algo que está; es decir, todas esas cosas que nos vienen dadas y que nosotros no podemos cambiar. “Yo soy yo y mi circunstancia”, decía Ortega, “y si no la salvo a ella no me salvo yo”. ¿Qué deducidmos de este híbrido de filosofía y latín? Que hay que sacar el máximo partido a nuestras circunstancias, sean cuales sean.

Otro ejemplo de mis favoritos: egregius formado por ex (fuera) y grex-gregis (rebaño): literalmente, fuera del rebaño; egregio: aquel que sobresale por encima de los demas. O praesidens (prae y sedere): el que está sentado al frente. ¿Y qué me decís de obvio? Del latín obvius: prefijo ob (frente a) y sustantivo via (camino): que se encuentra frente al camino, tan evidente que sale a nuestro paso. ¿No os encanta? Y secreto, una palabra que utilizamos bastante a menudo: sustantivo derivado del verbo secernere, formado por se (apartar) y cernere (analizar): separar algo, alejarlo de los lugares donde pueda ser analizado. Y explicar: ex (hacia fuera) y plicare (hacer pliegues): hacer pliegues hacia fuera, desenrollar algo para que el otro lo entienda. O suplicar: ponerte por debajo de los pliegues. O implicar: meter a alguien entre los pliegues, hacerlo partícipe.

¡No me digáis que, cuando menos, no es curioso!
Ains, el latín, que infravalorado está.
Aunque como hecho anecdótico señalar que se publicó a mediados del siglo XX un diccionario para traducir al latín términos actuales, con ejemplos tan graciosos como salivaria gummis (chicle), absurda symphonia (jazz), homo machina (robot), curatio per chimica medicamente (quimioterapia) o fulminea verticularum occlusio (cremallera).

Acabad bien el domingo y deseadme suerte para el examen de mañana. Aunque alea iacta est.

^^
Nata

P.S. Detecté mi nivel de frikismo latino cuando mi compañero Miguel y yo nos alegramos de que cierto profesor pronunciara bien dicendi.

sábado, 14 de mayo de 2011

Cogito versus sum

El Cogito derrota al Sum, me    dice Pedro Salinas en su Defensa de la lectura. Es cierto que Salinas habla de el abandono de la poesía, de la lírica – y de su implícita complejidad – frente a las novelas que exponen fríamente el conocimiento; pero yo he relacionado esta frase con el momento en el que me encuentro ahora mismo: inserta en una semana de exámenes globales con la que me “juego” – en eso insisten los profesores – la selectividad – aunque sé que no tengo problema alguno y que esto es casi por mera burocracia–. De cualquier manera, he pensado que Salinas ha dado en el clavo. Porque yo hablo con mis compañeros y están estresadísimos. Y yo lo comprendo: yo también lo estoy, siento una gran responsabilidad y me asola a veces ese fantasma del ¿y si cae la Guerra Civil como tema o no me preguntan a  Lorca o no se traducir el poema de Virgilio o no tengo ni idea de distinguir vanguardias o de explicar a Cezanne o si la lío con el True o False o si mutilo la Estética de Kant o la Gnoseología de Nietzsche o no entiendo un climograma o me olvido de la fecha de la muerte de James Joyce…? Ese fantasma lo tenemos todos, y es comprensible. Pero todo tiene un límite.

Porque, amigos, el Pensar está derrotando al Ser. Que sí, que hay exámenes, ya lo sé, pero por eso una persona no puede dejar de Ser. Porque yo prefiero irme a dormir a las 23h30 y dormir 7 horas que quedarme estudiando hasta las 4h00 y dormir 2; prefiero beber un café en el desayuno que un Redbull de madrugada; prefiero repasar lo estudiado que estudiar lo jamás aprendido – y que probablemente jamás se aprenderá –; prefiero salir a pasear con mi chico a aislarme entre apuntes. No insto a nadie a que no estudie; sólo a que considere la posibilidad de que sí, bueno, es semana de exámenes, pero… que ha habido muchas semanas para estudiar más dosificadamente. Y que ahora, no dejen de vivir por ello.

Que no dejen de Ser.

domingo, 8 de mayo de 2011

Pedro y las cartas (o de la actualidad literaria)

Me encanta ir a la biblioteca y salir con tres libros entre mis brazos. Este viernes robé Pedro Páramo de Juan Rulfo, algo de Vargas Llosa para meter caña a la novela hispanoamericana y El Defensor de Pedro Salinas. Devoré a Rulfo y ayer ya empezaba a Salinas. ¡Y qué delicia! En el ensayo de El Defensor, Salinas defiende –valga la redundancia-, diferentes temas y el primero es la correspondencia epistolar. Y me está maravillando. Así os rescato un fragmento para que lo disfrutéis vosotros también:

Pero a mí me ilumina más para el caso que este arsenal de hechos coleccionado por psicólogos, la evocación de una doncella en amores, cuando se hace cargo del paquete de cartas que le trae el correo , y entre las cuales viene una de su novio. Ojeará las demás sin muestra exterior de emoción algunas, con equitativa indiferencia. Pero al llegar a un cierto sobre, el color se le sube al rostro, y con él la expresión de contento. Aún no ha leído nada más que su propio nombre, la carta sigue sin abrir. Pero ha visto; ha visto una letra, un estilo de escribir, que se distingue de los demás por una serie de peculiaridades, para ella perceptibles en el acto. Puede ser la costumbre de no cerrar la o del todo, de rematar o no un trazo final, de olvidarse la tide de la t, de dejar caer los puntos no sobre las íes, sino un poco más a la derecha. Cien posibles detalles, que a su vez son perceptibles de infinitas variaciones. En eso la escritura se parece a la vida, que opera con un número limitados de elementos y con ellos logra un fabuloso número de sorprendentes resultados.

Pero es que no es sólo en cuanto a epistolografía se refiere; es que Pedro Salinas me está dando ejemplos a mansalva de la actualidad que tiene mucha de la Literatura, sobre todo – desde mi punto de vista  –Nueva York: oficina y denuncia la del siglo XX. Si no me creéis, echad un ojo a este trocito perteneciente a la sección Vejamen de la chapuza:

Si algún mote se ha ganado este siglo en lo que lleva consumido de años, es el de siglo chapucero, porque todas las cosas que había que hacer bien las ha hecho de mala manera, chapuceramente; y en cambio ha realizado a la perfección las cosas que no había que hacer, ni bien ni mal. Y ahí está la chapuza mayor de todas, de la que salen las demás: el empezar por no distinguir lo que había que habcer de lo que no.

Así que aquí estoy, con unos exámenes globales a cinco días, pero aprendiendo filosofía con uno de los grandes del siglo XX; ya no con su faceta de poeta, sino de Defensor. Y me gusta. Y mucho.

¡Feliz semana!
N

P.S. Frase del momento actualizada con una cita que utiliza Salinas. No tiene desperdicio, de verdad.
P.S.2. A mí me encaaaaaaaaaaaanta recibir cartas :D

domingo, 24 de abril de 2011

B-B-B-Bertie

-Las pausas largas son buenas. Dan solemnidad.
-Entonces debo ser el rey más solemne que jamás haya existido.

Shit. Shit, shit, shit, shit, shit, shit, shit, shit, shit, shit, shit, shit! Fuck. Fuck! Fuck, fuck, fuck and fuck! Fuck, fuck and bugger! Bugger, bugger, buggerty buggerty buggerty, fuck, fuck, arse! Balls, balls....fuckity, shit, shit, fuck and willy. Willy, shit and fuck and... tits. ¿Por qué narices no habré visto esta obra maestra antes? Mira que sabía que me iba a gustar, que me iba a maravillar, pero nada. Natalia se resistía a ir a ver a Colin Firth como Rey de Inglaterra. ¿Por qué? Pues ya no tengo razones. Debería haberlo hecho antes. Pero da igual, porque lo he disfrutado como nunca. ¡Grandísima película! Empecemos.

En primer lugar, el argumento. El filme de Tom Hooper narra la historia del que fue Jorge VI de Inglaterra, centrándose en sus dificultades a la hora de hablar en público. El tartamudeo ha de ser solucionado si el reinado de Jorge VIquiere salir victorioso de un clima mundial marcado por tensiones y conflictos bélicos. Para hacer frente a este problema que paraliza a Alberto Federico Arturo Jorge, duque de York y, más tarde, rey de Inglaterra tras la abdicación de su hermano mayor para casarse con una mujer ya divorciada dos veces, recurren al logopeda Lionel Logue. Éste hará gala de unos métodos poco convencionales y bastante, digamos, ortodoxos. Pero, poco a poco, Bertie – pues así lo llaman sus familiares más cercanos – irá superando su problema y, al mismo tiempo,se irá superando a sí mismo.

Ahora hablemos de lo importante: Colin Firth. Bueno, sí, y el resto del reparto. Helena Bonham Carter genial, es raro verla en un papel medianamente normal; Geoffrey Rush magnífico y poco reconocido – ¡debería haber ganado el Óscar!-. Pero es que Colin Firth… clava el papel: la forma de masticar las palabras, de escupirlas, su rostro, su forma de moverse, cómo le queda el uniforme real, su mirada de miedo ante el micrófono… No me extraña que haya ganado el Óscar al Mejor Actor y tampoco que haya grupos en facebook que claman que Colin Firth should actually be the King of England.

¡Doblaje, doblaje, doblaje! Doblaje no. Quiero decir, he cotilleado por Internet y no es del todo malo pero ¡por favor!: no cometáis el sacrilegio de ver esta película en un idioma que no sea el inglés. ¿Queréis razones? There you are: el imprescindible acento británico de todos los actores; el imprescindible acento británico de Colin Firth; el “a people” y el “myself”; cómo traga saliva Colin Firth; oir Hamlet en versión original y escuchar cómo pronuncian el nombre de Otelo; el momentazo de la “f word” y la entonación de “fornication”; y, definitivamente y ante todo, esta escena:

¿Convencidos? :D
Natalia

lunes, 11 de abril de 2011

Ars longa, vita brevis

Mañana me examino de todo el Mundo Moderno en Arte – a saber Quattrocento, Cinquecento, Manierismo, Barroco y Rococó –, y eso no me gusta. Pero me gusta saber que me examino de algo tan precioso como la imagen que hay ahí arriba: un detalle de la obra de Bernini El rapto de Perséfone. Me maravilla saber que eso – esas manos hundidas, esas sombras, esas venas – no son parte de una fotografía sino de un pedazo de mármol tallado en el siglo XVI. Me maravilla saber que un ser humano puede hacer eso, puede dar vida  a lo inerte, puede dar pálpitos a un corazón inexistente.

Gracias Bernini por haber hecho estas horas de estudio más ligeras – igual que gracias al Greco y sus colores y a Leonardo y su Última Cena y a Miguel Angel y su David y su terribitalitá y a Rembrand y su Cristo en Emaús y a Caravaggio y su tenebrismo.

Quiza no esté tan mal examinarme de Arte. Al fin y al cabo, la vita es breve, pero el arte perdura.

Natalia

P.S. También me gusta gusta gusta que mañana sea martes y no lunes ni miércoles. Martes de llegar tarde a clase pero llegar pronto al pasillo y al olor y al arte.

miércoles, 6 de abril de 2011

Hoy hablamos de héroes

El señor de la fotografía es Manuel Patarroyo Elkin. Copio y pego un poquito de su hito en la medicina, para que comprendáis lo que os contaré a continuación:

El científico colombiano, Manuel Elkin Patarroyo, ha dado a conocer esta misma semana la fórmula podría permitir la creación de vacunas contra 517 enfermedades infecciosas. El hallazgo ha sido dado a conocer por una revista científica. Su trabajo ha superado todos los análisis y controles. Cientos de millones de personas podrían salvar sus vidas gracias a este descubrimiento. Es uno de los más esperanzadores de los que se han producido en los últimos años.

Malaria, dengue, lepra, tuberculosis, SIDA, muchas de estas enfermedades podrían vencerse en un futuro gracias a este trabajo, gracias a esta fórmula, y millones de personas, como decimos, podrían salvar sus vidas, especialmente en los países más pobres, porque es en ellos en donde dichas enfermedades se cobran más muertos.

Lo que ha hecho Manuel Patarroyo es increíble, dejando de lado los asuntos técnicos. Cuando Patarroyo descubrió la formula para dichas vacunas, muchas farmacéuticas trataron de comprársela. Lo lógico hubiera sido que Patarroyo la patentase y que, a raíz de eso, pudiese obtener cuantiosos beneficios por la distribución de la vacuna. Sin embargo, Manuel Patarroyo no cedió, pese a que una farmacéutica le ofreció 74 millones por la patente. Así que acabó cediendo su hallazgo a la Organización Mundial para la Salud estableciendo como beneficiario de la vacuna a la humanidad. ¿Por qué? Por honestidad: porque no quería que nadie sacase beneficio de algo que debería ser un derecho para todos:

Siempre debe primar el interés social, y público; sobre el individual. No creo que siendo el conocimiento universal, alguien tenga que apropiarse de él para su beneficio particular, como las multinacionales farmacéuticas. Lo que nosotros aportamos es relativamente poco. Por eso, no debemos quedarnos con el conocimiento de forma individualista, egoísta y absurda.

Sin embargo, la OMS no distribuyó la vacuna; se comenzó a decir que era ineficaz. Otros científicos la reinventaron y le dieron otro nombre. Adivinad qué. La vendieron a una farmacéutica por una patente de 20 años. La vacuna de Patarroyo, que ha probado su eficacia en el 95% de los casos, sigue en el olvido. Como no tenía dinero, no pudo devolver los préstamos que le había cedido el banco para la investigación y su departamento fue embargado. Aun así, Patarroyo ha seguido trabajando y haciendo avances.

Y yo me pregunto, ¿por qué narices este hombre no tiene un Premio Nobel? Muy probablemente por su rechazo a lo convencional, por haber hecho lo que beneficia a los que nunca son beneficiados. Desde aquí, un remoto rincón de la blogsfera, lo felitico y afirmo, sin ninguna duda, que se ha convertido en uno de mis héroes.

lunes, 28 de marzo de 2011

Collige, virgo, rosas

Éste es mi mundo dionisíaco, que se-crea-eternamente-a-sí-mismo y que se-destruye-eternamente a sí mismo.
NIETZSCHE

Mi profesora nos advierte de que la aurora de Nietzsche es complicada, que hemos de comprender muy bien sus puntos clave para poder entender su filosofía. Que los conceptos resaltados en negrita son imprescindibles, que estemos atentos. Unamuno decía que las cursivas no sirven de nada, que todo el texto es importante, que es estúpido resaltar palabras que griten al lector “eh, aquí estoy, ¡soy importante!”. Así que con la negrita pasa, probablemente, lo mismo. Pero Nietzsche, en mi libro, tiene negrita. Negrita en voluntad de poder, en el eterno retorno y en el superhombre. Por lo que no queda más remedio que desperjarme de ese dolor de cabeza y bochorno, ya que no me quiero perder una palabra de Nietzsche. He hecho bien en despejarme – aunque creo que he sido la única –: porque leyendo en voz alta, voluntariamente, me he planteado bastantes cosas.

Dice Nietzsche que, puesto que el tiempo no es lineal sino cíclico, no hay pasado ni presente tal y como lo entendemos: nos dice Friedrich que lo que importa es el instante, el ahora, el presente en un mundo de devenir y cambio. Aunque esto tampoco es nuevo. Ya lo decían los latinos: Ausonio – no reírse de él  escribía collige, virgo, rosas dum flos novus et nova pubes et memor esto aevum sic properare tuum. Que traducido sería algo como recoge, doncella, las rosas mientras la flor está lozana y la juventud fresca, y acuérdate de que así se apresura también tu edad. Carpe Diem. Aprovecha el momento, el presente, el instante, pero con la conciencia plena de que, según Nietzsche, se repetirá eternamente. Así que hazlo bien: hazlo de forma que, si pudieras vivir otra vez, no cambiaras ni el más mínimo detalle.

Y dice Walt Whitman – el tío Walt –:

No dejes que termine el día
sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite
el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer
de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y
las poesías sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes. Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra
de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes
nos precedieron de nuestros
"poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros.
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida
te pase a ti sin que la vivas …

Tened esta entrada a mano para los días eternos, vacíos, grises. Tened a mano a Walt Whitman, a Nietzsche, a la aurora – y una buena canción de Paul McCartney como esta –. Tened a mano, en definitiva, las rosas, para recogerlas, para cortarlas. Tened a mano el instante.

viernes, 11 de febrero de 2011

Llamaron maricón al señorito Federico

Federico García Lorca en todos sitios. Sí, sí, y ahora también en mis clases de Literatura, lo cual nos garantiza mucho más Lorca. Os voy a bombardear a Lorca como hice con Machado y acabaréis hartos – si bien se ha de señalar que es imposible cansarse de dos personajes tan increíbles de nuestra historia. Así que hartos en el buen sentido de la palabra: escupiréis versos del Romancero y oleréis a los campos de Soria.

Como os decía, por fin abordamos Lorca. Y qué ganas, armada además con la poesía completa que me ha regalado la mejor persona del mundo. Sólo llevo una clase y ya rezumo ojos aceitunados y lunares andaluces. Aunque por otro lado, sólo llevo una clase y ya rezumo odio hacia la gente que no es capaz de mostrar respeto – ya no pido admiración; pretender que comprendieráis el duende de Lorca sería demasiado –, la gente que sólo sabe juzgar por las apariencias, que no puede abrir su mente y salir de ese marco tan mediocre que es una ideología de la que no saben ni la mitad.

Muchas veces os habrá pasado el tener una horrible sensación de odio hacia alguien que habla mal de una persona a la que admiras. Puede ser un famoso de los de ahora – de esos de usar y tirar –, puede ser un escritor, un grupo antiguo, un familiar, un amigo, incluso un personaje de un libro. Así, espero que comprendáis que el tema de García Lorca es, definitivamente, mi talón de Aquiles, mi punto más sumamente débil. No soporto que alguien hable mal de él, aunque sea en broma. Es algo absolutamente delicado para mí y, por desgracia, he pasado algunos malos tragos. Y sí, sé que no conozco a Lorca, pero conozco su poesía, su vida, su tragedia y lo admiro como a nadie por un algo que no sabría explicar. Y creo que, por tanto, merece un respeto. Y un respeto increíble.

Un respeto que va encuadrado, además, dentro de las normas de la decencia. Reírte de alguien que conoces porque es homosexual es triste pero es que carcajearte de Lorca porque era homosexual me parece rídiculo. A ver, queridísimos compañeros de clase, su orientación sexual os debería de importar un carajo para estudiar su poesía. ¿Qué más da si un poema está dirigido a un hombre o a una mujer? Vosotros, títeres de no quiero saber quién, vais a tener que analizar el tema del poema, los símbolos, el léxico; nadie os va a pedir un analísis detallado de la situación sentimental de García Lorca en el preciso instante en que escribrió esos versos. Y por qué, por qué, por qué habláis de algo de lo que no sabéis; por qué os empeñáis en remover cosas que pueden hacer daño a la gente. Sí, ya sabemos todos que de haber estado en Granada de 1936 os habríais jactado de no ser “maricones de mierda” ni “rojos” ni de juntaros con toda esa “escoria”, pero es que en una clase de Literatura de 2011 con vistas a selectividad os interesa saber cuándo se publica Poeta en Nueva York y tratar de explicar – ya nos imaginamos todos que de memoria – que la aurora de Nueva York tenga cuatro columnas de cieno.

Qué triste es, de verdad, que desde hace tanto tiempo hasta nuestros días se siga juzgando a la gente por cosas tan superficiales como su orientación sexual. El 9 de agosto de 1936 se realizó un registro brutal en la Huerta de San Vicente y los insultos a García Lorca fueron múltiples. Ya lo decía su tía Angelines en posteriores declaraciones: “Llamaron maricón al señorito Federico”. No contentos con eso, lo tiraron por las escaleras. Entonces, García Lorca se fue a casa de los Rosales a pasar los que serían los últimos días de su vida. El 10 de febrero de 2011, en una pacífica clase de Literatura, aun hay gente que sigue sin comprender el daño que supone todo ello y que puede seguir bromeando toscamente sobre la sexualidad de uno de los poetas más grandes – si no el más grande – que jamás haya tenido España.

Asco de vida.

lunes, 7 de febrero de 2011

Aρκαδία

La Arcadia Feliz está vacía:
no hay geografía en sus mapas,
tan sólo melancolía.
No hay ríos ni cantos del viento;
No se refleja el sol en el firmamento
ni las estrellas galopan con brillo argénteo
en los surcos de la mar embravecida.
Los animales reposan en las cuevas
y yo con ellos,
con pelaje oscuro de gris tormento
y huesos de polvo rotos por el tiempo
que ahoga aun más lo ya extinguido.
La Arcadia Feliz está vacía:
no hay geografía en sus mapas,
ni brújula en su melancolía.
Nadie ha sabido llegar a ella.
Nadie, todavía.

___

Poema que ha salido, así asá, mientras estudiaba los tópicos literarios para mi examen de latín mañana. ¿Opiniones? :D

Natalia

domingo, 23 de enero de 2011

Machado y el Ojo (o la paranoia literaria)

El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.

Antonio MACHADO

Sonó el timbre y mi profesor nos insistió en que echáramos un vistazo al poema CLXI de Machado, la primera sección, porque ahí se condensaba el espíritu del poeta. Creo que nadie lo escuchó, pero yo esa tarde leí esos tres versos que tantos quebraderos de cabeza me han dado. Se inició así un pequeño reto: descubrir el alma de Machado. Y ahora, se inicia otro: reflejarla aquí para poder compartirla con vosotros.

La primera conclusión a la que llegué es bastante evidente: tú no ves las cosas, sino que las cosas son las que te ven a ti. Claro que esto no me resultaba convincente. Porque ¿qué iba a querer decir Machado con eso? Siguiente paso: vale, si las cosas son las que te ven, aunque tú cierres los ojos, siguen ahí. Estás más cerca, me dijo mi profesor. ¿Contingencia?, le pregunté. Sigue tirando del hilo.

Tras unos cuantos gazapos de pasado y futuro y de Dios y panteísmo, lo he entendido. Contingencia, sí. Nosotros existimos, pero podríamos no existir. No somos necesarios. Tampoco queda garantizada nuestra existencia. El ojo no depende de nosotros.  Aunque nosotros no estemos, seguirá ahí. No nos podrá mirar, pero podrá mirar a otras cosas. Y si sustituimos el ojo por todo lo que no somos nosotros, el resultado es escalofriante. Nada depende de nosotros. Si dejamos de existir, nada va a dejar de exisir con nosotros. Para mí, esta idea queda expresada de maravilla en la siguiente frase de Blaise Pascal:

El silencio de los espacios infinitos me aterra.

La creación no va a cambiar porque nosotros nos vayamos. Qué tristeza. Y ese pesimismo sí que suena a Machado; huele a sus campos y a su olmo herido. Así que, ¿a qué conclusión llegamos? Que desde el primer momento, desde que el ojo nos mira, somos olvido. Otra vez. Olvido por todos los rincones, recovecos. Según Machado, rezumamos olvido por los poros.

¿Qué opináis? Sinceramente, yo creo que es cierto que la creación no va a dejar de existir por nosotros; aunque defiendo que sí que podemos dejar nuestra huella en el mundo y en las personas. Si yo dejara de existir, puede que el mundo no cambie, que el ojo siga observando a los demás; pero espero que hubiera personas que me recordasen y que me hicieran un poquito menos olvido.

Gracias por leer.
¡Saludos!

domingo, 16 de enero de 2011

Clases de Machado y Peter Pan

Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

ANTONIO MACHADO

Nos dice Machado – y estoy descubriendo que lo hace reiteradas veces – que no existe el futuro y que no hay camino para llegar a él, pues eso que confundimos con el camino no son sino surcos del azar. No hay camino, sólo personas que caminan. Sin embargo, sí que existe el pasado. Es más, el pasado es lo único que existe. Y se ha de caminar de espaldas, mirando siempre lo vivido porque es lo que de verdad importa. Así, se llega a la conclusión de que nosotros somos recuerdo y que, conforme avanzamos, somos más recuerdo que futuro. Y almacenamos esos recuerdos en una gigantesca biblioteca dentro de nosotros, en la que nos movemos gracias a las soledades y las galerías. Sí, Machado escribe para tener a mano su pasado y me parece una muy buena razón. Y además escribe y te deja sin palabras:

Esta luz de Sevilla... Es el palacio
Donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho. La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio.
Mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta;
va hacia la puerta del jardín. Pasea.
a veces habla solo, a veces canta.
Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.
Ya escapan de su ayer a su mañana;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
piadosamente mi cabeza cana.

Observad la paradoja de este poema. Machado, ya mayor, el Machado del hoy, recupera a su padre del pasado quien a su vez, en ese lejano tiempo, estaba imaginando a su hijo en un futuro. ¿Qué nos queda, pues? El tiempo. Somos tiempo. Y eso implica tan solo una cosa: el olvido. Somos el olvido que seremos, dice Borges y no anda equivocado. Pero, curiosamente, el olvido también implica a su vez tiempo. Así que para haber olvidado hay que vivir y para ser olvidado se ha de haber vivido.

Y si nuestra esencia es el tiempo, no nos podemos librar de sus manifestaciones, como son los sueños o… la sombra. La sombra es una compañera que nos abriga y que no significa otra cosa que el pasado. Si nos ponemos mirando al sol, frente a nosotros no hay nada – tan sólo azar – y detrás nuestro se dibuja la sombra, lo vivido, lo que hemos sido, el pasado en su más puro estado.

Toda esta implicación filosófica de Machado la he comprendido gracias a mi profesor de Literatura, que nos enseña todas estas maravillosas cosas y al que le debo esta entrada – pues éstas no son sino sus palabras –. Y tras explicarnos todos esto nos pregunta: “Y la sombra de Peter Pan ¿por qué se escapaba a cada instante de su dueño?” Tras una sarta de respuestas estúpidas como “¡Peter Pan no existe, son los padres!” y unas cuántas risas que probablemente hacen que sir Matthew Barrie se revuelva allá donde esté, mi profesor nos dice: “Probablemente, porque Peter no era tiempo.”

¡Qué sentencia!

Así que seamos tiempo, compañeros, es lo que de verdad merece la pena. Seamos tiempo y seremos olvido, sí, pero dejad vuestras huellas allá donde vayáis. Seamos tiempo, porque si no, nos quedaremos sin sombra. ¡Y no se puede coser con jabón!

Saludos
:D